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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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10 abril 2011 7 10 /04 /abril /2011 23:14

Ícono GeoeconomíaGeografía Económica y Política Mundial.  Tres Conferencias.  Monografía, 2006 (14/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica 

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

26 mayo 11.

 

Historia del Uso y Aprovechamiento de los Recursos Naturales

 

Del origen símido-antropomorfo de la especie humana al momento en que ésta aprende a dominar el fuego, transcurrió la historia paleolítica de dos a tres millones de años.  Echar mano de una rama de árbol caída, o de una piedra cualquiera, para el uso que fuese, inició esa relación del ser humano con la naturaleza que dio lugar a un problema teórico de fundamental importancia: el ser social humano, estaba ahí para convivir con la naturaleza aprovechando los recursos que ésta le ofrecía; o, en la medida que incidía en ella y la alteraba haciendo un uso y aprovechamiento cada vez mayor de la naturaleza para su bienestar, lo que se le planteaba era el imperativo de la conquista y dominio de la misma (invertir la situación de sometimiento y dependencia del ser humano a la naturaleza).

 

La respuesta bienintencionada de aquel que sin más observa el saqueo y deterioro de la naturaleza, la contaminación ambiental y el daño ecológico al planeta, no podrá sino sentir una enorme aversión y desprecio a esa última idea, que sin duda le parecerá aberrante dado el contenido social y político de dichas categorías de “conquista” y “dominio” de la naturaleza.  Mas cuando esa respuesta viene del intelectual, y más aun del especialista ya en ciencias naturales o sociales, no revelará sino ignorancia, o una devastadora hipocresía.

 

La solución es simple: la especie humana, para ser lo que ha sido y en el futuro sea, ha requerido y requerirá del uso y aprovechamiento de la naturaleza, y ello provocará de manera necesaria su alteración, el cambio de las condiciones promedio del ambiente.  Su “convivencia” con la naturaleza, para nada pasiva, contemplativa, donde la vida del ser humano se reduce a mera existencia, no puede ser entonces otra, que la de su conquista y dominio.  Conquistar y dominar a la naturaleza es condición de necesidad para el progreso (superación; de progressus o progredi, gradación hacia delante, avance, caminar adelante; entonces el avance tanto cuantitativo como cualitativo de la sociedad), y desarrollo  humano (conciencia de la necesidad; hacer pasar algo –en este caso, la humanidad–, por una serie de estados sucesivos cuantitativa y cualitativamente superiores cada uno); de modo que esa superación humana con conciencia de la necesidad, de hecho ha sido así a lo largo de la historia, y no podría ser de otra manera.

 

Mas esa conquista y dominio de la naturaleza ha dependido a lo largo de la historia, no sólo de esa abstracción dada en su capacidad transformadora de la misma, sino de esa condición concreta dada en su capacidad para organizarse y producir los bienes materiales para su subsistencia; esto es, para dar lugar a un modo de producción económico-social, de cuyas características dependerá no sólo el potencial, sino la racionalidad misma para la transformación del medio.

 

En los modos de producción precapitalistas, la incidencia transformadora de la sociedad en la naturaleza era a tal punto insignificante, dada la escasa población y el aun bajo desarrollo tecnológico, que de hecho se juzgaba a la naturaleza como un abasto de recursos infinito, difícilmente dañable.

 

Con el aprendizaje del cultivo de la tierra iniciado hace unos 15,000 años, aparte del pastoreo, la producción aumentó y fue posible que la población creciera; con ello se transitó al período neolítico.  Ya en el curso de éste, evolucionó la artesanía, parte de la cual, fundamentalmente, fue el trabajo de los metales; hasta que, con la aparición de las ciudades garantizado su sostenimiento por ciertos excedentes de producción, se fundaron las primeras grandes civilizaciones, y con ellas, al mismo tiempo, se transitó abiertamente a la llamada Edad de los Metales, dado el conocimiento de la fundición del hierro.  Con el hierro se fabricaron las espadas, y con éstas apareció, hace unos 5,000 años, el régimen esclavista.

 

La mano de obra esclava resolvió todo por más de 3,500 años hasta la caída del Imperio Romano en el s.V; con la toma de Roma por Odoacro, rey de los hérulos, los esclavos son liberados, y la necesidad de producción aguzó el ingenio para sustituir la fuerza de trabajo de aquel, con ciertos formas que condicionaban a los siervos mediante el tributo, a acumular riqueza en manos de los Señores Feudales; y luego de la medieval Edad Oscura entre los ss.V y X, el molino de agua romano fue modificado a molino de viento en el s.XII, y a partir de ahí, una profusa historia de desarrollo tecnológico no ha cesado.

 

Con el surgimiento del régimen capitalista en el s.XVI (formalmente ocurre cincuenta años antes, dado que se establece la fecha 1453, con la caída de Constantinopla, el fin de la Edad Media y su modo de producción feudal; y tras ello, el inicio de la Época Moderna, y su modo de producción capitalista), el renacimiento y la ciencia de la Ilustración multiplicaron el potencial transformador de la naturaleza hasta el punto de crear la imagen del Hombre-Zeus, que poseedor de la ciencia, se hacía finalmente el conquistador y dominador de la naturaleza.

 

El problema se empezó a suscitar con la aparición histórica –por demás, objetivamente necesaria, y no entendible como si fuese sido una “mala elección”– del modo de producción capitalista.  El ser humano desarrolló un enorme potencial transformador, que para fines del s.XX, nos problematizó sobre la racionalidad de nuestra relación con la naturaleza.  Y una respuesta falsa a tal problema, ha sido el pretender renunciar a la conquista y dominio de la misma, cuando la respuesta correcta a tal problema, es establecer, económico-políticamente, la conquista y dominio racional de la misma.  Esto es, hacer lo que ha sido una necesidad histórica para la especie humana respecto de la naturaleza, pero hacerlo ahora, porque ahora esa es la conciencia de la necesidad, con fundamento científico y bajo condiciones de justicia e igualdad social a escala mundial.  En otras palabras, desarrollar la capacidad para establecer un modo de producción económico-social diferente al capitalista.  Un modo de producción en el cual, para empezar, la naturaleza deje de ser valor de cambio, mercancía, para ser lo que socialmente necesitamos que sea para convivir racionalmente con ella en ese proceso de conquista y dominio, es decir, para que sea exclusivamente, lo que en su esencia debe ser: valor de uso.

 

Así, el futuro de los recursos naturales, como del deterioro ambiental subsecuente, no es únicamente un asunto, para bien o para mal, de la capacidad científico-tecnológica transformadora del ser humano, sino esencialmente, un asunto de capacidad de reorganización económico-social y política de la sociedad*.

 



* A ello, el ilógico razonamiento posmodernista responde argumentando que si bien el capitalismo dio lugar a la Ilustración, y los desarrollos científico-técnicos de ésta provocaron la Revolución Industrial, hoy, al “volverse la industria, la ciencia y la técnica, contra la sociedad”, nos plantea –luego entonces, a decir de este razonamiento sofístico–, el cambio del “paradigma de la ciencia y de la técnica”, y de hecho, el abandono mismo de la ciencia ilustrada de la modernidad.  Mas en ese sofisma, lo que el posmodernista hipócrita oculta, es la causa real: el modo de producción económico-social, el sistema económico-social capitalista.  Y al pronunciarse en contra dela ciencia y de la técnica como responsables de la situación actual, lo que promueve no es sino un nuevo oscurantismo.  El problema no es de la ciencia y de la técnica, sino de aquel que la ha enajenado a la sociedad para sus propios fines: el monopolio capitalista.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Educación en Geografía
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