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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 09:33

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Geografía: Fundamento de su Teoría
del Conocimiento
; Elementos
para la Teoría del Espacio,
y éste como Objeto de Estudio
de la Geografía.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 11 feb 10.

  

II  Elementos para la Teoría del Espacio,

y éste como Objeto de Estudio

de la Geografía

  

1  El concepto de espacio en la historia

  

a)  El espacio como problema filosófico sobre su realidad.

 

Al abordar el análisis histórico del concepto de espacio, este nos plantea dos grandes nociones: 1) la de la realidad del espacio, y 2) la de la naturaleza del espacio, la que obviamente, da por supuesta la existencia real del mismo.

 

En consecuencia, es necesario primero analizar el problema de la existencia o no-existencia del espacio, o sea, el problema sobre su realidad; para posteriormente, bajo el supuesto de aceptada su realidad, pasar al problema de su naturaleza.

 

Si nos preguntamos si el espacio existente o no, nos preguntamos si el espacio es una realidad física, una realidad teológica, o si el espacio es simplemente un concepto subjetivo, una abstracción pura.

 

La realidad física del espacio es inherente a la filosofía antigua, propiamente de los siglos VI al III ane.  La escuela física de los jonios desde Tales de Mileto (ss.VI-V ane) hasta Demócrito de Abdera (460-370 ane), reconocieron la realidad física del espacio entendiéndolo como el vacío.  El  espacio es por ejemplo, en los términos de Demócrito, lo existente entre dos átomos ya que estos se mueven en el vacío infinito.

 

Dicho vacío es pues el recipiente o continente de los objetos y en tal sentido su exterioridad.  Asimismo, no sólo un elemento del mundo, sino una condición de su existencia.

 

Más tarde compartieron esta idea Epicuro (341-270 ane), y Lucrecio Caro (99-55 ane), en la teoría atomística de Demócrito.  Pero no solo los materialistas más radicales de la antigüedad sostuvieron dicha idea, la misma fue compartida por Empédocles (483-423 ane), materialista continuador en  la línea de Parmenides (ss.VI-V ane), de quien discrepaba radicalmente en el concepto de espacio; y por Zenón (490-430 ane) y los estoicos.

 

La segunda concepción del espacio es aquella que lo entiende como lugar o posición.  Platón, y propiamente Aristóteles, son los  exponentes de la idea en la cual se reconoce la existencia del espacio en tanto éste es sólo "el límite inmóvil que abraza un cuerpo"[1], o sea, que el espacio se aproxima a ser el cuerpo mismo en tanto que es su propia extensión, pero sin confundirse con el objeto.  Así predominó en la ultima etapa de la Antigüedad.

 

Una tercer concepción es desarrollada por Teofrasto (372-288 ane), discípulo de Aristóteles, para quien el espacio es la suma de relaciones entre los objetos y fenómenos en conexión.

 

La cuarta concepción acerca de la existencia real del espacio, esta en los neoplatónicos, hacia la decadencia del Imperio Romano (ss. III-IV dne), con Amonio Sacas e Hypátia en Alejandría, con Plotinio en Roma, con Jámblico en Siria, y finalmente con Proclo en Atenas; para quienes el espacio no es ni el vacío ni la extensión del objeto, ni la suma de relaciones; sino, siendo real el espacio, ese espacio existe tan solo como el objeto mismo, propiamente como lo extendido.  Para los neoplatónicos, el espacio es un atributo de Dios y Dios mismo.

 

La idea del espacio del discípulo de Platón, Aristóteles, no se aleja mucho, pues, de coincidir con la idea de  los neoplatónicos.  Es más aún, Sexto el Empírico las identifica: “Parece que para los peripatéticos, el primer Dios es el lugar de todas las cosas..."[2], o sea, el espacio, “En efecto según Aristóteles, el primer Dios es él limite de los cielos... (aquí habría que subrayar lo de limite), “...y desde el momento en que él limite de los cielos es el lugar de todas las cosas dentro de los cielos, Dios será el lugar de todas las cosas”[3].

 

No obstante, las cuatro concepciones anteriores, reconocen la existencia real del espacio, ya como atributo físico, ya como  atributo de Dios (Fig. 18).

 

Más allá está la concepción del espacio en el pensamiento filosófico de Parménides, en donde el espacio es negado en su existencia real y suplida conceptualmente por el objeto.  Parménides partía para ello de negar del vacío, postulando "lo que es, es; y lo que no es, no es”; el vacío (espacio) no existe, no es, en consecuencia, nada existente sino la plenitud absoluta del Ser...”[4], es decir, del cuerpo, del objeto: el espacio no es real, no existe.

 

Con esta quinta concepción se tiene el concepto subjetivo del espacio, en donde este es considerado como algo abstracto, suplible en forma objetiva y concreta por el objeto.  Esta es la concepción filosófica que niega la existencia real del espacio.

 

La ciencia en la Edad Media se reduce fundamentalmente al mundo árabe, como continuación del pensamiento aristotélico y su concepto de espacio.  En virtud de este concepto, no existe espacio donde no existe el objeto, entendiéndose por dicho espacio la extensión bidimensional del cuerpo.

 

Mas tarde, al final del Renacimiento (segunda mitad del s.VII), fue René Descartes (1596-1650), quien pasa a matematizar el espacio aristotélico con las coincidas coordenadas cartesianas; precisamente tras los trabajos de las proyecciones de Mercator, de tal modo que para Descartes el espacio real era la extensión del objeto (Fig. 19).

 

Fue en este punto donde intervino Leibniz (1646-1716), polemizando contra Newton (1643-1727), y argumentando que: "Si el espacio es una propiedad o atributo –decía– debe ser la propiedad de alguna sustancia.  El espacio vacío limitado que sus sostenedores suponen entre dos cuerpos: ¿de que sustancia seria  propiedad o afección?"[5], y Leibniz mismo fijaba su posición: "Yo considero al espacio como algo puramente relativo .., o sea, como un orden de coexistencias...,  ya  que el espacio señala en términos de posibilidad, un orden de cosas que existen al mismo tiempo en cuanto existen en conjunto, sin entrar en sus modos de existir"[6].  Lo que en cierto modo retoma el concepto de Tirtamo.

 

Finalmente, Kant (1724-1804), defendió esta idea en sus primeros escritos, abandonándola en 1768 en su trabajo "Acerca del Primer Fundamento de la distribución  de las Regiones en el Espacio”.

 

Pocos rechazaron la idea aristotélica incluso en el Renacimiento, pero los pocos que lo hicieron fueron gigantes de la ciencia: Giordano Bruno, que defendió del mismo modo que Telesio la opinión contraria a Aristóteles en el sentido de que, "el espacio debe poder ser receptáculo de cualquier cosa, de modo tal que, sea que las cosas estén en su interior o que se alejen del, permanezca idéntico y acoja con prontitud todas las cosas que se le suceden y que, al mismo tiempo, sea tan grande como lo son las cosas que en el  hallan lugar.  El espacio es, por lo tanto, infinito e incorpóreo: la existencia del vacío es un hecho de experiencia"[7]; y Newton, que con su autoridad lo hizo prevalecer finalmente.

 

Para Newton, "el espacio absoluto, por su propia naturaleza, sin relación a algo externo, es siempre igual e inmóvil.  El espacio relativo es la dimensión móvil o la medida del espacio absoluto y nuestros sentidos lo determinan mediante su posición respecto a los cuerpos y a menudo es intercambio por el espacio inmóvil: tal es la dimensión de un subterráneo, un espacio aéreo celeste, determinando por su posición respecto a la Tierra.  El espacio absoluto y relativo son idénticos en figura y tamaño, pero no son siempre los mismos.  Porque si por ejemplo, la Tierra se mueve en un espacio de nuestro aire, el cual relativamente y con respecto a la tierra sigue siendo el mismo, en un determinado tiempo será parte del espacio absoluto que el aire atraviesa y en otro tiempo será otra parte del mismo espacio”[8].

 

La prevalecía de tal idea se expresa en Euler un siglo después (mediados del s.XVIII), quien decía: “Supongamos que todos los cuerpos que ahora se encuentran en mi habitación, comprendiendo el aire, sean anulados por la omnipotencia divina.  Obtendremos entonces un espacio que, aun teniendo el mismo largo, ancho y profundidad de antes, no contiene ya cuerpo alguno.  He aquí por lo tanto, la posibilidad de una extensión que no es un cuerpo.  Semejante espacio es denominado vacío y un vacío es, por lo tanto, una extensión sin cuerpo"[9].  Noción que Kant termina por aceptar en su segunda época.

 

Y así continuó todo; con aisladas criticas de Maxwell y Mach acerca del "espacio absoluto", hasta Einstein a principios de muestro siglo, con quien el criterio acerca del espacio vuelve a dar un viraje que avanza hasta nuestros días a manera de un retorno aparente a la teoría del espacio sostenida en la Antigüedad por Platón y Aristóteles, en el Renacimiento por Descartes y Leibniz, y más tarde por Maxwell y Mach; frente a la noción defendida por Tales y Demócrito, y por Epicuro y Lucrecio Caro en la Antigüedad, así como por Giordano Bruno y Newton  en el Renacimiento y más tarde por Euler y Kant;   En tanto que para Einstein el espacio es un “continuo tridimensional” no vacío, o sea, un continuo a manera de una sucesión de discontinuos tan próximos entre sí como se desee.



[1] Abbagnano, Nicola; Diccionario de Filosofía; Fondo de Cultura Económica; México, 1966; (v. Espacio).

[2] Ibid.

[3] Ibid.

[4] Farringtong, Benjamín; Ciencia Griega; Editorial Icaria; Barcelona, 1979; p.50.

[5] Abbagnano, Nicola; Diccionario de Filosofía; Fondo de Cultura Económica; México, 1966; (v. Espacio).

[6] Ibid,

[7] Ibid.

[8] Ibid.

[9] Ibid.


 

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