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13 julio 2012 5 13 /07 /julio /2012 19:03

Estrategia Proletaria en México, 2012-2018.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

06 jul 12.

 

Hasta principios de los años ochenta, subsistió una izquierda ideológica consecuente con un proyecto para una sociedad proletaria, una sociedad socialista.  No tenía problema en autoproclamarse comunista, y ello era el espanto aterrador de la burguesía y su orden capitalista.  Pero con motivo de la elección para el sexenio 1982-1988, primero se dividió en dos grandes frentes de lucha: por un lado, el del antiguo Partido Comunista Mexicano (PCM, enclavado en los lineamientos de la III Internacional), que obtuvo su registro como PCM en 1978, y transformado en Partido Socialista Unificado de México (PSUM), al fusionarse con el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), en 1981, en vista de las elecciones presidenciales del siguiente año; y por otro, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT, satisfecho siempre de proclamarse miembro de la IV Internacional).

 

Luego, esa división (que incluso venía de tiempo atrás), se empezó a multiplicar una vez transcurridas las elecciones con la consabida derrota.  Aquellas participaciones electorales eran más de carácter pedagógico (de análisis de teoría educativa), para las dirigencias; como de carácter autodidáctico (de aprendizaje), para las masas; y se participaba en el proceso sabiendo de antemano que la toma del poder para impulsar esa sociedad proletaria socialista (de plena justicia e igualdad social, y eso en un momento en el que no existía aún un Carlos Slim, y el autor de estas líneas pertenecía a la aristocracia obrera), por esa vía, estaba negado.

 

El proceso electoral previo a 1982, creó dos grandes frentes políticos con pleno carácter ideológico, pero sus resultados desembocaron no sólo en la desaparición de casi todas las organizaciones de izquierda, fusionada ahora con una enorme ambigüedad, sino principalmente, sus fundamentos ideológicos se comienzan a desfigurar.

 

Hasta 1982, las luchas de la izquierda, sin importar su romanticismo hasta ingenuo, que más bien aparece ahora, visto desde el 2012, como una virtud, había sido, con plenitud, ideológicamente consecuentes.

 

Pero, a partir de allí, comenzó a consolidarse y a actuar la izquierda reformista.  Cambió el objetivo; los procesos electorales dejan de ser la didáctica de las masas en una lucha ideológica, para pasar a ser la toma del poder por el poder mismo, en donde la ideología empezó a estorbar para tal efecto.  Así se arribó al proceso electoral de 1988.

 

Las siglas PMS y PRT (“stalinistas” y “trotskystas”, la ideología emblemática), ya eran un poderoso lastre a la desideologizada toma del poder  por el poder, que se centró en partidos emergentes como el PMT, surgido de las luchas estudiantil-populares de 1968 con Heberto Castillo.  Y en la convergencia de la campaña por Heberto Castillo, a la que se había sumado toda la izquierda, ahora ya atenuada, concurrió el rompimiento en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), de la Corriente Democrática, de la cual eran representativos Cuauhtemoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo.

 

Surgió de todo ello como un gran proyecto para hacer, ahora sí, efectiva la derrota del PRI, y la toma del poder por las fuerzas democráticas, el Frente Democrático Nacional (FDN), que a poco pasaría a ser el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

 

Se desestimó entonces, en términos absolutos, toda pedagogía y didáctica política, la confianza y convicción en el triunfo fueron absolutas, fundados en la táctica paternalista del cacicazgo que emanaba del “Tatita” Cuauhtemoc Cárdenas (por ser el hijo del “Tata” Lázaro Cárdenas, de la expropiación petrolera de 1938), en ese espíritu de súbditos virreinales de las masas en este país, que pareciera que a lo más, alcanzaba con ello su liberación de la encomienda feudal.

 

Advertimos, como último destello pedagógico en esa lucha reformista, entonces, que, efectivamente, se iba a ganar, pero que, al mismo tiempo, se iba a perder, pues no había condiciones realmente legales para desplazar al PRI, y que, por lo tanto, había que hacer aún el “sacrificio” del último alfil: continuar impulsando la figura de Heberto Castillo, que a su vez, factible ganador, en el despojo irremediable, se pudieran generar las reformas políticas para garantizar aún más, el triunfo en la siguiente elección, asegurándola, con Cárdenas, más aún, ganada una autoridad moral sobre toda la izquierda consecuente que quedaba, al declinar Cárdenas a favor de Castillo.

 

No fue así, esa era ya vieja teoría “pedagógica”, lo que privaba ya era no más que la ambición del poder por el poder mismo.  Y en la medida que se apoyó a Cuauhtemoc Cárdenas, nosotros nos retiramos de la participación política; y Cárdenas, como estuvo previsto, ganó la elección y por amplio margen (¿Por cuánto, cómo defenderlo legalmente?, no había, como estaba revisto, las condiciones para ello), y como estaba previsto, se le despojó del triunfo.  Y un “tatita” al que las masas incondicionalmente respaldaban dispuestas a la lucha armada, no estuvo a la altura de éstas como el estadista que las masas suponían, y, antes al contrario, simplemente, las traicionó: no hizo valer la decisión popular (para ponerlo de ejemplo a Andrés Manuel López Obrador, años después, en el 2011, o principios del 2012, a aquel traidor de las luchas populares, la burguesía le otorgó, y él aceptó cínicamente, la máxima presea: la “Medalla <<Belisario Domínguez>>”, en gran ceremonia en la Cámara de Diputados, por su “responsabilidad social” en aquel proceso electoral de 1988).  No había sido, pues, mas que un burgués más, puesto al frente de las luchas populares por una mediocre izquierda reformista, que, para más, todavía lo postuló por dos ocasiones siguientes (en 1994 y 2000), obteniendo como resultado, el desprecio de las masas.

 

En la descomunal desfachatez santaannista, todavía pretendió postularse por cuarta vez, para el 2006, y no faltaron los serviles lacayos que la insinuaron nuevamente para el 2012, haciendo “como que se negaba” pero sólo esperando el “ser aclamado por el pueblo” (una Santa Anna y no otra cosa).

 

Sin embargo, una nueva lucha popular se gestó para el 2006, alentada ahora en la figura de Andrés Manuel López Obrador (otro demócrata que venía de las filas del PRI).  Para entonces ya nada quedaba de la antigua y verdadera izquierda que había desaparecido tras el salinato, y definitivamente después de la crisis económica de 1994-1995.  El despliegue de la “izquierda” era ya absolutamente de la “izquierda reformista”, simplemente una derecha más democrática y social (para entonces, ya en 1995, incluso, todo vestigio de la antigua URSS, había desaparecido).

 

Cuán reaccionario y conservador es el orden de cosas en México, que esa burguesa derecha más democrático-liberal y social representada en López Obrador, fue caracterizada como de “izquierda”, sólo porque había una derecha más a la derecha que ella, una derecha verdaderamente ultramontana, en las filas del PRI, y más aún, hasta el fascismo, en el PAN.

 

Y ocurrió, para el 2006, el mismo proceso que en 1988, de principio a fin, no obstante mayores posibilidades legales, con el resultado de una segunda gran traición a la causa popular (quizá esta vez, tan sólo un poco más tratada y procesada la engañifa).  Y el caso se reprodujo, más aún, a su vez, en una segunda candidatura para el 2012.

 

Pero ahora hay dos experiencias atrás, si bien toda “pedagogía” se perdió hace mucho; pero la participación político-electoral sigue siendo una didáctica para las masas; y ello enseña y explica la actual situación: ¿nos la volverá a hacer esa “izquierda” reformista simuladora?, o ¿realmente podría estar dispuesta a una lucha verdaderamente revolucionaria para cambiar de tajo a este país?

 

Por muy tozudas que sean nuestras capacidades intelectuales, de esa didáctica de la historia, se aprende, y de esas lecciones, se sigue el que…: no, no responderán a los reales intereses del proletariado, responden sólo a sus propios intereses económicos cual satrapía; no son más que la misma burguesía con la cara lavada; y, por lo tanto, sí, sí nos la van a volver a hacer (o por lo menos, nos la volverían a hacer), está en su naturaleza; sólo que esta tercera traición al proletariado (que al parecer ya ni siquiera da para ello), tendrá inimaginables consecuencias históricas.  Este país, hasta aquí llegó.

 

De ahí la duda en el voto, que ante la falta de opciones, no podía ser sino, finalmente, con el dejo de, “bueno, va, pero por última vez”, y no más.  Y no obstante, para el 20128 prácticamente por necesidad (y la necesidad del capital), la “izquierda”, cual franquicia política del Estado, finalmente llegará al poder.  Una “izquierda” a modo, a manera –dicho en la lengua apropiada de los amos– de a lift glove tuned upside down, que realmente es lo que ha vestido siempre su verdadera naturaleza desde aquel 1988.  Y las condiciones del proletariado, serán las más negativamente inefables.

 

A Cárdenas –dicho por él mismo–, Salinas le dio un “golpe de Estado técnico”…, y estrictamente, no hizo nada.  A López Obrador, Calderón le usurpó espuriamente el poder, y sólo hizo como que hizo, y no hizo nada.  Ahora, otra vez, al mismo López Obrador, se la vuelven a hacer con una “fraudulenta legalidad” (esa en la que se puede hacer toda clase de trapacerías…, pero mientras no te descubran); pero esta vez, más que nunca, nada más se puede hacer ya.

 

En consecuencia, la gran oportunidad histórica para poder haber cambiado a este país, y desperdiciada por esa triste “izquierda” reformista, fue 2006.  La historia lo ha demostrado ya en todas sus formas.  Luego del 2006, todo ha venido a menos en todos los aspectos de la vida social.

 

Compañero Andrés Manuel López Obrador: os equivocáis; en el 2006 no es que vuestra preocupación fuese el derramamiento de sangre; eso, al proletariado no nos inquieta; sino lo que verdaderamente debe preocuparos, es el que, vosotros, moralmente, debisteis ser el primero en ofrecer derramar vuestra sangre defendiendo la voluntad popular.

 

Convocasteis a una insurrección atenuada, embustera, de engaño al pueblo, en aquel “plantón” en la Av. Reforma en el D:F; en vuestras propias palabras, desahogasteis en ello la inconformidad popular que os demandaba más, y “evitasteis con ello la violencia” (pero, la “violencia-efecto”, como respuesta a aquella “violencia-causa” de la burla a la voluntad popular en la usurpación del poder).

 

Ahora, os queda bien aquel populismo de “arrodillaros en donde se arrodilla el pueblo”.  Pero diez siglos lejos de Canossa, en esa lucha definitiva por la investidura, no había remedio, pero Enrique IV se cobró el agravio y comenzó la separación de poderes entre el clero y el Estado civil.  ¡De qué os ha servido 10 siglos de lucha contra ese agravio!  Ir a Gregorio VII en 1077 era condición necesaria, pero ir a Benedicto XVI en 2012, no es más que humillación por propia voluntad, es devolver la investidura en un reprobable acto de traición a la República y a la Democracia.  Un verdadero estadista no sólo no se arrodilla, ni donde el pueblo; antes al contrario, enseña al pueblo a no arrodillarse ante nadie.

 

Despreocupaos de “quedar solo en tener que sofocar la inconformidad” (apenas se puede creer la frase, si es que fue cierta), es que tal inconformidad es otra; es la de 4 millones de ciudadanos que os despreciaron; tres millones en su inconsciencia entregados al régimen de la corrupción, y un millón decepcionado, anulando su voto.

 

Compañero Andrés Manuel López Obrador, no, no ha sido “masoquismo colectivo”; y no vamos a hacer eco del plañir burgués que “se ofende” por tal expresión; sino simplemente es que os autoengañáis; os ocultáis a vosotros mismos la verdad: no es “masoquismo”, es el desprecio colectivo a quien ha traicionado la causa del pueblo, y ya no estuvo dispuesto a enfrentar la historia de traición por tercera vez.  Y fueron 4 millones, una quinta parte de lo que debió ser.

 

Así la diferencia de esos tres a cuatro millones de votos, fue debido a: 1) el desprecio popular a la traición del 2006; 2) el fraude de 2012 de la descomunal compra de voto por el PRI; y 3) la engañifa política propagandística de las encuestas.

 

Luego: 1) las encuestas electorales ha perdido autoridad moral y credibilidad; 2) ha vuelto la corrupción como modum esse, como modo de ser de esta sociedad (bien ha empezado con su fraude); y, 3) la “izquierda light”, una “izquierda moderna”, ganará en el 2018, y no necesariamente por le voto legítimo (eso se acabó), sin por la simple necesidad del capital de un “juego democrático” y de un verdugo salido de entre los iguales.

 

Esta vez, no sólo por vuestra naturaleza reformista no se estaría dispuesto a la insurrección, sino incluso porque  ahora, se carece de legitimidad para ello.

 

Esta vez, el proletariado no ha estado dispuesto a la insurrección popular, sino a darse sin remedio, al modum esse del régimen de la corrupción.

 

Frente a ello, en el 2018, bajo el dictado de los Slim, los Salinas, de los Ascárraga, de los Zambrano, etc; emergerá un gobierno de “izquierda”, pero del lado izquierdo de la pagina de sociales, y la “izquierda” reformista  nacida en 1988, tomará, por fin, en esa triste condición, el poder.

 

No obstante, el mundo sigue su marcha, y en ese ineluctable devenir, el capital se derrumbará.  Los estudiosos de la sociedad, particularmente los estudiosos marxistas de la sociedad, hemos tenido de este proceso electoral la fuente más maravillosa de datos acerca de la composición de la sociedad mexicana actual.

 

Población Total:         110 millones de habitantes.

 

Padrón Electoral:          80 millones     100%

Votación Efectiva:        50 millones       63%

Abstencionismo:           30 millones       38%

Anulación de Votos:       1 millón             1%

 

De los 50 millones de votos efectivos:

 

PRI-PVE:     19 millones     38%

CMP:            16 millones     32%

PAN:            13 millones     26%

PNA:              1 millón           2%

Anulados:       1 millón          2%

 

Totales:         50 millones    100%

 

Por su composición a favor de una clase o sector de clase social:

 

Burguesía ”Nacionalista”: 20 millones (PRI-PVE-PNA)

Burguesía Progresista:       17 millones (CMP-Anulados)

Burguesía Conservadora:   13 millones (PAN)

Abstencionismo Histórico: 30 millones (lo que significa que si hubo una votación histórica máxima, ello no fue por reducción del abstencionismo, o porque “la gente saliera a votar más”, sino por el crecimiento de población).

 

Es evidente que el proletariado sólo es peón de sacrificio en el tablero, no obstante representar el 98.75% en el Padrón, unos 78.7 millones de ciudadanos (estimando a la clase patronal en 1.3%, o 1 millón de ciudadanos; unas 520 mil familias, de un total de 22 millones de familias en México).

 

De ello se sigue el que, 33 millones de ciudadanos, de los cuales 32 millones son proletarios, están en una posición de clase burguesa, siendo precisamente el doble del proletariado con una posición consecuente con su propia clase social, que ha visto en la CMP lo más representativo de sus intereses.  Otro tanto equivalente a la posición burguesa, es el proletariado abstencionista (30 millones), que en ese sentido favorece la posición burguesa, haciéndole virtualmente de 63 millones.

 

En una carta de Engels a Sorge en 1895, aquel lo exculpaba por su ineludible renuncia a la II Internacional, hundida en el reformismo, y en ello, Engels exteriorizaba una opinión acerca del futuro del movimiento proletario, haciendo ver que ya era tan vasto y tan compleja su organización, que solo una gran represión le haría dirigirse con firmeza a sus objetivos reales.  Engels no se equivocó, esa gran represión se dio con la I Guerra Mundial, y la consecuencia fue el surgimiento del primer Estado Socialista en el mundo en Rusia en 1917.

 

Hoy, ese reformismo mexicano desplegado con toda su fuerza a partir de 1988, ha acabado donde tenía que acabar: evidenciándose como una derecha disfrazada; de ella emanará, tarde o temprano, necesariamente, una gran represión (quizá ya no en principio militar, sino política y económica), y ello redirigirá los reales objetivos del proletariado aquí; y para ello debe prepararse ahora la verdadera izquierda, cual Ave Fénix.

 

Se hace evidente, entonces, la estrategia e lucha de una izquierda consecuente con los intereses del proletariado: una verdadera organización de izquierda que haga una campaña ideológica por una conciencia de los verdaderos intereses proletarios (esto es, retomar lo dejado en 1988, haciendo ya a un lado innecesarias y absurdas discusiones del “stalinismo” o el “tratskysmo”, y cosas semejantes, que ya son historia; para elaborar la teoría de la transición y construcción del socialismo en el siglo XXI).

 

Organizarse, actuar entre las masas con esta campaña y aguardar a la agudización de la crisis del capital y al despliegue de la acción del proletariado en su misión histórica, y entonces dirigirla.

 

En esa campaña ideológica, la posición a aclarar, es que el voto es legitimador del orden de cosas, y en tanto no haya una verdadera representatividad del proletariado en el proceso, la estrategia debe ser la abstención.  Sumar a 30 millones, 17 millones más (y ya así, la correlación será de 33 millones de burgueses, contra 47 millones de proletarios; y eso si se gana a los 30 millones de abstencionistas completos, razón por la cual, primero habrá que sumárseles a ellos), y puestos en la abstención consciente, que será como consecuencia de lo que n se quiere, entonces exponerle lo que debe ser, lo que sí se quiere (evidentemente, no es hecho mecánico, serán las dos cosas a la vez).

 

Conclusiones pendientes (al fin del proceso electoral total).

 

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