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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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3 febrero 2013 7 03 /02 /febrero /2013 23:02

Teatro; LarousseEl Nuevo Teatro Geográfico.  (1/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

07 abr 12

 

La geografía renacentista se llama así, porque ella representa, precisamente, el renacer, entre otros tantos aspectos, de la geografía clásica griega: la geografía de la cartografía proyectiva, luego de quince siglos de abandonada.  Basándonos en este hecho, para la discusión de este artículo no será necesario remontarnos en la historia más allá del siglo XV.

 

La discusión de este artículo consiste en establecer la analogía que, por lo demás, gustó mucho de hacerse entre el renacimiento y la ilustración, del siglo XV al siglo XVIII, del símil de la geografía con el teatro.  El teatro (del gr. Theátros, mirar), idea muy apropiada para tratar de entender la naturaleza, y principalmente, el objeto de estudio de la Geografía, que no trivialmente fue usada en esa época en que, con la exactitud que animaba al hacer de la ciencia, se buscaba con ello hacer entender esa naturaleza y objeto de estudio de la ciencia de la Geografía.

 

Dicha analogía con el teatro, va desde el teatro entendido como el todo del edificio o la infraestructura, al fin, el mundo mismo, y todo lo que ello implica en lo material y lo espiritual, a la identidad con alguna de sus partes, e incluso con la obra teatral representada y hasta con el autor literario de tal obra dramatizada.  Ello no es casual, habla de la enorme complejidad de esta ciencia tanto por su naturaleza como por lo que se propone como objeto esencial a resolver.

 

El teatro, entendido así en todos sus aspectos, es el mundo, el todo de la realidad tanto objetiva (lo dado como el edificio o infraestructura, y lo representado a escala), como subjetiva (lo creado y recreado en el drama).  La complejidad de la Geografía está en que pareciera ser a semejanza de ese teatro; ya en el todo, ya en la parte, o bien en cierta forma; y de ahí la analogía y la búsqueda de la identidad en ella.  Esa complejidad es tal, que no por otra cosa ha consumido más de dos mil años aclarar su naturaleza y objeto.

 

Ahora aquí, habiendo llegado a conclusiones plenamente acabadas en nuestro planteamiento teórico acerca de esta ciencia, habremos de volver a la idea de esa rica analogía dieciochesca ilustrada.

 

Hagamos, pues, una breve revisión histórica de la geografía desde la Grecia clásica reproducida y aumentada en el Renacimiento, y a partir de ahí en sus grandes saltos, en función de esta analogía.


Teatro; Larousse
Sección del Teatro Nacional de la Coline de París.
[Fuente: Diccionario Pequeño Laeousse Ilustrado; v. Teatro (clik sobre la imagen para ampliar)]


Teatro--Planp-Interior--Larousse.JPG
Plano del Interior de un Teatro (Italiano)
[Fuente: Diccionario Pequeño Larousse Ilustrado; v. Teatro]

 


Así, en consecuencia, la Geografía del Renacimiento entre los siglos XV y XVII, se identificó en el teatro con la parte, y en éste, con el proscenio, esa área del escenario en que se mueven los actores, delimitada tras el frente escénico por le montaje de una escenografía en bastidores; pero en donde, a la vez, si quizá no se hacía abstracción absoluta  de la escenografía, entendida en ella la representación de la realidad dada en los fenómenos naturales y sociales, ciertamente era un plano secundario, una mera referencia de fondo; el objeto de estudio, de algún modo, era el proscenio mismo, y ese modo eran las dimensiones: las distancias, la superficie, las posiciones, la extensión, o aquello cuyo predominio estaba dado en los mapas, en la cartografía.  Eso constituyó el hacer geográfico desde Toscanelli hasta Carlos de Sigüenza y Góngora.

 

Luego vino el despliegue de la Ilustración entre los siglos XVII y XVIII, que se divide en dos etapas.  En la primera, la Geografía había dado un viraje guiado por la necesidad; ahora, en la analogía, se le entendió como la escenografía.  Más aún, específicamente como la descripción de la escenografía, lo cual dio como producto las llamadas Relaciones Geográficas.  De la misma manera, si bien no se hacía abstracción absoluta de todo lo demás, el hacer geográfico en ese teatro centró su atención en la escenografía.  En ella podía estar la representación del todo, no sólo de las cosas de la naturaleza, sino también de la sociedad, lo demás, el proscenio e incluso los actores y obra misma, eran el medio en función de lo cual la escenografía (el conjunto de fenómenos naturales y sociales) adquiría significado y propósito.

 

Vino entonces una segunda etapa, propiamente la segunda mitad del siglo XVIII; se produjo otro viraje, ahora de retorno a la geografía como el proscenio, esto es, que los mapas en representación del espacio terrestre volvieron a ser el centro de interés, aportando con mayor exactitud las posiciones, la localización; esclareciendo bien el isomorfismo o anamorfismo ante la conformalidad y equivalencia en el mapa.  Fue el período de la geografía de Nicolás Sanson D’Aveville y Philippe Bauche, a José Antonio de Alzate y Ramírez y Joaquín Velázquez Cárdenas de León.

 

Este fue el período más fértil e importante para la geografía como ciencia; en él, elaborado por José Antonio de Alzate y Ramírez, se sintetizó el objeto de estudio y método de esta ciencia.  Si bien aún un objeto de estudio vagamente definido en el hacer cartográfico como representación y análisis del espacio terrestre, sí una metodología que se cifraba en la Relación Geográfica como condición del Mapa.  Esto es, en la analogía, tener por esencial al proscenio, pero en función éste de la escenografía, que es determinación de sus atributos.  Con ello, la geografía pasó a ser el escenario (del gr. skiné, choza, tienda, lugar de un suceso), la combinación del proscenio y escenografía en su relación funcional.  En esta relación funcional, el proscenio podía ser por su propia naturaleza y dimensiones, tal como la escenografía podía existir por sí misma; sólo que la escenografía por sí misma se empezó a diluirse como los objetos de estudio de las más diversas ciencias, a su vez, en su proceso de nacer moderno en ese entonces, y el proscenio por sí solo, perdía significado.

 

La combinación, entonces, de proscenio y escenografía en un escenario, se transformó, primero, en un ambiente, e inmediatamente después, en el Todo.  Surgió así la concepción de la Geografía propia la siglo XIX.  Con Kant, efímeramente fue el ámbito o ambiente escénico; pero con Ritter y su Erkunde, Humboldt y su Cosmos, la geografía pronto se hizo el Todo del Teatro en sí.

 

En el siglo XIX, en su primera mitad, ir a la Geografía (al teatro), ya no fue sólo ir “a mirar” desde una platea lo que ocurría en “el mapa” o escenario, sino asumir la consecuencia de que las cosas estaban siendo re-presentadas, es decir, vueltas a presentar a partir de una realidad en la que como espectador, se era, a su vez, parte actuante.

 

Así, de la “Geografía Física” de esa geografía decimonónica fenomenista, n la que del proscenio (del mapa) como lo esencial, se pasó a la “Geografía Humana” no sólo del ámbito escénico destinado a ser mirado por un espectador, sino del vestíbulo de encuentro de éstos y el foyer para el esparcimiento en los entreactos, los comentarios y las reflexiones de la obra, como una geografía cuya función –así se entendía– era explicar el Todo de lo humano (y así, donde las muchas otras partes del teatro en su totalidad adquieren un significado).

 

A mediados del siglo XIX, se vio ya que la geografía no aparecía como una ciencia más en el conjunto de éstas, sino sólo como un cuadro de su repetición en forma esencialmente empírica y descriptiva.  Como consecuencia, se inició un nuevo viraje.  En la analogía, ahora ir al teatro, era ir a la ciencia en general; entrar en él, instalarse, y centrar la atención, ya en lo humano de la obra en su determinación por lo físico de la escenografía (la Antropogeografía de Ratzel); o bien en lo físico de la escenografía en función de lo humano en la obra (la geología-geomorfología de Richttofen), fue en lo que se centró el debate del significado y propósito de la Geografía.

 

 Lo que una errónea generalización había dado a la Geografía en el Erkunde o el Cosmos, ahora una errónea particularización, la daba la “Geografía Física” de Rrichtthofen, y peor aún, la “Geografía Humana” de Ratzel.  En la analogía, esa particularización volvió la mirada, por un lado, a la obra; y por otro, a la escenografía.  En un caso, en donde la obra estaba plenamente determinada por la escenografía; y en el otro caso, donde de la escenografía importaba no el bastidor describiendo el paisaje natural montañoso (impensable entonces), sino el análisis de la montaña como una orografía por vulcanismo, fallamiento o tectonogénesis de plegamiento.

 

Entre ambas soluciones de identidad, la Geografía desaparecía; en un caso, quedando como no-ciencia, dado su determinismo geográfico; y en el otro, quedando como una ciencia que ya era la otra misma que tenía por objeto de estudio propio un hecho de la escenografía.  Toda la claridad acerca de la identidad de la geografía en cuanto a su objeto de estudio y método, tal cual a lo que se había llegado en el siglo XVIII, se extravió y perdió por completo en el curso del siglo XIX.  No fue, por supuesto, hasta aquí, producto de la incapacidad de los geógrafos, sino de su objeto de estudio complejo insuficientemente procesado aún.

 

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