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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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19 septiembre 2010 7 19 /09 /septiembre /2010 23:00

Clich--Filosof-a

Define: Realidad.  Artículo, 2010.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 20 sep 10.

 

Molesto, profundamente molesto con el final de esta realidad, el 15 de septiembre me abstraje de ella.  Lo primero, para ello, era apagar la television.  Lo segundo, poner una suave música de fondo (adios a ese México en abstracto, nada de música folklorica de rancheras o mariachis); México, por territorio, es ahora América Latina, África, Asia, Oceania; por espiritualidad, el proletariado internacional concreto.  Adios a ese México en abstracto, tendrá que ser de otro modo.

 

Luego me puse al frente de la computadora y comence a redactar las pequeñas frases del sentimiento a la vista de la curiosa fotografía usada como ejemplo de un caso de algo que se conoce como pareidolia (un efecto óptico que permite asociar cosas), y que es la muestro a continuación.

 

 NubeArbol_thumb.jpg

Árbol de Nube.

[Fuente: Ruiz Noguez, Luis; http://marcianitosverdes.haaan.com]

 

 

Poco después de rescatar esta curiosa imagen, el 13 de septiembre vi otra con un ambiente natural semejante, que tomé del portal de hotmail, y es la que ahora muestro, con el nombre, tambén curioso que yo le asigné, de “Bosque de Amores Rectos”.

 

 AB679A41B28E8D2FBDF0B92F214EE9.jpg

“Bosque de Amores Rectos”.

[Fuente: http://col.stb.s-msn.com/i/12/AB679A41B28E8D2FBDF0B92F214EE9.jpg]

 

 

El efecto óptico que podía generalizarse en ambas imágenes, me inspiró un poema que filosóficamente trata sobre la realidad, pero velada por la poemática fantasía.

 

Filosóficamente trata sobre la realidad…, pero el primer problema filosófico a resolver, es definir qué es “realidad”.  Más aún, antes debemos aclarar qué es “definir”.

 

Así, definir algo, en nuestro marco teórico dialéctico materialista, es enunciar las propiedades más generales y esenciales del objeto.  Como ello es difícilmente posible de una sola vez y para siempre, ello será susceptible de su profundización.  De este modo, definir el concepto de “realidad”, es enunciar la propiedades más generales esenciales de la misma.

 

Con arreglo a ello, qué es, pues, “realidad”: es el mundo objetivo.  Y por “mundo objetivo”, ha de entenderse el mundo de los objetos materiales fuera del pensamiento, o del cual el pensamiento, los conceptos o las ideas, son sólo su reflejo en el cerebro.

 

El que la realidad es el mundo objetivo, dicho hasta ahí, es una opinión en común entre materialistas e idealistas.  La diferencia se presenta cuando hay que interpretar en qué consiste ese mundo objetivo.  Para el materialismo, hemos visto, es el mundo de los objetos materiales fuera del pensamiento; pero, para el idealismo, existen dos posibles interpretaciones: 1) aquella en que el mundo objetivo es exclusivamente el mundo de las ideas (es decir, el mundo de los objetos materiales fuera del pensamiento es sólo un “mundo aparente”), posición conocida como del idealismo objetivo, o metafísico; y 2) aquella en que el mundo objetivo se reconoce como algo existente fuera del pensamiento, pero a manera de una “objetivación de las ideas”; es decir, donde la idea crea al objeto, o el objeto adquiere rango de existencia en tanto es reconocido en la idea, en tanto es pensado; y a esta posición se le conoce como idealismo subjetivo o fenomenológico.

 

Y ahora vienen a cuento las imágenes.  Nuestra posición es materialista dialéctica, luego entonces, la realidad en la imagen del “Árbol de Nube”, la realidad entendida como el mundo de los objetos materiales fuera del pensamiento, es la de un árbol de otoño, sin follaje, que tras de sí, en perspectiva, se ve una nube que, curiosamente, se adecua muy aporximadamente a la distribución de la enramada.  Hay un objeto árbol y un objeto nube independientes y uno muy lejano del otro.  Bastaría moverse en un ángulo de 90º en cualquier dirección en torno al árbol, y esa disociación de objetos quedaría absolutamente clara.  Esa es, pues, la realidad objetiva, y como tal objeto de estudio de la ciencia.

 

Pero, desde el punto de vista idealista, también podemos decir que la realidad es otra; y la propia al mundo de nuestras ideas.  Y, en consecuencia, la realidad, es el mismo Árbol de Nube como tal; y desde esa posición, nada hay que lo impida, pues el mundo ha de ser conforme lo pensamos.

 

Hasta ahí, todo ello es filosofía, teoría del conocimiento (gnoseología o epistemología); cada cual ha de tomar necesariamente su posición, y lo hará, así sea incoscientemente.  Otra cosa es cuando ésto lo llevamos al campo de la sistematización del conocimiento en la ciencia.  Y aquí el problema se resuelve, más allá de lo ideológico, por cuál teoría del conocimiento no permitirá una interpretación más acertada de la realidad, de modo que ello nos faculte para la transformación de la misma.

 

En esa interpretación y transformación científica de la realidad (lo que de momento se entienda por ella), supongamos que deseamos obtener agua de lluvia de esa nube: a) ¿subiremos al “Árbol de Nube” a podarlo?, o b) tomaremos un avión y esparciremos yoduro de plata sobre esa misma nube, porque entendemos que está muy lejos del lugar, y a varios cientos de metros de altura.

 

Pero, también, hay otro aspecto del problema y no menos interesante: el aspecto literario, que tiene que ver con la espiritualidad humana (lo cual no quiere decir, ni tiene nada que ver, con religión), con la creatividad del arte y la cultura.

 

Sin duda, podríamos hacer un poema con un avión, con yoduro de plata y la nube, pero, en este caso, nada más bello que la alegoría de subir al árbol y tomar un pedazo de nube.  Obtendremos lo mismo, sólo que, en este caso, de manera simbólica.

 

Los dos aspectos son necesarios para el enriquecimiento humano, y la imagen esquisita del “Árbol de Nube” asociado a la imagen que llamamos del “Bosque de Amores Rectos”, nos inspiró para un poema, construido sin mucha rigurosidad, al vuelo, en esa tarde iturbidista en que a los conservadores les tocó “celebrar” su docientos aniversario; en este triste día en que para nosotros se acabó esa abstracción que llamabamos México, del que nada de él es patrimonio mío, y solo significa el ser humano oprimido; en el ambiente centenario del triunfo constitucionalista democrático-burgués:

 

 

Define: Realidad.

 

            A todas y cada una

             de las mujeres lectoras

             de esta revista

            (para quién más

             se hace un poema)

 

 

 

Mi amor es como un árbol que sube hasta el cielo,

cuyas ramas transpiran sentimientos que se condensan en nubes;

es, pues, su hojarazca, unas veces copos de nieve suaves,

otras veces, duros y diamantinos cristales de hielo.

 

Mi amor es ondulado árbol que sube hasta el cielo,

lejos del bosque de ataduras y sus amores rectos;

para la doncella, cobijo a la sombra y su secretos,

al pie del rústico camino que allá se pierde al vuelo.

 

Mi amor es algodonoso follaje en el azul cielo,

que brilla aún tras la puesta del Sol en el ocaso,

e infinito proyectado al Universo en un abrazo;

dialécticamente dos, siendo lo bello uno por celo.

 

Mi amor…, mi propio camino extraño hacia el cielo.

 

*

 


    

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía
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