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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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3 julio 2011 7 03 /07 /julio /2011 23:03

Ícono GeoeconomíaGeografía Económica y Política Mundial.  Tres Conferencias.  Monografía, 2006 (20/20).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica 

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

04 jul 11.

 

b) El Modelo Socialista del Uso y Aprovechamiento

de los Recursos Naturales.

 

Así, el capitalismo mismo, engendra las condiciones materiales y espirituales para su propia transformación.  Y esa transformación no puede ser en otra dirección, por ley histórica, económico-política y social, que en dirección del modo de producción social socialista.

 

No es asunto de elección, de buenos deseos, de invención de posibles geniales teorías político-sociales y económicas alternativas.  Es simple y llano asunto de ley económico-política del objetivo progreso y desarrollo social.  El socialismo habrá de ser, no sólo porque no haya otra alternativa, sino porque así es, por ley histórico-social, como la sociedad habrá de resolver, y sólo así habrá de resolver, los problemas fundamentales de su subsistencia.

 

La transición a ello es en general impredecible, pero cada sociedad actual bajo sus propias condiciones, habrá de resolver si será por vía pacífica en una larga transición político-social, o por vía armada, en una dolorosa transición producto de la intolerancia y falta de capacidad para aceptar los necesarios cambios.

 

A diferencia de los anteriores modos de producción cuyas características surgían y se desarrollaban ya desde el seno del régimen que desplazaban, el modo de producción socialista a lo más, hereda esa alta socialización del capitalismo monopólico imperialista; pero habrá de establecer primero, como condición necesaria, su propio Estado, de modo que desde ahí, no sólo se imponga una economía planificada, sino más aun, se garantice la libre actividad creadora de las masas trabajadoras.

 

El socialismo ha de ser como la real democracia, es decir, como el real poder del pueblo.  Mas la democracia socialista reviste un problema complejo a la vista de nuestra vida capitalista actual: la democracia socialista, supone la dictadura del proletariado.

 

Políticamente, ello no es mas que la imposición de la voluntad de las mayorías (y abrumadoras, pues el proletariado representa hay en día más del 95% de la población), pero mayoría aun empobrecidas e ignorantes contra su voluntad; por lo tanto, con una gran inconsciencia política y social en muchos, susceptibles de ser utilizados por unos pocos económicamente poderosos, en contra del nuevo orden.

 

La democracia capitalista se devela como la real dictadura burguesa que es, cuando ciertamente ve en riesgo sus propios intereses: suspende las garantías individuales y los derechos de los trabajadores cancelando el “juego democrático liberal”, hasta reestablecer la imposición de su voluntad (la invocación de sus propias leyes de Derecho capitalista).  La democracia socialista no tiene reservas en declararse desde el primer momento como dictadura del proletariado, haciendo valer la voluntad de estos bajo las nuevas leyes de Derecho socialista.  Aquel que siendo asalariado sea por definición un proletario, nada tiene que inquietarse por tal dictadura, que en todo caso, no es sino la de su propia clase social.  Habrán de temer a ello los burgueses y los proletarios desclasados sin conciencia social y política, que no obstante, evidentemente, aun cuando todavía con un gran poder económico, serán los menos.

 

Aquello que en su origen histórico ha generado la división de las clases sociales: la propiedad privada de los medios de producción, la apropiación por unos cuantos de los medios que producen, distribuyen o financian los bienes materiales para la subsistencia de la sociedad en su conjunto (la tierra, el ganado, las fábricas, las cadenas comerciales, los medios de comunicación y transporte, los Bancos), de facto, habrá de ser abolido.  Más un proceso de nacionalización o expropiación más o menos complejo dependiendo del desarrollo de cada sociedad, tendrá lugar para que con ello la clase social burguesa, al paso de varias generaciones, se extinga, y con ella a su vez, la clase social proletaria no tenga razón de ser como tal; se llegará así a una sociedad sin clases; y en el futuro de esa sociedad, el Estado mismo proletario, no siendo más necesario para imponer la voluntad a nadie más, a su vez, se extinguirá y será sustituido poco a poco por una vida autogestionaria de la sociedad.

 

Esto fue teoría en el s.XIX; pero en el s.XX se convirtió en práctica social real bajo diversas experiencias (la URSS, China, los países de Europa Oriental, Vietnam, Camboya, Cuba, Angola, etc). En algunos casos experiencias deplorables (“culpas son de la historia, que no de España”, se suele decir en estos casos obviando el condicionamiento necesario de la historia), en otros, procesos virtuosos que constituyen la práctica social histórica de la formación del régimen socialista; tal cual a la burguesía le llevó tres siglos establecer su propio régimen capitalista (de la revolución burguesa de Guillermo de Orange en Holanda en 1546, a la revolución burguesa en Inglaterra de un siglo después, en 1648; par finalmente consolidar su régimen con la revolución burguesa en Francia, de 1789); lapso en el cual desde Maquiavelo, pasando por Bodino, Montesquieu, Locke, y Hobbes, hasta Rousseau, se fue formando la teoría política y social del nuevo orden de cosas.

 

En el régimen socialista desaparece la ley de plusvalía, sustituida por la ley del desarrollo armónico (proporcional) de la economía, o ley del desarrollo planificado.  La acumulación de capital ahora como riqueza social, no devendrá de la circulación de la mercancía, que como tal deja de existir, sino de la producción y distribución social planificada.  La acumulación de esa riqueza social, ya no será concentrada en unos cuantos, que, además, lo extraen y depositan en la Banca Internacional o multiplican en Bolsas de Valores o “paraísos fiscales”; sino, a cargo del Estado, esta riqueza pasa a integrar varios tipos de fondos económicos a partir de los cuales se redistribuye en forma de bienes materiales en beneficio de la sociedad misma.  El desarrollo planificado elimina las crisis económicas cíclicas de sobreproducción, pues la sobreproducción misma que se da no obstante la planificación, constituye reservas del Estado en dos tipos de Fondos: a) de acumulación (ampliación de la producción, construcción social y cultura, y reservas  y previsión), y b) de consumo (pago del trabajo, ciencia, educación y cultura, asistencia social, y administración pública).  Con base en ello, regirá el principio de: <<a cada cual según su trabajo, y a cada cual según su capacidad>>.

 

El principio fundamental de la planificación socialista, radica en la organización geográfica o territorial, ya para regulación de la producción, ya para dirigir la distribución.  Se crea así una división geoeconómica regional con base en la homogeneidad de las características de la base material de la producción, es decir, en función del uso y aprovechamiento lo más racional de los recursos naturales.  Así, los principios de la distribución geoeconómica de la producción son los siguientes: 1) acercar la producción a las fuentes de los recursos naturales o materias primas, de combustible y energía, así como a las zonas de consumo del producto; 2) distribución planificada del trabajo (el Estado es absoluto responsable de proporcionarlo) entre las regiones geoeconómicas; 3) distribución territorial de la industria en toda la extensión del país para el desarrollo de regiones atrasadas.

 

La planificación geoeconómica regional socialista (fundada en principio en el racional uso y aprovechamiento de los recursos naturales), un hecho real en la rica experiencia de los Estados socialistas del s.XX, es por definición, absolutamente opuesta a la economía de “libre mercado” (por definición, una economía en donde es imposible cualquier forma de planificación, y donde el recurso natural es una mercancía más, sujeta a ser excedente y objeto de especulación y despilfarro) del régimen capitalista, que crea cíclicamente las crisis económicas de sobreproducción.

 

La planificación y la utilización de los recursos naturales; no como mercancía o valores de cambio, sino como bienes o satisfactores sociales y en ese sentido como valores de uso; hacen del socialismo un modelo, por definición, más idóneo para el uso y aprovechamiento racional de la naturaleza, en ese proceso necesario de su conquista y dominio, que siempre será asintótico al infinito.

 


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