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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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23 septiembre 2010 4 23 /09 /septiembre /2010 00:01

1994 El Libro para el Maestro, Geogrfía.El “Libro para el Maestro de Geografía.

  Educación Secundaria”, 1994.

  Artículo, 2010 (1/4).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over.blog.es/;

México, 23 sep 2010.

 

Al empezar la serie de comentarios sobre los libros de texto, apuntábamos su importancia en cuanto a que éstos reflejan perfectamente bien el estado de la ciencia que exponen en su momento correspondiente.  Todo lo que habíamos hecho durante la década de los años ochenta en los Simposios de Enseñanza, Congresos y otros eventos especiales; la fundación de la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía (SMTHG), sus escasas publicaciones: Cuadernos, en que analizábamos las condiciones para la reforma al plan de estudios de la Geografía, e Ilhuícac, en donde ya empezamos a exponer la nueva concepción de la Geografía, así como la realización de los dos congresos de Teoría e Historia de la Geografía que pudimos efectuar, todo ello entre 1989 y 1993, finalmente floreció y dio sus frutos: en 1993-1994, evidentemente ya en otro momento histórico del desarrollo de la Geografía en México, la Secretaría de Educación Pública realiza la reforma a los estudios de esta materia en la enseñanza secundaria, y para tal efecto, proporciona al docente el “Libro para el Maestro de Geografía”[*], de las autoras Juana Laura Vega Carmona, y María Catalina Josefina González Pérez (a las cuales ni conocíamos entonces –o por lo menos no las recordamos–, ni supimos nunca de ellas; aun cuado “muy probablemente”, ellas nos conocieran bien a nosotros; o bien, “seguramente” no, porque puede aparecer ahí referenciado todo el mundo, menos nosotros).

 

El hecho es que de nosotros había brotado toda es idea y de mucho tiempo atrás; dicha idea no está expuesta, de origen, por ninguna de las fuentes referidas; y lo habíamos hecho, a pesar de la misma comunidad de geógrafos que tanto se opuso y nos atacó hasta la “proscripción”.  El caso es que, para 1994, las cosas ya eran justo como las estábamos planteando desde 1981: en el Capítulo IV. Sugerencias Didácticas, del Libro para el Maestro, todo ello se refiere, justo, al análisis e interpretación de mapas y otras herramientas para el análisis espacial, como, incluso, las fotografías aéreas.

 

Tal cambio pareciera haber surgido mágicamente (aún pareciendo ser ellas las autoras de tal propuesta); desgraciadamente dichas autoras no justifican ni nos explican cómo apareció tal propuesta, ni, menos aún, su fundamento científico; simplemente se le dice a los docentes: <<ahora va a ser esto, y se va a tratar así>>; pero tampoco a ningún docente, ni seguramente se le ocurrió, ni seguramente se le ocurriría jamás, preguntarse tales cosas.  Por eso son normalistas, están para aplicar la normatividad en la enseñanza básica, sin chistar, y ya.

 

Lo importante es que el cambio finalmente se produjo, y las compañeras nos introducen al libro tras un epígrafe exquisito con el encabezado: “Del Rigor de la Ciencia”, tomado de Suárez Miranda, en su Viaje de Varones Prudentes, de 1658; el cual, por su importancia fundamental, nos permitiremos transcribir íntegramente:

 

“…En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia.  Con el tiempo, estos mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él.  Menos adictas al estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las inclemencias del Sol y de los Inviernos.  En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas”.

 

Eso es todo, no tenemos de ese sencillo epígrafe más elementos para considerar más nada; pero, como decíamos antes, sin ningún antecedente dado por las autoras de esa interpretación de la Geografía, tampoco lo tenemos del pensamiento de las mismas.

 

En consecuencia, ¿qué interpretar de tal epígrafe?: acaso una crítica a la Geografía por su carácter cartográfico, o acaso justo todo lo contrario, lamentando el esplendor de esta ciencia en ello, dejada a las ruinas por la indolencia de los pobladores del Imperio.  Nos parece que hay aquí dos pensamientos posibles a interpretar: 1) el de las autoras a fines del siglo XX, que por el propósito de su obra debemos entender que se lamente el antiguo esplendor, y, cual arqueólogas de la Geografía, deseen ahora su rescate; y, 2) el pensamiento acerca de lo mismo de Suárez Miranda, autor del epígrafe citado; el que, por el tono irónico con que se refiere a la exageración del trabajo cartográfico y a la “cartografía desmesurada”, e incluso por el que las siguientes generaciones entendieran la inutilidad de ello dejándolo a sus ruinas, en Suárez Miranda, se ve, hay, al parecer, una crítica a la Geografía…, pero, y he aquí la clave del asunto, de la Geografía entendida como la Cartografía; y hasta donde el epígrafe nos lo permite entender, absolutizada en ella.

 

Por supuesto, compartimos el sentir de las autoras (si no es que antes ellas lo compartieron con nosotros; asunto ya de su ética profesional); pero el pasaje narrado en dicho epígrafe no nos interesa ni por la arqueología de las compañeras, ni por la descalificación que Suárez Miranda pudiera hacer de la Geografía; sino porque en ello está, oculta, y mal entendida, la esencia del análisis geográfico espacial.

 



[*] Dicho libro se nos hizo llegar vía correo, enviado por la M en C. María Candelaria Valdez Silva y por parte de la Secretaría de Educación Pública, con fecha 13 de marzo de 1997 (es decir, a tres años de su publicación).

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Historia de la Geografía en México
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