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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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5 octubre 2015 1 05 /10 /octubre /2015 22:04

El Fenómeno Objetivo del Espacio.  Preliminares de la axiomatización de la geografía en tanto ciencia rigurosa.  Leyes, y Conclusiones (8/8)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

10 jun 14.

 

Entre Hiparco y Cosmas Indicopleustes transcurrieron siete siglos; entre Cosmas Indicopleustes y Philippe Bauche casi el doble de ese tiempo, trece siglos, tiempo que llevó el recuperar la coordenada de altura de un espacio geográfico tridimensional, con lo que puede referirse:

 

La ley de las isolíneas de nivel, de Phillipe Bauche.  Con la restitución de la coordenada de altura de un espacio tridimensional, más allá del caso metafísico de Indicopleustes, Bauche da continuidad a la geografía dimensional de Eratóstenes, como un caso particular en relación con el radio de la Tierra, como un fragmento de la proyección de éste, por lo que se puede referir en Bauche:

La ley del espacio isométrico relativo.

 

Otro tanto ocurrió con Alejandro de Humboldt con:

 

La ley de isolíneas de campos (térmico, magnético, gravimétrico), y

La ley del espacio geográfico relativo de simetría regular.

 

En el curso del siglo XIX, de fuera del ámbito geográfico, provinieron dos leyes teóricamente deducidas:

 

La ley centrífuga de superficie, de Gaspar Coriolis; y

La ley de la rotación de la Tierra, de León Foucault, como un hecho experimentalmente comprobado.

 

Y al final de ese siglo XIX, primero con Miguel E. Schulz, se da continuidad a la ley de las esfrágidas de Eratóstenes, con:

 

La ley de la regionalidad, de Schulz; y

La ley de la temporalidad de las morfoestructuras, de William Morrison Davis (que él estudia en el caso de la litósfera en la superficie terrestre, pero que es generalizable a las estructuras de la atmósfera, hidrósfera, biósfera y sociósfera); pero con quien se introduce la noción de la cuarta coordenada del espacio geográfico: el tiempo.

 

Y entre fines del siglo XIX y principios del XX, se puede rescatar lo que serían las leyes geográficas por excelencia, en su grado de generalidad y esencialidad, enunciadas incluso como principios (y con lo cual se inicia el debate de la naturaleza de la geografía en el siglo XX).  Por una parte, con E. Chizhov se rescata:

 

La ley del orden de coexistencias.  Y por otra parte se tiene:

La ley de localización, de Vidal de la Blache.  Y luego viene:

La ley corográfica de las unidades morfológicas en un espacio isométrico, de Alfred Hettner, que perfecciona la ley de regionalidad de Schulz.

 

A partir de allí se da un salto cualitativo; hacia mediados del siglo XX, Andrei Kósirev enuncia explícitamente como ley teóricamente deducida (escondida entre sutiles relaciones cuantitativas y descubierta a partir de medidas y registros geodésicos):

 

La ley de causalidad asimétrica, en donde expresa la asimetría del espacio como causalidad de ciertos fenómenos terrestres generales.

 

Supimos de esta ley en los años setenta por su solo enunciado, (sin saber a qué se refería exacta y ampliamente), a través de uno o dos libros de la época soviética sobre divulgación de la ciencia.

 

Pero a Kósirev siguió, a principios de los años sesenta, Genadi Nicolaevich Katterfeld, que desarrollando la teoría de aquel, enunció explícitamente a su vez como ley teóricamente deducida a partir de medidas y registros geofísicos y geodésicos:

 

La ley de triaxialidad asimétrica de rotación (o en su equivalente en nuestra teoría de la simetría geométrica dimensional, a la ley de simetría de una estructura dimensional rómbica del espacio), ya claramente entendida desde la disposición en nuestras manos de su obra.

 

Finalmente se llega a 1976, en que se tiene el aporte de Alexander Maxímovich Riábchikov, de la dinámica del espacio geográfico entendido como el continuum, a través de los balances de energía, que pudiera expresarse como:

 

La ley de continuidad entre los estados de espacio discretos.

 

A partir de allí, por los últimos cuarenta años, no se ha producido ningún aporte más en el campo del conocimiento de las causas esenciales necesarias del movimiento del espacio geográfico; ya sea en el movimiento de su naturaleza interna, ya en el de sus interconexiones, hasta el enunciado nuestro que exponemos a continuación, que se deriva, si bien no de relaciones cuantitativas, si de la necesaria dialéctica del movimiento del espacio geográfico en su naturaleza; esto es, no como un hecho de observación empírica, sino deductivamente descubierta como consecuencia necesaria en el orden de las relaciones físicas de la Tierra en su evolución, con las estructuras básicas de la simetría geométrica dimensional; de donde podemos enunciar:

 

La ley de las relaciones físicas de la Tierra en su evolución, con los sistemas básicos de la simetría geométrica dimensional.

 

 

Conclusión.

 

Hay en todo esto de la objetividad del espacio, dos cosas indubitables: 1) hacia el último cuarto del siglo XX, estaban dadas ya todas las condiciones teóricas para hacer de la geografía, finalmente, una ciencia sistemática rigurosa; y 2) el momento histórico comprendido en este lapso, ha sido exactamente el propio a la necesidad de una gran síntesis, de poner orden y una coherencia lógica consistente al cuerpo de teoría geográfica.  Así reconocimos nuestro tiempo y a ello nos aplicamos en toda nuestra vida profesional.

 

Las bases de la axiomatización del conocimiento son condición fundamental para elaborar una ciencia sistemática, que <<avanza a la luz del conocimiento y de la certidumbre de sus leyes>>, tal cual el principio de la ciencia y del método de la ciencia de la modernidad de la Ilustración; y estas bases no podían elaborarse sino como consecuencia de un análisis histórico objetivo, del cual abstraer y generalizar los fundamentos teóricos necesarios.

 

Si algo caracteriza a la ciencia, es el establecimiento de las leyes que rigen el orden y movimiento del Universo en todos sus aspectos, y en el aspecto geográfico, espacial, la ausencia de enunciados de ley en geografía, podría hacer dudar de la madurez de ésta para considerarse como ciencia sistemática, sin embargo, el que no haya sido enunciadas como tales, ello no quiere decir que tales leyes no existan.  Si estas leyes no han sido enunciadas antes, particularmente de la Ilustración a nuestros días, ha sido, como lo hemos hecho ver en reiteradas ocasiones, por la dificultad histórica que implicó determinar y definir su objeto de estudio; no obstante, resuelto lo cual, hoy podemos rescatar esas leyes objetiva e históricamente dadas, y de ellas hemos dado cuenta aquí en una treintena de las mismas.

 

En consecuencia, con ello estamos ya en posibilidad, en función de la formalización teórica de la teoría del espacio geográfico, de dar cuerpo de teoría a la geografía como ciencia sistemática.

 

 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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