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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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5 febrero 2012 7 05 /02 /febrero /2012 23:05

Federico-Engels--1820-1895-.JPGFederico Engels, y la Dialéctica Materialista.  Artículo, 2012.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

06 feb 12.

 

Federico Engels (1820-1895), fue copartícipe con Carlos Marx, en la elaboración de la doctrina del marxismo, es decir, de la creación de la economía política y de la teoría del socialismo científico, con fundamento ambas en la filosofía del materialismo dialéctico por ellos mismos desarrollada.

 

Así como Marx hizo la crítica de Hegel, Engels hizo la crítica de Schellin, “Schellin y la Revelación”, 1842; uno de los idealistas clásicos alemanes, junto con Kant, Fichte y Hegel.  Engels, alemán radicado en Inglaterra, observa las condiciones de vida de la clase obrera en el país más adentrado en el desarrollo del capitalismo, y de ahí que en sus primeros trabajos, preparados previo a entrar en amistad con Marx, fueron. 1) “Bosquejo para una Crítica de la Economía Política”, 1844; y 2) “La Situación de la Clase Obrera en Inglaterra”, 1845; trabajos en los cuales, ya desde ese momento, Engels descubre en el proletariado a la clase social depositaria de las futuras transformaciones sociales.

 

El Prefacio a la segunda edición (1892) de “La Situación de la Clase Obrera en Inglaterra” (1845), es profundamente ilustrativo, no sólo por el tiempo transcurrido entre la primera y la segunda edición, que deja ver cómo en ese lapso el mundo cambia notablemente; sino por cómo Engels muestra que en ese mundo cambiante, la esencia del capitalismo, no obstante sus adecuaciones, se mantiene la misma: la inmoralidad disfrazada del capital, la condición colonial de unos países, destinados a absorber la producción de las potencias imperiales. El cómo los adelantos tecnológicos en manos del capital contribuyen a la depauperación del proletariado más allá, incluso, de toda frontera, el inacabable proceso de apertura al mercado de China; la renovación, una y otra vez, del truk-system (o pago del salario, ya con mercancía de tiendas de los mismos patrones; o los “vales” para la adquisición de mercancía como complemento del salario); la corrupción sindical para poner a estas organizaciones colaboracionistamente a su servicio; y, en todos los casos, manteniendo al proletariado en la miseria.

 

En 1845 toda esa inmoralidad estaba representada por Inglaterra; para 1892, Engels expone cómo ésta ha comenzado a perder el monopolio de la bajeza en la condición humana, y con Estados Unidos al frente, varios países desarrollados más, marchan alegres a la putrefacción, que no pareciera tener límite, pues un siglo después, apenas y puede ser creíble el grado de descomposición moral (más que su ruina económica o su cinismo político), en la cual se ha hundido ya el capitalismo.

 

Como en la historia de la ranita que sumergida en un balde con agua que poco a poco se calienta hasta el hervor, y a la cual se va resignando hasta su muerte sin hacer el menor intento por saltar; así, para el año 2012, pareciera ser ya la condición de la sociedad, para la que esa inmundicia moral es su forma aceptada de vida.

 

Engels, en carta a A. Sorge en 1874, entendiendo la salida de éste de la I Internacional, le dice: “la vieja Internacional ha dejado de existir”, y previó, con dudas en lo razonablemente no-creíble, el colapso de esa sociedad en una gran represión; no obstante, dada luego en la locura de la I Guerra Mundial, de la que grandes masas obreras fueron víctima; tras ese colapso en el que dudaba, de darse, auguraría el surgimiento el surgimiento de una nueva lucha proletaria internacional; misma que ocurrió con el triunfo de la Revolución Socialista en Rusia de 1917.

 

A veces, viéndose la decadencia actual y la capacidad autodestructiva en manos demenciales que han perdido toda noción de la realidad, se pierde toda esperanza y ya sólo se puede augurar el gran colapso final de nuestra civilización.  Acaso sólo el optimismo a que nos obliga el pensamiento marxista de confiar en las masas proletarias, nos impone el considerar que, tras la próxima gran represión ya a la vista, un gran estallido de lucha proletaria internacional, por último, pondrá fin a este oprobioso e inhumano orden social.

 

En esa misma carta a Sorge, Engels ya sólo veía una real alternativa en la futura asimilación del marxismo por el movimiento proletario internacional.  Como la historia lo hizo ver, ocurrió aquello en lo que menos creía que pudiera ocurrir; y aquello en lo que confiaba, no sólo no ha sucedido entre las masas, sino hoy, en la práctica, se encuentra totalmente olvidado, tras veinte años del derrumbe de los estados socialistas.  La confusión, y el caos inmediato que ya se vislumbra, es enorme; y sólo una profunda reflexión acerca de las nuevas condiciones económico-políticas y sociales, a la luz del materialismo dialéctico, a la luz del marxismo como el pensamiento de Marx y Engels, podrá alumbrar los nuevos derroteros de la humanidad.

 


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