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9 septiembre 2012 7 09 /09 /septiembre /2012 17:30

Ícono Filosofía-copia-1Ética: la Teoría de la Moral, en los Fundamentos de la Dialéctica Materialista. La Deontología: el Acto Moral Independiente de las Consecuencias.  (7/12).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

12 sep 12.

 

7  La Deontología: el Acto Moral Independiente de las Consecuencias.

 

La deontología (del gr. deón, deber; y logos, tratado), es la parte de la ética relativa a la obligación moral, que no se hace depender de las consecuencias.  Se refiere, pues, a un deber de conciencia en la obligatoriedad moral, que, independientemente de las consecuencias, asume la más elevada responsabilidad del acto moral.

 

Se entiende que esa responsabilidad sólo puede ser asumida por un individuo común en casos muy extremos, pero, en lo general, ese individuo común ha de atenerse a las normas morales que dicta lo teleológico: las consecuencias de sus actos.

 

Quien ha de estar facultado para asumir la responsabilidad que omita la regulación de las consecuencias, ha de ser sólo alguien con una clara conciencia de sus actos ; esto es, que entiende con profundidad los fundamentos científicos de lo que está determinando su acción (en el campo de cualquier ciencia especial; además de los fundamentos científicos de carácter económico, social y político que estuviesen implicados); si alguien se compromete así, será sólo porque sabe bien lo que hace.

 

Su acto moral, no obstante, no omite lo teleológico, asume un deber que está ahí regido por la norma de las consecuencias, pero, deontológicamente, en su deber moral, dados sus conocimientos, asume la responsabilidad de ir más allá de lo que le limitan dichas consecuencias.

 

Ello no deja de tener una implicación fatal: si acierta en su decisión, saldrá airoso, podrá sentirse orgulloso de su acto y por ello la sociedad lo tendrá en alta estima.  Pero si se equivoca, el abatimiento en el cargo de conciencia podría ser –aun cuando en ciertos casos no necesariamente– descomunal.

 

Resultan claras dos cosas en todo ello: 1) el acto moral deontológico, es atributo del que sabe con fundamentos científicos; y, 2) el acto moral deontológico, es concedido socialmente a aquel que podrá decidir así en su responsabilidad, liberándolo del cargo de conciencia, en tanto es previamente autorizado para ello, cuando se le ha otorgado un permiso o licencia para obrar así.  De ello se sigue, entonces, que la deontología es la llamada ética profesional.

 

La deontología tendrá así, dependiendo de la naturaleza de cada profesión, un determinado código ético, es decir, un determinado conjunto de estatutos que, a la vez que lo facultan para actuar de acuerdo con su criterio, le impone cierta normatividad especial.

 

Telelógicamente, por ejemplo, el deber ser, es “no mentir”, se aplica para todos; pero en la profesión del comunicador social, la aplicación restricta e esta norma, podría acarrear más mal que bien.  Decir plenamente la verdad, cuando convendría matizarla con una “mentirijilla” y atenuar con ello posibles efectos, es algo que, deontológicamente, a su criterio profesional, ha de someter a control el comunicador social.  Mas, abusando de esta libertad para mentir deliberadamente cuando lo que habría que decir es la verdad, lo conducirá moralmente en el falseamiento de su código ético.  Esto es lo que hace la complejidad de la ética profesional.  No obstante, al final, lo que ha de regir invariablemente, es la responsabilidad social; esto es, el responder a satisfacción de la sociedad.  Si el acto moral deontológico no existiese, y todo tuviese que ser telelógicamente con apego a las consecuencias, la sociedad se vería impedida del progreso moral.  Es el reiterado acto moral deontológico el que, en el reconocimiento social, modifica la norma telelógica viendo en ello mayor beneficio y un mayor satisfactor social, perfeccionando así el progreso moral de la sociedad, y dejando atrás atavismos que limitaban sus condiciones de vida.

 

Lo anterior explica que el acto moral deontológico se entienda, entonces, como un acto de necesidad, determinado socialmente.  Tal acto moral, por lo tanto, no es ajeno a la valoración moral, a la axiología, sino por lo contrario, una plena determinación de ello.  Así, la deontología es, hemos dicho, el acto moral independiente de las consecuencias, mas no independiente de los valores.  Sin ellos, no hay acto que pueda considerarse recto.

 

Si bien ya Aristóteles elaboró un texto de Ética, este se redujo a ser un compendio de consejos morales, es decir, de consejos acerca del deber ser bueno o valioso.  Y la ética se mantuvo básicamente así, agregándose la relación de los valores normativos del deber ser, prácticamente hasta el siglo XIX, en que empezó a teorizar el acto deontológico.  Ello no quiere decir que antes no hubiese en la sociedad el acto moral independiente de las consecuencias, sino sólo que ese acto moral independiente de las consecuencias, sino sólo que ese acto moral no estaba estudiado o teorizado (particularmente es ello lo que no permitió entender correctamente la teoría del Estado expuesto en El Príncipe, por Maquiavelo en el siglo XVI).

 

El desarrollo propio de la Ética como ciencia, la organizó en sus tres apartados básicos actuales: la Axiología, la Teleología, y la Deontología, esta última como un apartado relativamente reciente, del cual se desprende la mayoría de los problemas del campo final de la Ética, que es la llamada Metaética.

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