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9 septiembre 2012 7 09 /09 /septiembre /2012 17:35

Ícono Filosofía-copia-1Ética: la Teoría de la Moral, en los Fundamentos de la Dialéctica Materialista.  La Metaética.  (12/12).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

12 sep 12.

 

 

12  La Metaética.

 

Terminamos este breve esquema general de la Ética, refiriéndonos en su último capítulo, a aquellos problemas de la moral que aún, en la segunda década del siglo XXI son motivo de duda acerca de si en el acto moral que representan, son buenos o malos, si hay en ellos lo positivo o lo negativo.  Y la duda radica en la magnitud de sus implicaciones teleológicas, pues un común denominador en todos estos casos, es la vida humana misma.

 

La metaética se refiere, pues, a aquellos problemas de orden moral que están en el límite, e incluso más allá, de una solución clara; no por lo abrumador que puedan ser en un momento dado ciertos prejuicios sociales, sino simplemente por los elementos teóricos aún limitados de dispone la ética contemporánea.  Ejemplo de ello, en un cierto orden convencional ascendente en su dificultad, son: 1) la legalización de las relaciones homosexuales; 2) la legalidad del aborto; 3) la legalización de la droga; 4) la eutanasia; 5) la equiparación de culturas; 6) la manipulación genética; 7) la clonación; y 8) el suicidio.

 

Todos estos problemas tienen que ver con las normas y costumbres de la sociedad y su cultura, su sola existencia afecta a la vida social, la perturba; pone en duda el deber ser de su acto moral, en a medida de que el mismo se convierte en derecho moral de otros; legítimo a la vista de todos en nombre de ese derecho moral del otro, pero sancionable por sus implicaciones teleológicas, no sólo de forma moral, sino incluso legalmente.

 

El problema que de fondo se debate en la respuesta a estos problemas (y otros más de semejante índole), es el si el reconocimiento moral de los mismos significa progreso moral de la sociedad, o si son indicativos de la descomposición social.

 

Como lo hemos estudiado, tales problemas no pueden  resolverse al margen de sus determinantes sociales, de las condiciones económico-políticas de la sociedad, e incluso de sus posiciones ideológicas en la interpretación del mundo, es decir, incluso en función de ciertas determinantes filosóficas; pero tampoco podemos resolverlos al margen de das determinantes individuales, en tanto que ellas afectan, más o menos, profundamente a los individuos involucrados en el acto moral.

 

La solución correcta de estos problemas, se complica todavía más, no sólo porque se traducen en asuntos que se dirimen políticamente, sino en tanto que en ello opinan todas las partes, pero en donde no se deja escuchar –quizá incluso porque hoy en día ni siquiera existe– el especialista en Ética.  A éste lo suple vagamente una opinión moral progresista, la más de las veces de falsa liberalidad de unos, frente a la opinión de una moral conservadora y prejuiciada de otros.  Esto es que, en su discusión, no se emite una lógica sólida y consistente del juicio de valoración moral, que  no únicamente implique de manera necesaria el juicio intelectivo de certidumbre científica, sino el juicio de valoración estética, en los rigurosos términos de conciliar con las condiciones de necesidad explicándonos históricamente la forma en que se afecta el proceso de transformación social que realmente implica el progreso moral de la sociedad, frente a una reducción, la más de las veces snobista y libertarista, de opiniones “liberales desprejuiciadas” y “fundadas en los derechos humanos”; que en el fondo, en ese contexto económico-político e ideológico, no son, en realidad, más que posiciones conservaduristas revestidas, simuladoras de un pensamiento avanzado, que inconscientemente, en la lógica del desarrollo de la sociedad capitalista, conduce al acrecentamiento de la descomposición social de la que de inmediato se espantan.

 

La afectación a la sociedad de dichos problemas es tal, que sentimientos aletargados se concitan, despertándose viva y violentamente: prolifera, en el uso de un no muy adecuado término, la llamada homofobia; se condena con los más graves cargos de conciencia a la mujer que aborta; se esgrimen dudosos argumentos económicos y políticos, para inducir la legalización de la droga, y en ello se omite toda razón moral; se hacen vivos pronunciamientos políticos por el derecho de nacer, pero, a la vez, se coarta con la misma moralina al individuo en su derecho de una voluntaria muerte digna; se condena mutuamente la condición la mujer (unos por exceso de sometimiento, y otros por una liberalidad que raya en la prostitución), entre los pueblos musulmanes y cristianos, pero no se consideran las determinantes culturales, y esas condiciones de necesidad a superar históricamente en una larga lucha de la humanidad en su conjunto; se contempla atónitos los beneficiosos avances de la ciencia en la manipulación genética, pero se despiertan las más terroríficas sospechas que generan incluso un sentir y natural pronunciamiento en contra de la ciencia en general; y ello converge precisamente en la capacidad de clonación de los seres humanos mismos, en donde se llega a límite de la consideración misma del ser humano como ser humano; y se condena ferozmente el autoatentado a la vida, a la vez que con ello se coarta el sentimiento de honor y dignidad de la persona sobre sí misma.

 

De todo ello se concluye que los problemas de la metaética deben tener como necesaria condición en su análisis, la capacidad de abstracción para concebir la sociedad en un próximo futuro; pero no para imaginar lo que la sociedad será como consecuencia de las implicaciones a la solución de tales problemas en uno u otro sentido; sino, inversamente, imaginar la sociedad deseable,  y en función de ello determinar sobre las implicaciones positivas o negativas de los problemas metaéticos.

 

Más aún, no sólo imaginar la sociedad deseable en forma de una utopía, evidente y necesariamente, de una sociedad en la que reinan los mejores y más elevados valores morales, que ello será de fundamental necesidad (absurdo resulta imaginar una sociedad futura en la que reina la proyección de los mismos valores de la sociedad actual); sino imaginar la sociedad en términos de su necesario desarrollo económico-político, que implica el juicio intelectivo de certidumbre, y los valores más elevados que serán el fundamento moral de esa sociedad, que plenamente humana, hará más por su humanización, incluyendo el juicio de valoración estética.

 

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