Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog

Presentación Del Blog

  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
  • Contacto

Buscar

Archivos

9 septiembre 2012 7 09 /09 /septiembre /2012 17:28

Ícono Filosofía-copia-1Ética: la Teoría de la Moral, en los Fundamentos de la Dialéctica Materialista. Axiología: la Teoría de los Valores.  (5/12).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

12 sep 12.

 

 

5  Axiología: la Teoría de los Valores.

 

La axiología (del gr. axios, valor), es la parte de la Ética referida a la teoría de los valores morales.  Para comprender qué es un valor moral, conviene, antes, examinar el concepto de valor en general.

 

El valor, como concepto, es el reflejo en nuestro pensamiento de una faceta o propiedad de la realidad objetiva.  Ello quiere decir que en la realidad objetiva, en los hechos dados, hay o no algo que es valioso.  Pero lo que determina el qué es eso dado tenga o no valor, es la consideración subjetiva que en un momento dado se puede hacer o no.  El valor, dicho así en general, no es algo puramente de naturaleza objetiva; pero, a la vez, tampoco es algo ajeno a la subjetividad.  El valor, es la mezcla, o más exactamente dicho, la dialéctica de la objetividad y subjetividad de aquello que se juzga valioso o no.

 

Si algún problema teórico tenía una clara dificultad en su solución pretendiendo omitir la dialéctica en él, ese fue precisamente el concepto de valor.  Sin la dialéctica materialista no es posible comprenderlo en su esencialidad.

 

Más aún, antes de abordar el concepto de valor moral, conviene también, examinar el concepto de valor desde el pensamiento económico.

 

Así, en la teoría económica, el valor se desdobla en dos formas: 1) el valor propiamente económico, propio al de la mercancía, es conocido por ello como “valor de cambio”; y 2) el llamado “valor de uso”, esto es, el valor concreto en cuanto a ser un satisfactor social.  En este desdoblamiento se expresa esa dialéctica objetivo-subjetiva del valor; es decir, lo valioso dado en el objeto por las relaciones sociales abstractas (dadas en el valor de cambio), y lo valioso dado así, pero en tanto juzgado y reconocido subjetivamente por las relaciones sociales concretas como un satisfactor social (dado entonces en el valor de uso).

 

De todo lo antes dicho; desde el concepto de valor en general, a su desdoblamiento económico; nos da la pauta para poder entender el concepto de valor moral.  En él se ha de aplicar la misma dialéctica objetivo-subjetiva, pero omitiendo ya la parte económica relativa a la mercancía, dado que lo moral, en su esencia, se refiere a lo espiritual humano, ajeno a toda consideración de esa naturaleza mercantil; o, dicho de otro modo, el valor moral, no supone relaciones abstractas entre los seres humanos, sino por lo contrario, de las relaciones más concretas entre sí.  El valor moral, sigue, pues, la pauta del llamado valor de uso, es decir, del satisfactor social dado en las relaciones concretas.

 

Un valor moral, aquello bueno socialmente considerado, es, pues, un satisfactor social.  Objetivamente, aquello de la realidad material portador de tal valor, es el propio ser humano.  Subjetivamente, por lo que está en la capacidad del sujeto, se ha de reconocer y diferenciar las cualidades que da el satisfactor, socialmente.

 

Y aquí hay un aspecto de esencial importancia, que sólo se deduce en el análisis dialéctico.  Hemos visto en apartados anteriores, que la relación moral: 1) es sólo entre humanos, y 2) que ello se da en una mutua reciprocidad, necesariamente.  Ello quiere decir, entonces, que lo que yo (sujeto), reconozco como valor en el otro (objeto de valoración), es algo que, a manera especular, me realiza como ser humano

, es decir, que nos hace ser un ser humano real, tanto más reconozco en el otro no sólo a mis semejantes, sino a mi mismo perfeccionado.  Se vuelve al punto: en la medida que positivamente yo veo a un ser humano cada vez más humanizado, ello me humaniza a mi mismo (lo cual puede expresarse en forma negativa, y así, en la medida que veo en la otredad la deshumanización constante en la pérdida de sus valores morales, el deterioro de su perfección, en esa medida yo mismo me deshumanizo, yo mismo forma parte del deterioro social y de mi pérdida de la condición humana; y ello ocurre así, por más que las personas pretendan refugiarse en el ámbito de códigos morales que parecieran más sólidos, como ocurre en el caso de la religiosidad; ello no los abstrae de la vida social, y ello determina a su vez su deterioro en su calidad humana.  Su religiosidad, dijese Marx, sólo se convierte en “denuncia de la miseria real”.  Lo que se impone, es la necesidad de un cambio social radical o sustancial, hacia una sociedad en la que opere una más profunda y amplia socialización, que imponga los nuevos valores que hagan la calidad humana.  Así, no es con los valores morales como se tendrá una sociedad distinta, sino que será con una sociedad distinta, que se tendrán los verdaderos valores morales, como esa relación social concreta, dada por esas cualidades que dignifican a condición humana.

 

Finalmente, el valor moral, como determinación subjetiva sobre lo portador de lo valioso objetivamente dado, implica también una valoración intelectiva; de donde se sigue que los valores no son ni deseos ni aspectos emocionales del sujeto, sino juicios de valor, y juicios, a más de morales, intelectivos.

 

Y un aspecto último, no de menor importancia, está en que el valor moral, queda no determinado, pero sí vinculado al juicio estético.  Por lo regular, aun cuando no necesaria ni absolutamente, el valor moral está asociado a lo bello.  Sin embargo, por ejemplo, el matar a alguien en defensa del honor y la dignidad, si bien implica un acto horrendo, ello no es en absoluto, sino en función de las condiciones concretas (las de un malhechor que pretende ofender y humillar), que aún en el acto de horror, dialécticamente, ello es superado por el acto sublime que da un contenido de esteticidad.

 

Compartir este post

Repost0

Comentarios