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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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19 julio 2010 1 19 /07 /julio /2010 08:00

Emmanuel-Kant--avizora.com-.jpgEsencia de la Primera Diferencia

de las Regiones en el Espacio;

Kant, 1768.  Artículo, 2010.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 19 jul 10

 

 

“Desde el fondo de la primera diferencia de las regiones en el espacio”[1], podría entenderse como, “la esencia” de la primera diferencia de las regiones en el espacio.

 

En efecto, en este ensayo de 1768; del Kant conocido aún como el “Kant precrítico”, lo que es tanto como decir un Kant más próximo a un materialismo filosófico; el mismo va a disertar sobre el problema del espacio, no solo como su realidad y naturaleza, sino, esencialmente, con fundamento en su gnoseología fenomenológica, del origen y esencia del concepto por cuanto a la diferencia que se produce en las regiones del mismo, a partir de la simetría humana y hacia el exterior a nosotros.

 

Esas regiones del espacio de que va a hablar Kant, son precisamente las determinadas por la geometría tridimensional a partir de la creación superior (teológicamente hablando) de nuestra propia naturaleza humana.

 

Así, Kant va diferenciar, en principio, el espacio relativo en tanto el orden de coexistencias entre las cosas; del espacio absoluto, en tanto el espacio exterior a lo humano y a las cosas mismas.

 

En su sentido más abstracto, dice Kant, el espacio <<no es la zona en la relación de una cosa en coexistencia a la otra>> (a lo que Kant atribuye solo el concepto de “ubicación”, en relación a los planos de la tridimensionalidad del espacio absoluto); lo cual sólo resulta de, dice Kant, <<la dificultad para dar a la mayoría de las leyes generales del movimiento un significado específico, suponiendo que no hay otro concepto de espacio que el que resulta de la abstracción de la relación de las cosas reales>>.

 

Pero es así, dice nuestro autor, que de la tridimensionalidad del espacio absoluto dada por la intersección de tres planos, <<no es de extrañar –dice entonces Kant– que vamos a obtener de la relación de la superficie media de nuestro cuerpo a la primera razón, el concepto para crear zonas en el espacio>>.

 

El espacio, pues, según Kant, no es la mera relación de coexistencia de las cosas; ello es sólo una condición relativa, que aún presupone la condición de un espacio absoluto exterior; e independiente, afirmará Kant; a las cosas mismas, dado por una tridimensionalidad –y aquí aparece la determinación fenomenológica–, a manera de la “proyección” de los planos de la simetría del cuerpo humano.  El espacio es, podríamos decir así con esquisites kantiana, una determinación del “Hombre de Vitrubio”.

 

Kant se extenderá largamente en su ensayo sobre la esencia de las primeras diferencias de las regiones en el espacio, discutiendo sobre el orden de la simetría en la naturaleza, usando reiteradamente el ejemplo de la simetría, y a la vez asimetría, de las manos derecha e izquierda, para llegar, finalmente, dice Kant: <<a la aplicación filosófica de este artículo –en el que, continuando con la cita del autor–.  Se desprende de los ejemplos muy comunes de ambas manos, que la figura de un cuerpo a la figura de otro totalmente similar y el tamaño o la ampliación podría ser exactamente lo mismo, pero que una diferencia intrínseca sigue siendo, a saber: que la superficie de la que uno decide, el otro no la podría incluir>>.

 

Ambas manos, a pesar de su simetría, se diferencian de manera espacialmente relativa, en tanto coexistentes en el espacio absoluto.  Su superficie misma, dice Kant, es una restricción de ese espacio relativo, dado debido a una diferencia interna; lo que Kant describe de la siguiente manera: <<Debido a que esta superficie es el espacio físico de una licencia limitada, el otro no puede servir de frontera, se puede girar y torcer y cómo se quiera, tal diferencia se debe, a partir de una base interna>>. Por lo contrario, añade Kant, es ello lo que da la diversidad.

 

Por lo tanto, en su esencia, dirá Kant: <<existe solamente el espacio de las relaciones exteriores de las partes de la materia situada junto a la otra>>.  Esto es, que tal esencia es la primera diferencia de las regiones en el espacio.

 

Pero, volviendo Kant a su base gnoseológica, enfatizará por último, no obstante, que: <<El espacio absoluto no está sujeto a la sensación externa, sino que es un concepto básico que todos tenemos, y el mismo hace que sea posible, somos lo que en forma de un cuerpo, sólo en lo que la pura referencia al espacio toca, sólo por la actitud de oposición para ejercer con otros organismos>>.  Esto es, finalmente, que nuestro concepto de espacio es innato y, diría Kant, algo a priori, es decir, dado de antemano por la simetría misma de nuestro cuerpo que hace al espacio absoluto, en una serie de relaciones relativas en la coexistencia con otros cuerpos, que hace al espacio relativo.

 

Podemos decir, entonces, que con Kant, en términos del idealismo filosófico, aparece la discusión de la dialéctica del espacio, que hasta entonces, bajo la influencia de Newton, se mantenía en la condición mecánica del vacío como un sistema inercial.

 

Ahora, si invirtiendo a Kant decimos, por lo contrario, que “el espacio absolto sí está sujeto a las sensaciones externas”; y que por lo tanto, éste no es ni innato ni a priori; la esencia de la primera diferencia de las regiones en el espacio, será entonces, la simetría misma del espacio como un atributo del espacio mismo, y ya no una proyección de las propiedades del “Hombre de Vitrubio”.  Y en esa dialéctica materialista, ahora, el espacio absoluto será, simultáneamente, a su vez relativo, en tanto los atributos dados por el orden de coexistencias de las cosas.

 

Con esa esencia de la primera diferencia de las regiones en el espacio, Kant nos ha devuelto, a su vez, a la esencia de la teoría del espacio entre los cásicos griégos: a las sfrágidas de Eratóstenes, o a los hipotéticos “continentes de contrapeso” de Crates.

 

Este ensayo de Kant de 1768, es de fundamental importancia no sólo en la histórica discusión téorico-flosófica del concepto de espacio, sino, considerando al Kant geógrafo, podemos ver entonces, que la esencia de la primera diferencia de las regiones en el espacio, es la de la tridimensionalidad dada por los planos de coordenadas, que, en este caso, podemos referir como del espacio geográfico.

 

Cuando Alfred Hettner, poco más de un siglo y medio después (1927), al parecer toma la idea de Kant y habla de la Geografía como una ciencia del estudio de la diferencia de las regiones en el espacio; despojado de todo posible principio de subjetividad dado por la filosofía idealista de Kant, Hettner estaba en lo cierto.  El espacio, en consecuencia, no es lo único indiviso y homogeneo a lo que nada se le puede estudiar, sino, por lo contrario, el espacio es a la vez que simetría que le diferencia de suyo, asimetría que le da movimiento y propiedades particulares.

 

Al Renacimiento en Geografía de Toscanelli en el siglo XV, a Mercator en el siglo XVI, le sucede una etapa nuevamente compleja en la historia de la ciencia a partir del trabajo de Abraham Ortelio, contemporáneo mismo de Mercator, en cuyo Atlas realiza el vínculo de la Carta Geográfica, con la Relación Geográfica; crisis, por decirlo así, que durará los siglos XVII y XVIII, precisamente hasta Jean Baptiste D’Anville, Kant, José Antonio de Alzate y Ramírez, y Tomás López.

 

Consideramos a D’Anville como el primer geógrafo teórico, cuya condición aparece en escena no casualmente, sino de manera precisa por esa situación compleja en que se encontraba la Geografía moderna, en que, por una parte, con Jean Picard, La Condamine, Maupertuis, Goone y Lambert, se especializaba la Geodesia como ciencia, y por otra parte, en ese proceso de espacialización de los conocimientos; de la Meteorología con George Hardlay en 1735, de la Paleontología con Buffon en 1749, de la Geología con Werner y Hutton en esa misma segunda mitad del siglo XVIII, y solo un tanto posteriormente, de la Geofísica con Julius Fröbel en 1834, de la Edafología, que deriva de los mismos estudios geológico-geomorfológicos de Vassilievich Dokoutchaiev, en 1883, y de la Geomorfología con Albert Penk en 1894; en suma, que la Geografía, ya desde ese siglo XVIII y luego a lo largo del siglo XIX, como un saber enciclopédico, necesitaba, por lo menos, un fundamento propio como ciencia en ese deslinde de especializaciones generalizado.  Y a ello contribuyeron desde el primer momento, prácticamente de manera simultánea en el ultimo tercio del siglo XVIII, D’Anville, Kant, Alzate y Tomás López.  El primero rescatando la historia de la Geografía, el segundo aportando el fundamento filosófico, y tanto Alzate como Tomás López, dando coherencia y razón de ser de lo ya propuesto desde Ortelio dos siglos antes.

 

No obstante, lo hecho por dichos autores no fue suficiente para hacer claridad en el objeto de estudio de la Geografía y contribuir a su propia especialización.  Ni la física de Newton, ni la filsofia y teoría del espacio primero de Locke, luego de Spinoza, y finalmente de Kant; ni la geometría de la Ilustración o la teoría de la geografía de D’Anville, de Alzate o de Tomás López, todo ello atrapado en su momento histórico, no fue suficiente para dar el total fundamento de ciencia moderna a la Geografía, por una simple y sencilla razón: su objeto de estudio era más complejo para la ciencia de ese entonces; el camino humboldtiano-ritteriano a lo largo del siglo XIX que desembocó en Ratzel, fue un espejismo; y, situados en lo máximo logrado desde Alzate y Tomás López, hubo de esperar casi dos siglos más, para que, en el curso del siglo XX, se reunieran todas las condiciones que, finalmente, hicieran posible darle ese fundamento que aún en los inicios del siglo XXI, estamos tratando de entender.

 

[1] Kant, Emmanuel; Desde el fondo de la primera diferencia de las regiones en el espacio; http://gutenberg.spiegel.de/?id=5&xid=1364&kapitel=1#gb_found.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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