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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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22 marzo 2015 7 22 /03 /marzo /2015 23:03

006 III ane Carta de EratóstenesEstudio a los Prolegómenos de la Geografía, Estrabón.  (5/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espaco-geografico.over-bog.es/

16 dic 12.

 

Determinar en qué momento y de qué manera ese conocimiento geográfico espontáneo dado como el conocimiento de la Tierra en los mapas; que venía (como consta en los documentos de Babilonia), del año 3000 ane, es decir, de unos treinta siglos atrás; se transformó en estudio de las cosas, así naturales como sociales, ocurre aquí, con Estrabón, y mediante la inversión de las causas por los efectos.

 

Eratóstenes había encontrado las plinthias (los ladrillos o unidades básicas) que estructuraban el espacio geográfico o terrestre, en lo que, a su vez eran las “zonas climáticas” (franjas de inclinación latitudinales), a las que denominó esfrágidas (gemas, joyas preciosas), de modo que las plinthias resultaban una regionalización de las “zonas climáticas” o esfrágidas.  Eratótees en su mapa registra cuatro plinthias: 1) la India (propia a dicha península); 2) la Ariana (contigua a la India al occidente, que comprendía básicamente Persia, la actual Irán); 3) la que quizá pudiera denominarse “Asiria” (Irak); y 4) la “Árabe” (no como la península, sino como la región de palestina), que Estrabón retoma sin delimitar.  En ellas, el espacio latitudinal determinado por el factor de inclinación o latitud, se identifica con el factor cósmico de la radiación solar, en una “zonalidad climática” entendida como una determinación por la temperatura y otros efectos secundarios de la latitudinalidad, manifiestos en la vegetación y fauna.

 

Por el estudio de los efectos Eratóstenes llegó a las causas cual es en el proceder de toda ciencia rigurosa; y una vez entendida la causa, profundizó en el conocimiento de las propiedades del espacio terrestre.  Luego, históricamente, todo consistía en darle seguimiento a ello, avanzando en el conocimiento de lo nuevo acerca de lo mismo, del mismo objeto de estudio, el espacio terrestre, a la luz de ese conocimiento antecedente y en la certidumbre de sus leyes.

 

No obstante, lo que ocurrió fue otra cosa: Estrabón, confundiendo el estudio de las causas por el estudio de los efectos, hizo a un lado el conocimiento del espacio terrestre por sus propiedades y leyes, y dirigió su atención a las características fenoménicas determinadas por ese espacio.  Esto es, en lugar de estudiar las “zonas climáticas” como inclinación latitudinal, las tomó y estudió por los efectos que ocurren en ello; es decir, como “zonas climáticas” por cuanto a su temperatura, y por ello, de su vegetación y fauna, como de su habitabilidad humana.

 

Estrabón concluyó así que: “Es evidente, pues, que esta división es adecuada a la geografía, porque la geografía trata de determinar la parte de la Tierra de una de las dos zonas templadas que nosotros habitamos[1]; es decir, que la división zonal en la esfrágidas, que hacen el conocimiento geográfico miso, para Estrabón constituyen tan sólo un conocimiento que se adecua a la “geografía”, esto es, a lo que él está entendiendo por geografía: no el espacio terrestre, sino los fenómenos dados en él. Dicho en lo términos de su época: su “geografía” no estudia la esfrágida por sus propiedades y leyes de inclinación de cualquier parte de la Tierra; sino las características dadas en las esfrágidas por las condiciones medias de la atmósfera, más aún, importando sólo de la parte habitable; lo cual se deduce de la delimitación que da de esta última: “…el mar al delimita hacia el Océano y hacia el Oriente, y por el Sur y por el Norte las características del clima, el cual, en el centro es bien templado para las platas y para los animales…”[2].

 

Se consumó así, la inversión del pensamiento geográfico, de la lógica del espacio terrestre, a la lógica de los fenómenos en él; y con ello quedó establecida en forma de contrariedad, lo que caracterizó la contradicción histórica esencial del pensamiento geográfico (contradicción que no se habrá de expresar en plenitud, sino hasta el tránsito del siglo XVIII al XIX, y encontrará solución en el tránsito del siglo XX al XXI).

 

 

Del Libro II, Cap. IV.

 

Prácticamente ya al final de sus Prolegómenos, Estrabón aborda en el Cap. IV del Libro Segundo, a Polibio, que como historiador, somete a crítica la verosimilitud de los viajes de Piteas, que Dicearco y Eratósteones retomaron en sus geografías, descalificando Estrabón tal posibilidad.  De donde, todo lo dicho por Piteas es falso, y retomado por Eratóstenes es la difusión de puras mentiras fantasiosas.

 

De este capítulo, que en su brevedad se refiere al análisis de los errores de Dicearco y Eratóstenes en sus mapas, por lo que se refiere a la verdadera localización o correctas distancias, que examinadas dos siglos después, es ya sobre un documento prácticamente histórico y ello carece de todo sentido crítico, tal como absurdamente lo hacen aparecer tanto Polibio como Estrabón (si Eratóstenes hubiese sido su contemporáneo, esa crítica sería plenamente válida).  Ignacio Granero inserta una nota, al respecto de la descripción de Europa por Polibio, y dice en dicha nota tomando un texto de Germaní Aujac: “Es probable que esta descripción de Europa estuviese incluida en el Libro XXXIV de las Historias (cf. P. Pédich: La geografía de Polibio, estructura y contenido del Libro XXXIV de la Historias…; y P. Pédich: El Método Histórico de Polibio (1964)…”[3].

 

Todo el Cap. IV, para la geografía teórica, vale por esta sola nota.  Polibio, como Estrabón, no hace geografía, se vale de ella para expresar su Historia, y en ese sentido, la geografía es, tanto para Polibio como para Estrabón, como acertadamente lo califica P. Pédich, método de la historia, manera de exponer la historia.  Es así, y sólo así, como hay que entender la “geografía“ de Estrabón.  Si de ella se suprimiese la historia, para Estrabón no quedaría geografía alguna, dado que a la geografía la identifica con la historia.  Pero haciendo abstracción de esa identidad subjetiva de Estrabón, como de toda identidad de la geografía con el estudio de los fenómenos, lo que queda como geografía, es la geografía de Eratóstenes, de ese al que despectivamente se refiere Estrabón como “Eratóstenes y sus secuaces” (Aristarco, Hiparco, Crates y Apolodoro), teniéndolos muertos más de un siglo atrás.

 

 

Del Libro II, Cap. V.

 

Arribamos, finalmente, al último capítulo del Libro II con el que Estrabón concluye los Prolegómenos a su Geografía.  Está dedicado a tratar sobre el método de la geografía, y por lo tanto se convierte en un capítulo de la mayor importancia.

 

Empieza Estrabón explicando que quien se ha de dedicar a la tarea de describir las distintas regiones (para Estrabón sólo las habitadas y habitables), ha de suponer en él “muchos principios físicos y matemáticos (este último que para Estrabón comprende a la astronomía y a la geometría); y ya luego elaborará su trabajo “de acuerdo con estos supuestos y conforme el valor científico de los mismos”[4].  Todo ello, de forma, es correcto,; de contenido, es sólo “sistema de referencia”, o principios de partida de los que luego se podrá prescindir.  Estrabón dirá un poco más adelante: “es necesario que el que hace geografía, haga fe a los geómetras, que han medido toda la Tierra, y los geómetras a su vez a los astrónomos y éstos a los físicos”[5].  Si bien en principio ello es correcto, no obstante lo plantea ajeno al método geográfico, y no precisamente como lo que va a integra su método propio.  En ese sentido, tales supuestos constituyen los postulados de la geografía de Estrabón, sin que entre en controversia con Eratóstenes ni Hiparco, hasta en tanto no se considere la consistencia lógica con lo que luego se sustentará en ello: las propiedades espaciales en éstos; o la historia en aquel.

 

Luego, aceptando la esfericidad de la Tierra, Estrabón establece que ha de ser descrita “como una superficie plana para la comodidad de la vista”[6].  Aquí, en principio, Estrabón reconoce en el mapa la herramienta esencial y por excelencia del geógrafo; aun cuando, al mismo tiempo, lejos está de Eratóstenes y principalmente de Hiparco, en entender que el mapa no tiene por fin “la comodidad a la vista”, sino el rigor de de un instrumento para el análisis del objeto de estudio (entonces entendido como la descripción, o conocimiento del espacio terrestre), en tanto la transformación matemática de la esfera terrestre en un plano, que, de manera secundaria, trae aparejada la comodidad del estudio.

 



[1]        Ibid. p.179 (subrayado nuestro)-

[2]        Ibid. p.179.

[3]        Ibid. p.190 (Libro II, IV, 1; Nota 1)

[4]        Ibid. p.203.

[5]        Ibid. p.205.

[6]        Ibid. p.204.

 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Historia General de la Geografía
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