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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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18 septiembre 2011 7 18 /09 /septiembre /2011 23:02

De la Guerra, Clausewitz, PortadaGolpes de Estado en México: Lecciones de Historia para una Sospecha.  Golpe de Estado de Agustín de Iturbide, 1822 (2/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

http:espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra; 1 (jN, lW); sep 11.

 

La Junta gubernativa se asume soberana, y entra en conflicto con las ambiciones de Agustín de Iturbide, que, “ya desde que el generalísimo había entrado a Puebla, en los primeros días de agosto [1821], de entre la multitud del pueblo que lo aplaudía escuchábase algunas voces que lo aclamaban gritando ¡Viva Agustín I!...!...”[1]; que, por supuesto, Iturbide “mando callar”.

 

Esa sospechosa situación, siendo “ya demasiado ostensible”, como escribe Olavarría y Ferrari, que motivó una proclama dirigida a los habitantes de México: una partida del ejército español ya capitulado pero que aún permanecía en Toluca, estuvo cometiendo agresiones y tropelías (¿motu proprio, o acaso inducidas?, da el pretexto a esa proclama y el envío de tropas a reducirlas al orden; y dice Olavarría: “Por grave que fuese el hecho denunciado y por justificadas que aparecieran las medidas dictadas por Iturbide para restablecer el orden y de la quietud de Toluca, era evidente que, aún los españoles adictos de la mayor buena fe a la causa de la independencia, no podían ver sin enojo la severidad desplegada contra sus compatriotas…”[2], lo que concito odio contra Iturbide por parte de dichos españoles.

 

Era ya febrero de 1822, lo que Iturbide buscaba con esa provocación, era ganar legitimidad, “porque –dice Olavarría–, siendo la primera manifestación de la autonomía nacional y de la libertad prometida, traía consigo la esperanza del pueblo…”[3].  Ante la “inestabilidad”, se genera la corriente de opinión y partidarios defensores de ella en el Congreso, reductio ad absurdum, proponiendo la Corona Imperial al extranjero, como para concitar la idea de que, <<en todo caso, mejor esa Corona, que sea para un mexicano: Agustín I>>.

 

Para marzo de 1822, Iturbide reclamaba más presupuesto para el Ejército, y el aumento de éste a 35,900 hombres.  A ello acompañó la amenaza de levantamiento de las tropas españolas que quedaban en Texcoco, expuesta de manera alarmada por Iturbide en Sesión del Congreso (Olavarría y Ferrari, p.69), y desesperado, exclamó, “que había traidores en la Regiduría y el Congreso”, tratando de demostrarlo con unos documentos, a lo que se le replicó con la acusación de que el traidor era él, y finalmente dijo rehusar la Corona y retirarse a la vida privada (Olavarría, p.70).

 

Pero todo continuó y más bien el Ejército se redujo a 20,000 hombres.  Para mayo, el Plan de Iguala ya era insubsistente, y en Sesión del Congreso, en la lectura de una felicitación, se habló de adoptar la forma republicana (al parecer, inducido a ello por Nicolás Bravo, miembro de la Regencia).  Al mismo tiempo España declaraba nulo el Tratado de Córdoba, con todo lo cual el terreno quedó allanado para la confrontación entre liberales republicanos y conservadores monárquicos.  Entre los liberales, Guadalupe Victoria, Pedro C. Negrete, Nicolás Bravo y Vicente Guerrero; y entre los conservadores: Anastasio Bustamante, Antonio López de Santa Anna y Vicente Filisola.

 

“Todo parecía estar prevenido para un gran acontecimiento…”[4]; y el 15 de mayo de 1822, “de súbito se vieron aparecer diversas partidas de soldados que vociferaban, vitoreaban y ponían en alarma a la ciudad”[5], y que, armados, proclamaban a Iturbide como “Agustín I”.  E Iturbide consumaba su golpe de Estado; un autogolpe que lo hacía emperador.  Y todo ello bajo un procedimiento muy “legal”: teniendo a su favor la correlación de fuerzas, el Congreso votó, 67 a 15 a favor del nuevo emperador de la primera monarquía constitucional de México.  Pero como asienta Olavarría, se hizo la votación con poco más de 80 miembros del Congreso, cuando por reglamento del mismo se requerían 101 diputados.  El procedimiento legal era sólo un embuste, lo ocurrido era un golpe de Estado.

 

Iturbide “creyó que la represión rigurosa y el terror, más bien que otros medios suaves y políticos, le servirían para mantener ilesa su autoridad y afirmar su imperio”[6], y se detuvo a diputados como José Joaquín de Herrera, Mier y Terán, entre otros, y a partir del 26 de agosto de ese año, 1822, se produjo la disolución del Congreso.

 

_____ 

[1]        Olavarría y Ferrari, Enrique; México Independiente, 1821-1855; en “México a Través de los Siglos”; Editorial Cumbre, Tomo IV; México, 1967; p.50.

[2]        Ibid. p.52.

[3]        Ibid. p.52.

[4]        Ibid. p.74.

[5]        Ibid. p.74-

[6]        Ibid. p.82.


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