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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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28 agosto 2011 7 28 /08 /agosto /2011 23:03

Cuadrante SolarEl Tortuoso Camino al Espacio: La Teoría de los Elementos, en el Lic. José C. Martínez Nava, 1995.  Artículo, 2011 (2/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri,

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra; 1 (jN, lW); 06 sep 11

 

G. Kursanov, en su obra Problemas Fundamentales de Materialismo Dialéctico, 1966, contribuyó, filosóficamente, a entender la existencia del vacío como algo físicamente existente, como algo real y objetivo, y ya no como “la nada”.  En principio, afirmó el carácter objetivo del espacio, dado en las propiedades esenciales de las cosas, y, por lo tanto, de algún modo, de su realidad material corpóreo sustancial; “como indicaba Lenin –dice Kursanov citándolo–, al reconocer la existencia de la realidad objetiva, o sea, de la materia en movimiento independientemente de nuestra conciencia –y cita– <<está obligado a reconocer también la realidad objetiva del espacio…>>”[1].

 

El problema de esencia entonces, estaba en resolver esas condiciones de objetividad del espacio; y el compañero José C. Martínez Nava, consecuentemente con las posiciones del marxismo expresado hasta ese momento en consonancia con los avances de la ciencia, no podía sino compartir ese aspecto esencial del espacio expuesto por Kursánov: “…la teoría de la relatividad ha mostrado el estrecho nexo entre el espacio y el tiempo con el movimiento de los campos materiales.  La longitud y la continuidad no son absolutos ni independientes de los cuerpos en movimiento, sino que están totalmente determinados por las leyes de movimiento de éstos”[2]; esto es, que el espacio está determinado totalmente por las leyes del movimiento de los campos, o, dicho de otra manera según esta definición, que la causalidad del espacio está en las leyes de los fenómenos, que en la teoría de los Elementos, estaría en las leyes de éstos.

 

Esa era la solución marxista en el desarrollo de la dialéctica materialista hasta ese entonces en consonancia con los desarrollos de la ciencia, particularmente en este caso, de la física.  Ciertamente, la filosofía suele avanzar en el pensamiento abstracto a esos adelantos, pero siempre queda en conjeturas, hasta en tanto la práctica  histórico social no dicta la veracidad en los hechos, y el compañero Martínez Nava, consecuentemente, sujetándose a dicho principio, tenía que incidir en la abstracción y generalización de los Elementos y de sus leyes, para hacer la interpretación del espacio geográfico conforme a ellos.

 

Así, dice Kursánov: “de la misma manera que no puede haber  materia fuera del espacio y del tiempo, tampoco existe el espacio separado de la materia en movimiento ni el tiempo separado de los procesos materiales –y citando a Engels, añade–: <<…estas dos formas de existencia de la materia sin materia son nada, son vanas representaciones, abstracciones, existentes sólo en nuestras cabezas>>”[3].

 

Y, ciertamente, todas esas referencias estaban dirigidas a los idealistas, negadores de la materia y que querían ver en el espacio el ejemplo de ello; donde incluso, una consideración distinta, por más que estuviese fundada en los principios de la dialéctica y el materialismo, era acusada de “revisionismo”, que se ponía del lado del idealismo.

 

Nosotros, el que esto escribe, intuimos que había algo que no era consistente, pero en aquel entonces, en la incapacidad total para entender en qué consistía aquella insuficiencia, ello nos mantenía, con ciertas reservas, a salvo de caer en el “revisionismo”.

 

De esa manera, si el espacio era real y objetivamente existente, sólo lo era en forma de la geometría, por decirlo así, de las cosas, y sin las cuales carecía de sentido hablar de espacio.  Pero el problema democritiano de lo existente entre dos átomos se resolvía de igual manera, esto es, por la geometría determinada entre ambos átomos (en este caso, la longitud de una línea o distancia), y sin lo cual no habría espacio.

 

Evidentemente, esta crítica no es solo nuestra, sino la encontraremos por ejemplo, en Maz Jammer, que ha estudiado profundamente el tema: el problema democritiano, por más que tiene aquí una respuesta, ello no quiere decir por sí sola que tal problema haya sido solucionado; por el contario, si en la respuesta dada aún persistía la duda democritiana de qué hay entre dos átomos, el problema seguirá sin solución real; y la longitud de una línea entre esos dos puntos, tenemos que preguntarnos, es una distancia entre los átomos; luego, ¿qué hay en esa distancia entre ellos, así sea ésta infinitesimal?  Esto es, el problema no estaba resuelto en realidad.

 

Pero no había más, y con eso se tenía que trabajar, y las posibilidades operativas para hacerlo  se dirigían, de manera natural, a la teoría de los Elementos, que, como hemos dicho, no era un camino incorrecto para resolver la teoría del espacio en geografía, sino tortuosamente plagado de veredas a nuevos extravíos fenomenistas.

 

Después de 1995, no sabemos qué haya pasado con tales desarrollos teóricos en los últimos quince años; por lo que pasaremos ahora a exponer la línea de investigación que nosotros, el que esto escribe, seguimos.

 



[1]         Kursánov, G; Problemas Fundamentales de Materialismo Dialéctico; Ediciones Palomar; Moscú, 1966, p.80.  En Lenin; Materialismo y Empirocriticismo; Cap. 3, 5.

[2]         Ibid. p.81.

[3]       Ibid. p.83.  En Engels; Dialéctica de la Naturaleza.


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