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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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5 agosto 2010 4 05 /08 /agosto /2010 08:02

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

 

Evolución del Concepto de Espacio

en el Pensamiento Materialista Contemporáneo.

  Ponencia, III Encuentro de Geógrafos

de América Latina, 1991 (2/5)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, D.F; 09 ago 10.

 

 

El concepto de espacio

en el pensamiento materialista dialéctico.

 

Dos son las aportaciones fundamentales de su análisis crítico, primero, el explicar el concepto de espacio en Feuerbach-Engels-Lenin, que esencialmente han influido en el curso del siglo XX, en el análisis concreto de su situación histórica concreta (su crítica a la fenomenología del Espíritu, de Hegel, y al empirocriticismo; y el antinewtoniano horror vacui propio de su tiempo); y en segundo lugar, distinguir las contradicciones internas y externas en la dialéctica de lo continuo y lo discreto, que prepara una nueva interpretación materialista dialéctica, ya urgente en los más diversos campos de las ciencias.

 

La falta de una teoría de espacio geográfico, de la teoría de la categoría fundamental de la ciencia de la geografía, ha traído como consecuencia, por razones empíricas e intuitivas, que en nuestra disciplina de conocimientos se estudie, no la realidad y naturaleza del espacio en sí, realidad que en principio, por algunos, se niega, sino aquellas formas materiales en la expresión de sus propiedades espaciales.

 

Y así, a reserva de elevarnos de esta noción empírica e intuitiva a las generalizaciones teóricas, diremos en principio, que no se estudia el espacio, sino los fenómenos que ocurren en él y sus propiedades espaciales: el lugar, la situación, los límites, la extensión, las conexiones y las relaciones.

 

Carentes de su generalización en una teoría del espacio geográfico, estas propiedades no designan más que una condición de referencia de otro objeto de estudio, considerado como cualquier proceso natural o social.

 

Y ciertamente, pareciera no haber más que preguntarse al respecto, pues la localización, o los límites, etc, son siempre de algo, y en la mente del geógrafo actual, ese algo y no su “simple” condición de referencia, es lo que importa; no obstante, la Geografía pierde razón de ser ante la especialización de las ciencias en los infinitos fenómenos.

 

En un esfuerzo hacia una teoría general del espacio geográfico, la abstracción de esas propiedades en otras más generales y esenciales, nos conduce a la consideración de la realidad material de los estados de espacio continuo o discreto; esto es, vacuo o pleno; de campo o sustancia; y a partir de ello, a la relatividad conceptual de los sistemas de referencia y su inversión, biunivocidad o reciprocidad.  Y así, no será el espacio sólo el sistema de referencia de las cosas, sino las cosas mismas, sistemas de referencia del espacio, en el indisoluble vínculo de lo continuo y lo discreto, de lo vacuo y lo pleno, de la sustancia y el campo.

 

En el decurso del pensamiento materialista filosófico, gracias a un poderoso esfuerzo de abstracción, se han venido desentrañando esas propiedades generales y esenciales del espacio.  Ya Anaximandro al referirse al la primordialidad del ser, la definió como el ápeiron (o el pneuma ápeiron); un hálito infinito e indeterminado, significando ésta una profunda definición de la materialidad del mundo y de su unidad misma en dicha materialidad, en lo cual iba la noción de espacio.

 

Esta noción era en general la del vacío; lo existente entre dos átomos, como más adelante lo definiera Demócrito.  Fue en este concepto de lo vacuo, donde se encerraron buena parte de las demás propiedades del espacio: continuidad, extensión, isotropía, simetría, homogeneidad, uniformidad, conexividad, geometría o métrica.

 

Durante el Renacimiento, estas ideas materialistas fueron nuevamente reproducidas principalmente por Bruno, y luego en la Ilustración por Newton; pero la débil crítica, inicialmente en la segunda mitad del siglo XVIII de Leibniz y Kant, resuelta por Euler, se hizo aguda e inteligente crítica durante el siglo XIX con Faraday, Maxwell y Mach.

 

El “horror al vacío” y el criticado e inconsistente espacio absoluto newtoniano, precavió primero a Feuerbach y luego a Engels, en quienes el vacío pasó a ser categoría filosófica, y el espacio se definió, en el primero, como una condición esencial del ser”, y en el segundo, como una “forma fundamental de todo ser”.  Este significo un momento crucial para el desarrollo del pensamiento materialista.

 

En la crítica de Feuerbach (1804-1872), a la Fenomenología del Espíritu, de Hegel, señaló que el espacio no era una simple forma del fenómeno (no una intuición o manifestación del espíritu), sino una condición esencial del ser, en donde “las cosas –dice Feuerbach (citado por Lenin)– no presuponen el espacio y el tiempo, sino que el espacio y el tiempo presuponen las cosas, pues el espacio o la extensión, presuponen algo que se extiende…  Todo es espacial o temporal”[1].

 

Dicho concepto, “condición esencial del ser”, no fue del todo feliz; con las críticas de Mach se introdujo una ambigüedad por la que podía entenderse: a) que el espacio es una forma más, incluso la forma esencial, entre las infinitas formas de la materia; o b) que el espacio no es mas que una cualidad de las cosas materiales, una propiedad tal por la cual las cosas no existen en el espacio, sino que su existencia es espacial; siendo así como lo plantea Feuerbach, y que en términos idealistas (subjetivamente, como una forma de percibir las cosas), fue expuesto por Leibniz, Mach, y Pearson.

 

De este modo, en el primer caso, el espacio existe objetivamente –digámoslo por ahora, empírica e intuitivamente en principio– independientemente de las cosas.  En el segundo caso, la objetividad del espacio está dada no por esa “existencia independiente”, sino por una cualidad real y objetiva de las cosas objetivamente existentes.

 

Tras las críticas de Mach al concepto objetivo del espacio, derivadas de la comprensión limitada de la materia únicamente como lo corpóreo-sustancial, y en ese ambiente de ya inconsistencia total del espacio vació newtoniano que se intentaba llenar o suplir con el éter, Engels hacia sus primeras notas del estudio al respecto, analizando el problema de la infinitud; y en 1874 apuntaba: “Lo verdadero, situado ya certeramente por Hegel en el espacio y en el tiempo”[2].  Esto es, que aquí Engels compartía con Feuerbach, desde el punto de vista materialista, el caso b)[a], y aún más, que en la sucesión ininterrumpida de las cosas materiales estaba dada la continuidad infinita.  Pero como ha sido el pensamiento materialista a lo largo de la historia, a Engels le aguijoneaba también el problema del vacío, y en ese año hace un par de notas más, tras revisar la teoría cinética del gas: “¿Qué es lo que llena los espacios intermedios?... éter –decía Engels, y continúa–.  Se formula pues, aquí, el postulado de una materia no dividida en células moleculares o atómicas”[3] (anotando más adelante, sobre el problema litigioso, como él le llama, del problema de éter), y luego apunta.  “Carácter antagónico del desarrollo teórico: del horror vacui se pasa inmediatamente al absoluto del espacio cósmico vacío, y solamente después, al éter”[4].  Es decir, Engels reflexiona y ve ese antagonismo entre el espacio lleno de Hegel y el vacío newtoniano luego vuelto a llenar, o más propiamente dicho, sustituir con el éter, por demás –como dice Engels– en situación litigiosa.

 

Unos años después, en 1877, Engels haría otras notas más refutando a Nageli, quien decía que podíamos saber lo que era el metro, pero que ignoramos lo que era el espacio; y Engels apuntaba: “Es la historia de siempre.  Primero se reducen las cosas sensibles a abstracciones, y luego se les quiere conocer [a esas abstracciones], por medio de los sentidos, ver el tiempo y oler el espacio… ¡Como si el tiempo fuera otra cosa que una serie de horas, o el espacio otra cosa que una serie de metros cúbicos!  Las dos formas de existencia de la materia no son, naturalmente, nada sin la materia, solamente ideas vacuas, abstracciones que solamente existen en nuestra cabeza”[5].

 

Hasta aquí, para Engels (como para Feuerbach), el espacio es una abstracción cuya forma de existencia objetiva y concreta se reduce a la espacialidad de las cosas.  Y así en Engels, el concepto, “forma fundamental del ser”, como él le llamó en 1878 en su Anti-Düring…, pasó a ser expresión en el marxismo o materialismo contemporáneo, de la forma de existencia de la materia, o forma en que la materia existe, y precisamente de una de sus formas más generales o fundamentales; es decir: pasó a designar apenas una cualidad común a todo al materia.

 

El problema de la concepción materialista del espacio, no fue retomado sino hasta principios del siglo XIX con Lenin, no siendo pues, casual, que así lo hiciera en su Materialismo y Empirocriticismo, que constituye fundamentalmente una crítica a las concepciones de Ernest Mach.

 



[1] Ilich Ulianov (Lenin), Vladimir; Cuadernos Filosóficos (apuntes, 1895-1910); Editorial Política, La Habana, Cuba, 1964; Obras Completas, t. 38; p.64.

[2] Engels, Federico; Dialéctica de la Naturaleza (apuntes 1873-1886); Grijalbo; México, 1961; p.201.

[a] Revisado este documento veinte años después, vemos que esta cita es del todo inconsistente, e incluso contradictoria.  Si por lo “verdadero” ha de entenderse las cosas, el espacio correspondería, en el caso b), a las propiedades espaciales de esas cosas verdaderas.  Pero cuando Engels apunta que eso verdadero, está situado en el espacio…, hay una contradicción al reconocer la existencia objetiva e independiente del espacio respecto de las cosas verdaderas, y, en consecuencia, la coincidencia de la posición de Engels no es con Feuerbach y el caso b), sino con el caso a).  En esta cita, lo que hay, es más bien la evidencia de una contradicción en Engels dadas sus primeras notas acerca del concepto de espacio, inconsistencia reconocida más tarde.  En 1877, como se verá más adelante, depura su idea coincidiendo ya plenamente con Feuerbach.

[3]      Ibid, p.246.

[4]      Ibid, p.246.

[5]      Ibid, p.200.

 



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