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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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9 diciembre 2010 4 09 /12 /diciembre /2010 00:00

El Problema Ambiental.  Artículo, 2010.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 8 dic 10.

 

No…; en este tema hay que empezar con un no…”, no somos, en lo absoluto, especialistas en el tema ambiental, ni siquiera nos interesa de manera dirigida; pero todo el mundo escucha: <<¡Ah, es geógrafo; luego entonces es especialista del ambiente!>>…; y pues sí y no, pero ese no es ahora el problema a discutir, sin embargo, como especialistas en investigación en geografía teórica (geografía básica, fundamental, de punta, o de frontera), en esa parte que responde en cierta manera al “sí”, lo primero que hay que decir, es que, por “Medio Ambiente”, nosotros no entendemos eso que seria una redundancia como el “estado de deterioro de la naturaleza”, como lo es en el interés del biólogo, del ecólogo, o del sociólogo; geográficamente, por tal concepto, lo que ha de entenderse es su sentido original de: “Ambiente Medio, o Promedio” (“Middle Environment”; la media o promedio, de las circunstancias externas a algo o entre los extremos de algo, siendo ese algo la naturaleza en su conjunto), dado por el conjunto de los elementos naturales.

 

Este aspecto, para nosotros, no es para nada trivial, sino, por lo contrario, una consideración esencial del problema.  No se trata, pues, ingenuamente, de recoger la basura o cambiar los foquitos incandescentes por ahorradores[a] en el espíritu de “no contaminar” (independientemente de que tal contaminación se da y hay que resolverla), sino que se trata de la paulatina pero consistente alteración de los factores promedio, en una combinación entre lo que naturalmente ocurre, y socialmente se acelera.  Se trata, pues, no de acciones filantrópicas aisladas de los individuos (por más que sean grandes colectividades llenas de buenos propósitos), sino de acciones de reorganización económico-social en su conjunto, y a nivel internacional.

 

Esto es, la basura, los ahora “demoniacos” foquitos incandescentes, etc…: son efecto, no causa; y en ello hay una gran engañifa social del capital como ese modo de producir caótica y despilfarradoramente en el principio del consumismo.  ¿Por qué por más que se discute y se ve el problema ya encima, no hay acuerdos ni soluciones?  La respuesta es simple: están de por medio los intereses de lo que es la causa, el capital; luego entonces, la solución no sólo es compleja, sino que en el marco mismo del capitalismo…, no hay solución…; y de ahí la demagogia del asunto de la basura y los ahora “endemoniados” foquitos incandescentes.  Nadie quiere, realmente, abandonar la aberración de este orden de cosas, y entonces mira para otro lado, y apunta hacia lo que en realidad es un distractor.

 

Por un lado una fanfarrona “Cumbre” más; con toda su faramalla con los de adentro simulando, y los de afuera “salvando al mundo” con funciones de títeres que se ahogan en las inundaciones producidas por el calentamiento global.  Por otro lado, los Alcaldes de las ciudades del mundo, “que sí resuelven”…, pero los efectos aislados, particulares, no las causas.  Y políticamente se pregunta: “Por qué la ciudades si resuelven lo que sus países no?”…; y entonces, en respuesta, “como país”, como “política nacional”: ¡ah, endemoniados foquitos incandescentes, no quedará uno!...  Esto es triste, muy triste, porque simplemente es demencial, una especie de locura colectiva en que los responsables del estado sólo juegan y simulan, y la “sociedad civil” prefiere voltear a ver la función de títeres a sus espaldas, y se crea la sensación de que como humanidad, al parecer, hemos llegado al límite de las capacidades de continuidad de nuestra especie, y tiene lugar ya, el comienzo del proceso de nuestra extinción.  Y no son meras palabras de frustración, sino el escenario real bajo una premisa: “de continuar –dicen los que saben– el actual orden de cosas, de continuar las cosas así…”.  ¿Cuál “orden de cosas”?, ¿cuáles “cosas a continuar así”?  <<De continuar “las mismas condiciones”>> (¿cuáles condiciones?); para el 2050, se concluye, el proceso de extinción no sólo de nuestra especie, sino de la gran mayoría de ellas, será ya irreversible, y los últimos seres humanos que habitarán el mundo, desaparecerán entrado el siglo XXII.  No lo digo yo, que no soy especialista en esto, sino que sólo retomo lo que sí dicen los investigadores especialistas del asunto, y una mediana cultura en la temática me hace entender, así sea empíricamente, que hay razón en ello.

 

El “orden de cosas”, “las cosas a continuar así”, “las mismas condiciones”, no se refiere ni al efecto en el orden “ecoloco” de la basura, ni al efecto de continuar condescendientes con los endemoniados foquitos incandescentes destructores del mundo, sino a las condiciones económico-sociales que son la causa del problema, es decir, a las condiciones dadas por el modo de producir, distribuir y consumir capitalista; lo que nadie se atreve a llamarlo por su nombre.  En este momento, ¿alguien puede entender esto…?; lo dudamos.  Peor aún, si el capitalismo es la causa, pudiéramos decir: pues cambiamos el orden económico-social y ya…; ¡aja, y qué se pone en su lugar!  Para nosotros hay una respuesta, histórica y científicamente fundada: instaurar una economía planificada (incluso a nivel internacional) de producción, distribución y consumo.

 

Si la alarmada respuesta de rechazo en el lector es: <<¡¡Pero eso es socialismo!!>>, y si esa respuesta está en el común, en lo más generalizado, dispongámonos a lo que entonces, por simple estadística de la alteración logarítmica del estado medio del ambiente dado por esa causa, será ya irremediable (y de hecho lo está siendo ya).  De momento, al parecer, no nos queda más que confiar en la iniciativa histórica de las masas…, esas grandes masas que no leen estos escritos por la simple razón de que ni para “foquitos ahorradores salvadores del mundo” tienen (y a su vez, viven felices ajenos a los maléficos y endemoniados foquitos incandescentes).

 

Hay razones optimistas bien fundadas para confiar en esa iniciativa histórica de las masas y en otro futuro.  Desde los años treinta se descubrió la llamada “energía libre” del vacío.  A fines de los años cincuenta se verifico experimentalmente, y desde entonces a la fecha, se han diseñado prototipos para su aprovechamiento como energía gratuita.

 

Desde los años sesenta es posible hacer funcionar motores cuyo funcionamiento no implica combustibles fósiles, sino agua; y cuyos escapes no se componen de hidrocarburos, sino de vapor de agua, de hidrógeno y oxígeno; esos motores antes que contaminadores, son verdaderos purificadores.  Existe la alternativa desde entonces; ¿qué es, pues, lo que demencialmente impide que tengamos un mundo mejor?  Pues siete hermanas, Némesis de las Musas, todas en una función única peor que la de las Parcas, llamadas éstas: la Standard Oil, la Móbil Oil, la Royal Dutch Schell, la British Petroleum, la Chevrón, la Texaco, y la Gulf Oil.  Hoy algunas de ellas fusionadas entre sí formando los más grandes monopolios.  Un poderío económico generado desde los inicios del siglo XX, y traducido como poderío político, que de manera oscurantista ha destruido sistemáticamente desde entonces la posibilidad del progreso y el desarrollo humano, y sin reservas adquiere las patentes y las oculta, anula a un Nicola Tesla, o aun Henri Morlay, o peor aún, de plano, asesina a los relativamente recientes inventores energía del agua.  Y hoy persigue y atenta contra la Red Internacional de Información (Internet).

 

Por ello no es casual que los serviles colaboracionistas del Imperio; en calidad de pseudo estadistas que llaman sus pueblos a la “Gran Cruzada” contra los perversos foquitos incandescentes; se pronuncien acientíficamente, filtrando casi subliminalmente la idea, por un “proceso de adaptación a los nuevos cambios climáticos”; expresión inequívoca de su derrota, de su incapacidad para dar solución real al problema; cuando, siendo consecuentes con el concepto de “cuidar el medio ambiente”, entendido no con su redundancia, sino como ambiente promedio, la idea sería precisamente la contraria: no “adaptarnos” a los cambios, sino cuidar que el estado promedio del ambiente que garantiza la vida en el planeta, tal cual la conocemos y de la que formamos parte, se conserve.

 

Tal solución está ya ahí, en lo tecnológico y en lo económico-social; lo que impide el cambio no sólo es el poder oscurantista del Imperio, sino la alienación a que han sido sometidas las masas, y con ello los prejuicios generados en ésta particularmente contra la reorganización económico-social en un modo de producir, distribuir y consumir, no en forma de una economía de mercado, sino planificada; no obstante ser esa masa proletaria, es decir, de los trabajadores asalariados, la beneficiaria; en una economía planificada en la cual el Estado ha de administrar “el patrimonio de la sociedad”, o simplemente dicho, sus recursos (¿o para qué el Estado?); y, evidentemente, de una Estado administrado por la misma clase social de las masas, el proletariado, y en función, pues, de sus intereses reales.

 

Nos estamos moviendo ya más allá del límite, previsto incluso desde los años setenta, ya contra el tiempo; y considerando el lapso que toman los procesos sociales, quizá para cuando se proceda sea ya tarde.  Por lo menos, en este preciso momento de fines del 2010, así lo vemos…, y mucho nos tememos.  Pero lo más importante en esta conclusión, es que no somos especialistas en el tema, y seguramente tal conclusión, en algo será falsa.

 

 



[a] ¿Ha usado el lector de este artículo focos ahorradores (luz blanca), en sustitución de los focos incandescentes (luz amarilla)?  Si ha sido así, ya conoce el muy significativo efecto: adormecimiento, generación de un ambiente depresivo y de pesadumbre, sentimiento de tristeza.  Nosotros, con conciencia del problema, intentamos la sustitución hace tiempo; pero tuvimos que volver, muy a nuestro pesar, a los malévolos y perversos foquitos incandescentes (tengo varios focos ahorradores salvadores del mundo, que puedo obsequiar a quien le interesen).  Sin duda tendrá notables efectos psicológico-sociales la genial como ridícula idea de esa “sustitución absoluta”.  Ni modo, algo más a conseguir en adelante en el “mercado negro”…  O quizá, justo por las mismas razones por las que no se puede dar solución al problema ambiental en el marco mismo del capitalismo; o sea, por los intereses de los capitalistas mismos fabricantes de tales foquitos demoniacos; tal cristiana y humanitaria cruzada contra los foquitos incandescentes (han de ser islámicos), fracase.  Y como lo saben, un discurso demagógico más.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Educación
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