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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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7 octubre 2012 7 07 /10 /octubre /2012 22:01

1836-Mapa-de-la-Republica-Mexicana-Antes-de-1836--Anonimo.jpgHistoria de la Geografía en México en el Siglo XIX: sus Determinantes Teóricas y Sociales.  Ponencia al XX Congreso Nacional de Geografía, 2012.  Primera Parte, 1802-1843.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

08 oct 12.

 

Introducción.

 

Es esta una historia de la geografía en México en el siglo XIX, rescatada de la muy importante obra para la historia de la ciencia en México: Datos para la Historia del Colegio de Minería, 1892; de Santiago Ramírez, y elaborada a partir de su interpretación crítica.

 

En el ensayo, abordamos la problemática del marco teórico metodológico sobre cuya base se elabora el análisis crítico, así como los períodos de esta historia, que van: 1) el período que va de 1802 con la reforma al Colegio de Minería, en la cual la Geografía adquiere relevante importancia, a 1843 en que se funda la carrera de “Geografía y Naturalista”; 2) el período de 1843 a 1855, fecha última en que se da una nueva reforma al Colegio de Minería, consolidándose la carrera en el grado de “Ingeniería Geográfica”; y 3) el período de 1855 a 1867, año último en que desaparece el Colegio de Minería, y en la Escuela de Ingeniería que le sustituye, se crea la carrera de “Ingeniería en Geografía e Hidrografía”; con las respectivas conclusiones en las que se vislumbra los inicios de la geografía del siglo XX.

 

Ha sido un análisis profundamente aleccionador.  Todavía en los años en que éramos recién egresados, no veíamos sino una ciencia de la geografía monolítica, única como creíamos a todas las ciencias.  Quizá de haber sabido estas lecciones históricas aquí expuestas, nuestra actitud se hubiese matizado con algún tacto.  No obstante no nos arrepentimos, antes al contrario; nuestro tiempo, el de la confrontación última del mundo caduco de la burguesía ante la lucha por la apertura de un nuevo mundo proletario, socialista, nos demandaba hacer exactamente lo que hicimos, así haya sido espontáneamente, y quizá está en ello su virtud.

 

Las nuevas generaciones tienen ahora en este análisis crítico de la historia, tanto una explicación de causa para proceder, como una responsabilidad doble ante la historia: primero, entender claramente el momento histórico (eso que en nosotros fue espontáneo); y, segundo, actuar en consecuencia.  En ese sentido quizá, antes que decir que les hemos allanado el camino, quizá tengamos que darles la explicación ante la complicación, de que así es la historia de la ciencia, ni modo, implicando cada vez una mayor responsabilidad y compromiso, necesariamente, ante ello.

 

 

Fundamentos Metodológicos.

 

En nuestra afirmación desde el marco teórico dialéctico materialista (marxista), de que: <<Toda historia de la ciencia, es reflejo de la dialéctica del desarrollo de la ciencia misma y algo socialmente determinado>>; lo que se da a entender es que la ciencia se mueve en el tiempo y en función de la lucha entre sus teorías internas contrapuestas, unas veces como contradicciones no-antagónicas, otras en forma mutuamente excluyentes.  Domina en el tiempo, aquella teoría que es reflejo lo más objetivo de la realidad vinculado a las necesidades económico-sociales de cada época.  Pero, hemos dicho además, la ciencia representa un conocimiento socialmente determinado; es decir, por lo cual dicho conocimiento responde a los intereses de una sociedad que, a su vez, se mueve históricamente en función de la lucha dada entre los intereses contrapuestos de las clases sociales.

 

Puede hablarse, en ese sentido, y solo en ese sentido, de una ciencia burguesa o de una ciencia proletaria; de una ciencia al servicio de los intereses del capital, o una ciencia al servicio de los intereses de las amplias mayorías sociales, de los obreros los campesinos, la clase social asalariada: el proletariado.

 

Así es como se vinculan, pues, las teorías de la ciencia con los intereses sociales diferenciados de las clases sociales; y es en ese sentido que unas teorías están destinadas a mantener el orden de cosas, en tanto que otras lo están para, progresistamente, transformarlo.  Hay, pues, unos conocimientos progresistas que se aducen como científicos, frente a unos conocimientos conservadores que se asumen, en ciertos sistemas gnoseológicos en el campo de la ciencia de la modernidad, en igual condición; no obstante, en los últimos treinta años, abjurando de todo lo que implica dicha modernidad ilustrada, en el marco ideológico d la llamada “posmodernidad” (la que, por ello, por ser posterior a la modernidad, pretende haber “superado” en todo aspecto a la modernidad), se renuncia al conocimiento definido como científico (con todo lo que ello, a su vez, implica esencialmente, en el conocimiento de la verdad objetiva), para asumirlo solo como “un saber”, entre otros muchos “saberes” posibles; todos, sin duda igualmente válidos, pero donde la verdad objetiva ha sido suplantada por dicha validez, en términos de una “verdad subjetiva”, o lo que esta última en realidad es: una simple opinión personal que se comparte en el “diálogo de saberes”.

 

 

Nosotros, en el marco teórico dialéctico materialista y en el contexto de la ciencia de la modernidad ilustrada, hemos sostenido siempre que: <<La historia de la Geografía, es un proceso dialéctico y socialmente determinado>>.  Frente a ello, particularmente en los últimos poco más ya de quince años, con su fundamento en la “posmodernidad”, se argumenta en la práctica, en los hechos del hacer de la elaboración de la historia de la ciencia, y tácitamente, su antítesis: <<La historia de la Geografía, no es ni dialéctica, ni socialmente determinada>>.

 

Hace apenas un cuarto de siglo, esta antítesis bien podía haber correspondido a alguna variedad del sistema filosófico idealista.  Entendiéndose en su sentido afirmativo, va en dirección de afirmar que la historia es lineal (mecánica), y asocial (indeterminada por lo externamente a ella, y ajena a la lucha ideológica de las clases sociales), todo lo cual queda reflejado en la forma de exposición de la historia.  De los últimos quince años a la fecha, enfáticamente, ello es una antítesis planteada en el conjunto de varios sistemas filosóficos, entre ellos, como los más importantes, del existencialismo, el pragmatismo, y el superestructuralismo (el llamado “neomarxismo”), conforme la “dialógica” de la llamada “posmodernidad”.  En la afirmación de dicha tesis nuestra acerca del hacer de la historia de la Geografía, esa linealidad mecánica e indeterminada que para los sistemas filosóficos de la modernidad (por ejemplo, el positivismo) fue por defecto, en la “posmodernidad” lo es como una “verdad subjetiva”, es decir, como una opinión, tanto más o menos válida en el “diálogo de saberes”, en el cual nada tiene que ver una pretendida argumentación demostrativa de la verdad objetiva.

 

En el argumento de la “posmodernidad”, no se reconoce la contradicción de la lucha de clases sociales, se habla sólo de una única “sociedad civil”; menos aún se ve una determinación social sobre el hacer de la ciencia; y esa negación de la dialéctica de la contradicción en la historia de la ciencia, y en este caso el análisis de la historia de la Geografía, haciendo de esto, un mero anecdotario cronológico, un cúmulo de datos por los datos mismos, con no más fin que un acervo de cultura.  No hay en ella, pues, enunciado de interpretación crítica alguno, siendo toda ella, no obstante, una interpretación clasista de la historia de la ciencia, en esta caso de la Geografía, que en el hecho histórico objetivo y concreto, rescatando de archivos o reservorios, oculta de la historia su potencial transformador de la realidad; y de ahí el que se nos imponga la necesidad de reinterpretación del hecho histórico.

 

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