Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog

Presentación Del Blog

  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
  • Contacto

Buscar

Archivos

3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 00:15

Ex-Libris InvertidoGeografía Básica.  Libro Básico de Consulta, 1994 (15/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

28 mar 11.

 

El menhir, es el equivalente pétreo, fijo y permanente, del gnomon, una vara encajada en el suelo en posición vertical, de cuya sombra se podía establecer el círculo horario, y su equivalente sexagesimal en grados (de grada o escalón, dispositivo que de algún modo debió haber sido complemento del gnomon).  De manera que el menhir o gnomon, constituye el primer instrumento geográfico, tal que, incluso, permite determinar una propiedad especial del espacio: el tiempo.

 

Se considera que el valor de distancia de 0.83 cm, conocido como “Yarda Megalítica”, es la unidad de espacio más antigua conocida.  Determinar este valor en ciertas mediciones prácticas, supuso el empleo de un instrumento, el segundo instrumento geográfico: la cinta métrica.

 

Se le empleó necesariamente para levantar los emplazamientos megalíticos de menhires conocidos como Alineamientos, con la exactitud que requerían para su función.  Pero con la cinta métrica, debió aparecer lo que actualmente conocemos como compás, dispositivo sin el cual no hubiera sido posible construir el cromlech.

 

Es decir, el menhir en forma de cromlech o henge, o el gnomon con una escala, formarán otro instrumento de observación y medición, que permitió desentrañar propiedades del espacio aún más complejas vinculadas al tiempo: las Estaciones del Año y sus Solsticios y Equinoccios.

 

Hasta aquí, hacer un mapa sólo requería de una correcta orientación, y una buena estimación de distancias.  Todas esas observaciones cosmográficas en que se apoyó la construcción de esos mapas, apenas eran el inicio del conocimiento de la estructura del espacio terrestre; el siguiente paso, sería discurrir de la “mecánica celeste”, a la “mecánica terrestre”, y ese paso le tocaría darlo a los griegos.

 

El último elemento preparatorio en ese sentido, consistió en la observación de la altura de la Polar, conforme el desplazamiento del observador, ya en dirección Norte o Sur (fig. 66).  Cuando el observador se desplaza al Norte, la altura de la Polar aumenta, al moverse hacia el Sur , la Polar deciende hacia el horizonte.


66-La-Altura-de-la-Polar.jpg

 

Si bien los cromlech fueron el medio de observación de los equinoccios y solsticios; levantados así, megalíticamente para mostrar de ese modo la eternidad de una regularidad y la solidez de una ley natural; no quedó, sin embargo, registro de mediciones.  Esta última fue, por lo tanto, la contribución específica de los griegos como Eudemo y Dicearco, quienes finalmente, uno, aproximó las medidas de los trópicos, y otro las determinó con precisión.

 

Desconocemos el procedimiento que emplearon, pero entre Anaximandro (610-547 ane) y Dicearco (326-296 ane), es decir, entre los siglos VI a III ane, se produjo un enorme salto en el intelecto: se pasó de la concepción plana del mundo, a su concepción esférica (fig. 67); en todo caso, por la especulativa conjetura de Pitágoras (580-500 ane) acerca de la figura geométrica perfecta, y luego, principalmente por la conjetura evidenciada de manera práctica por Aristóteles (384-322 ane), al señalar la curvatura de la Tierra sobre el disco de la Luna, y la esfericidad de la Luna misma, considerada por las sombras de su propio relieve; esto es, justo en el siglo IV ane.


67-Espacio-Geografico-Aristotelico.jpg

 

Es decir, muy probablemente el recurso para determinar los 23º 27’ de latitud para los trópicos; que ya suponía de por sí la concepción de la Tierra como una esfera seccionada por una serie de líneas imaginarias; un ecuador o línea de círculo máximo que divide a la Tierra en dos hemisferios con centro en los polos norte y sur; por los paralelos que definen los valores angulares de latitud (anchura) entre 0º y 90º entre el ecuador y los polos en una serie de círculos paralelos al ecuador; y los meridianos (de “medio día”), que a su vez definen los valores angulares de longitud (largura) entre 0º y 180º tanto al Este como al Oeste a partir de un Meridiano de Origen convencional; o líneas imaginarias que a su constituyen círculos máximos que seccionan la Tierra pasando por sus polos; se logró con la determinación de la sombra cero del gnomon, en relación con la altura de la Polar; que hacía de dichas conjeturas una verdad científica demostrada: la Polar se elevaba, porque el plano por el que se movía el observador hacia ella, no era recto, sino curvo: precisamente el correspondiente a una esfera.

 

Así, no sería difícil concluir que la determinación de la latitud de los trópicos se haya definido con el ángulo de la altura de la Polar medido con el astrolabio, en el punto de sombra cero del gnomon in situ.

 

Si al cuadrante de 90º de una esfera se le restan los 23º 27’ de la latitud de los trópicos, el resultado de 66º 33’, corresponderá a la latitud de los círculos polares; línea paralela al ecuador en la cual los rayos solares tocan tangencialmente la superficie terrestre en el momento de cada solsticio.

 

En cuanto a la medición de esa propiedad especial del espacio: el tiempo, no fue, sin embargo, sino hasta 1882 en que quedó determinado por una distribución regular de valores longitudinales de 15º cada uno, conocidos como Husos; resultado de dividir los 360º del círculo ecuatorial, entre 24 partes u horas.

 

El origen de su medición a partir de un Meridiano Central, ha cambiado en distintos momentos de la historia.  El primero de ellos en el período heleno-romano, se estableció en el Meridiano de Rodas.  Más tarde, en el período del Imperio Español, en las llamadas “Columnas de Hércules” o Estrecho de Gibraltar; y, finalmente, en nuestra época, en el Observatorio de Greenwich, en Inglaterra.  A partir de allí y en dirección hacia el Este (Oriente o Levante), cada 15º se cuenta progresivamente una hora, y en el Antemeridiano, a los 180º, pasando por el Estrecho de Bering y prolongándose por el centro del Océano Pacífico, se establece la Línea Internacional del Cambio del Tiempo (o cambio de día) [fig. 68].


68-Husos-Horarios.jpg

 


Compartir este post

Repost0

Comentarios