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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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23 septiembre 2010 4 23 /09 /septiembre /2010 00:04

1994 El Libro para el Maestro, Geogrfía.El “Libro para el Maestro de Geografía.

  Educación Secundaria”, 1994.

  Artículo, 2010 (3/4).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 30 sep 2010.

 

En lo fundamental, esa aproximación se debió al tratamiento de los conocimientos geográficos en la educación básica, lo cual no podía sino corresponder al proceso del conocimiento geográfico mismo (tanto ontogenética, en sí mismos; como filogenética o históricamente dados).  Y en ese proceso, se limitan –y lo hacen en una restricción muy grande a pesar del nivel de estudios, en donde aún, a nuestro juicio, pudiera irse a más–, a la metodología basada en las categorías de localización, distribución, y relación; entre las que introducen la categoría de “representación o graficidad” (que, a nuestro parecer, más que una categoría de la ciencia geográfica y por lo tanto espacial, es una categoría de la didáctica de la geografía; es decir, de la exposición, de la re-presentación o vuelta a presentar); aun cuando, ciertamente, más adelante (p.60), introducen las categorías espaciales de “sistema de referencia” y “simetría”.

 

Próxime accésit, incluso en términos de la expresión dialéctico materialista, al hacer ciertas recomendaciones al docente acerca del proceder, muy acertadamente exponen: “Partir del conocimiento de hechos actuales o fenómenos concretos de la realidad más cercana que viven los sujetos…”[1].  Y en el siguiente párrafo, complementando dialécticamente agregan: “Conforme el estudiante avanza hacia un pensamiento más abstracto, es capaz de ir más allá de lo tangible, finito o familiar a conceptos espaciales tales como la ubicación, localización, flujos o movimientos, situación, escalas, símbolos geográficos, etcétera, y progresar en la elaboración de una sucesión de hipótesis, estableciendo relaciones cada vez más complejas entre los datos geográficos”[2].

 

Esto es, que, con ello establecen la dialéctica de lo abstracto y lo concreto en el proceso del conocimiento, y ello es lo que llevará directamente al entendimiento del problema de la comprensión de la esencia del análisis geográfico espacial, decíamos, oculta, y mal entendida en el citado epígrafe de Suárez Miranda.

 

En ese sentido, la parte más importante de su Libro para el Maestro, de Geografía, está en el subtema que titulan: “La formación de conceptos geográficos”, que nos va a resolver el “misterio” de la esencia del análisis geográfico espacial planteado en el epígrafe de Suárez Miranda en 1658.

 

Lo que tratan ahí, en esencia, es el proceso que se sigue en el conocimiento generalizado en el método científico.  Esto es, que los conceptos geográficos, en tanto científicos, “pueden clasificarse en los de observación y los que se dan por definición”[3].  Lo que en forma más generalizada en el método científico se denomina como conceptos derivados de lo empírico y lo teórico.

 

Así, “los conceptos de observación (empíricos) son aquellos que pueden ser experimentales, que le resultan más concretos al estudiante.  Dentro de este grupo se consideran los descriptivos…”[4].  Y, finalmente, en el complemento dialéctico, añaden: “Los conceptos por definición (teóricos) son abstractos, no conciernen directamente a fenómenos observables…”[5].  Y aquí habría que agregar, consistentemente siguiendo a la descripción, que en este grupo tales conceptos se consideran en relación con la explicación, lo cual implica el conocimiento causal.

 

Lo que está contenido en ese epígrafe citando a Suárez Miranda, es precisamente el problema metodológico científico de la relación dialéctica de lo empírico a lo teórico, como de la descripción a la explicación, y de lo concreto a lo abstracto.  Y entendiendo esto, y sólo entendiendo esto, es que será posible comprender esa sutileza del estudio de los fenómenos en geografía en calidad de estados de espacio, como lo analizaremos al final de este artículo.

 

Qué pasó por la cabeza de las compañeras Laura Vega y Josefina González al momento de seleccionar ese excelente epígrafe.  Normalmente se inserta un epígrafe porque en él (como se explica en el Diccionario), se anuncia el contenido del texto a exponer.  Y en ese sentido, qué contenido es el que nos estaban sugiriendo con tal cita.  Evidentemente, no el compartir la descalificación que se deja sentir por parte de Suárez Miranda, sino, como lo decíamos al principio, como “arqueólogas” de la Geografía, el rescatar las “ruinas de la Geografía hecha cartografía”.

 

Pero…, no cualquier cartografía, sino una cartografía cuya preocupación era la tendencia a la escala 1:1, es decir, tendiendo a ser la realidad misma (el mapa de una Provincia tan grande como el de una Ciudad, el mapa del Imperio tan grande como una Provincia, hasta hacer el mapa del Imperio del tamaño del Imperio mismo coincidiendo puntualmente con él).

 

Cuando la Geografía; y un concepto muy particular de la Geografía entendida como conjunto de “disciplinas geográficas”; se identifica con esa cartografía (las ruinas del mapa como reliquias de las disciplinas geográficas), en esas singulares condiciones, la metáfora consiste en que, hablando de cartografía (como quien hablara hoy del espacio geográfico), en realidad, Suárez Miranda, más que referirse a una geografía espacista (cartográfica), alude a una geografía fenomenista (de los elementos naturales y sociales).

 

La inutilidad de un mapa escala 1:1 que no es otra cosa que la realidad concreta misma (entendieron que ese dilatado mapa era inútil), no es otra cosa que la inutilidad del conocimiento totalizador de esa realidad.   Las “ruinas de todo ello en los desiertos del oeste en las que aún sobreviven algunos animales y mendigos”, en la metáfora, se convierte en la más severa y áspera crítica a la concepción de la geografía que antecede a sus obras, tanto a la de Suárez Miranda a mediados del siglo XVII en el inicio de la Ilustración, que sería la crítica a las summas de la geografía medieval, o a la confundida con las descriptivas Relaciones Geográficas; como a la obra de las compañeras Laura Vega y Josefina González de 1994, en el inicio de un nuevo oscurantismo, que sería la crítica a la geografía fenomenista anterior a los años setenta.

 



[1]      Ibid. p.59 (subrayado nuestro).

[2]      Ibid. p.59 (subrayado nuestro).

[3]      Ibid. p.60.

[4]      Ibid. p.60 (paréntesis y subrayados nuestros).

[5]      Ibid. p.60 (paréntesis y subrayado nuestro)

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Historia de la Geografía en México
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