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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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14 agosto 2011 7 14 /08 /agosto /2011 23:04

SextanteInterpretaciones del Marxismo en Geografía.  Artículo (3/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri,

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://spacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra; 1 (jN, lW); 29 ago 11

 

Si Marx, Engels o Lenin tratan o no sobre el espacio (que lo hacen, y abundante y esencialmente), no es lo verdaderamente esencial, si acaso como referencia.  Obstinarse en la idea de que de Marx ha de extraerse una “teoría geográfica” (reductio ad absurdum), ello es petrificar lo más importante que Marx nos ha legado dado en la dialéctica materialista: el que ésta se entienda como un método creativo.  Lo que corresponde es entender el método y aplicarlo a la luz del avance del conocimiento en los más diversos campos de la ciencia involucrada en la definición del objeto de estudio.

 

Sin embargo, sucede precisamente, que lo que menos se entiende es dicho método; y basta citar lo que al respecto dice el colectivo de autores: “la mayoría coincide tanto en la aceptación de la prioridad del método como en la afirmación de la viabilidad del materialismo como teoría general de la sociedad[1].  Así, en estas breves líneas, que caracterizan acertadamente la situación, a su vez, por lo tanto, exponen el bizarro entendimiento que se tiene en ello mismo del marxismo.

 

Cuando a fines de los años setenta la mayoría coincidía en la prioridad del método, ello estaría bien por cuanto a su aplicación; y la primera condición de la aplicación de la dialéctica materialista, está en dos cosas: 1) encontrar la contradicción principal, y 2) determinar en ella la categoría esencial que define, a su vez, el objeto de estudio.  Si el método era lo prioritario ciertamente, sólo lo era en función de un objeto de estudio a precisar en el análisis de las contradicciones.

 

Pero esa segunda afirmación por la cual se dice que el materialismo es viable como teoría general de la sociedad, evidencia el desconocimiento total de lo que en realidad es el marxismo como método dialéctico materialista, pues el materialismo no es ninguna teoría general de la sociedad, sino toda una concepción filosófica del mundo.  Reducir el materialismo filosófico a un mero materialismo social, es justo lo que transforma el método de dialéctico, en determinismo mecanicista.

 

Así, de Richard Peet, comentan los autores: “admite que –y citan de él– <<del materialismo procede una concepción de la estructura general de la sociedad basada en el modo de producción de las necesidades materiales de la vida”[2].  Esto es, pobreza teórica marxista, pues tal hecho no deviene directamente del materialismo, sino de la interpretación dialéctico materialista de la economía política.  Una sutileza que hace toda la diferencia.

 

“En el campo específico del conocimiento geográfico –nos dice el colectivo de autores–, el discurso marxista supone en todos los casos aceptar la existencia de relaciones mutuas y complejas entre sociedad y espacio…”[3].  Y, ciertamente es así, pero hay que decir que esas relaciones del espacio, lo es con todo cuanto existe, pues nada en el mundo material es a-espacial.  De modo que nada habría de especialmente significativo en esa relación espacio-sociedad; a no ser, como dice nuestro colectivo de autores, que: “Lo definitorio y distintivo  de las perspectiva marxistas es el que privilegia la dimensión social”[4].

 

Pero, tratando acerca de la geografía, eso es, justo, no ot5ra cosa que un fetiche: la sustitución del espacio, el objeto de estudio reconocido históricamente, por “la dimensión social”, mediante el sofisma de un marxismo mal entendido, o tergiversado deliberadamente.

 

En ese marxismo empobrecido de Peet, se incurre justo en lo  que luego se critica a la geografía espacista; esto es, en el reduccionismo mecanicista: “<<las relaciones espaciales –dice Peet – deben ser entendidas como manifestaciones de las relaciones sociales (de clase) sobre el espacio geográfico>>, el que, en definitiva, el espacio aparezca, con todas sus consecuencias, como un producto social”[5].  Así, y sólo así, es como se puede entender esa idea de privilegiar la “dimensión social”.  Pero debemos aclararlo, eso ya no es marxismo, sino kantismo simple y puro, pues letra a letra, palabra a palabra, precisamente ese es el concepto de espacio en Kant, pero de ningún modo en Marx o Engels, en donde éste, en principio, se define objetivamente, esto es, que existe independientemente del pensamiento y de la sociedad, y no subjetivamente como “un producto social”, sino como una forma de existencia de la materia.

 

Que el espacio en el marxismo se defina objetivamente, quiere decir que éste no es, ni puede ser, “producto social”, sino a lo más, en ese marxismo que dependía de la física del siglo XIX, que ese espacio objetivo, es la sociedad misma en sus propiedades espaciales; pero que en un marxismo de fines del siglo XX y principios del XXI, a la luz de los nuevos avances de la física, esa objetividad del espacio está dada en el vacuum; mismo que está ya ahí, independientemente de la sociedad y su actividad, si bien, en la necesaria relación universal de los fenómenos.  Para la teoría del conocimiento fenomenológica en Kant, el espacio bien puede ser, y según Kant es, una “proyección [sensible] de la sociedad”[6]; pero es justo a partir de esta subjetividad, en realidad kantismo puro, que se fundamenta el reduccionismo de privilegiar el estudio del espacio suplantando sus propias leyes, por las leyes de la producción económico-social.

 

No sabemos, objetiva y concretamente, qué haya sucedido con esa “geografía radical”, en la que nada atendíamos, en el curso de los años ochenta.  Tenemos la impresión de que se fue diluyendo.  Incluso ello se deja ver en las nostálgicas palabras de Peet, cuando éste, en 1979, dice que <<la Geografía no estuvo preparada para responder a un análisis en profundidad de los orígenes sociales de los fenómenos espaciales”[7].  Como quiera que hay sido, esa interpretación “marxista” de la geografía no trascendió, y sí, más bien, dejó un enorme daño en el entendimiento correcto de esos fundamentos gnoseológicos.

 

En México, hemos dicho, una variante de esa “marxista” “geografía radical”, estuvo en la filiación de la llamada “geografía progresista”.  De ellos sí conocimos objetiva y concretamente sus estropicios en los años ochenta: “su geografía progresista de crítica y análisis espacial”, centrada en el fetichismo del “espacio social” como objeto de estudio de la geografía, con todo el apoyo institucional, acabó sirviendo a los intereses de esa vieja geografía fenomenista, idealista subjetiva, de antiguas orlas positivistas, obstaculizando el desarrollo científico de la geografía en  nuestro país.  Recién nos hemos enterado que supervivió hasta por ahí de 1994, luego de entonces, que también se diluyó: comenzaba, en ese año, el pesado oscurantismo a que contribuyeron para que se instaurara, y el cual dura hasta nuestros días al inicio de la segunda década del siglo XXI (si bien, pareciera haber atisbos de una nueva lucha contra ello, también no menos cierta es una realidad económico-social que impide toda acción).

 

No obstante, un pequeño grupo de geógrafos en México, que desde fines de los años setenta venía propugnando por una interpretación marxista de la geografía en otros y sus “ortodoxos” términos, nos organizamos fundando la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía, sc (SMTHG, 1989), y desde ahí, con un poco de mayor madurez y solidez dada ya en nuestros planteamientos teóricos generalizados en función de una reinterpretación de la historia de la Geografía, y la defensa de nuestra tesis por una década, a la luz de nuestra interpretación dialéctico materialista; ciertamente ésta, en la versión molesta a gramscianos, “neomarxistas”, “radicales”, “progresistas”, y demás intelectualidad burguesa: es decir, que en esa interpretación en el “marxismo ortodoxo”, dimos un giro distinto al asunto.  Ea interpretación, originalmente dada en nuestra tesis de Licenciatura: “Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento”, sustentada en 1983, pero que ya estaba plateada así desde diciembre de 1981; y luego complementada con la tesis del compañero José C. Martínez Nava: “La Dialéctica como Método de la Geografía”, 1985; más los trabajos elaborados por los demás compañeros de la SMTHG en el lustro entre 1989 y 1994, formamos una versión distinta del análisis marxista en geografía.

 



[1]        Ibid. p.149 (subrayado nuestro).

[2]        Ibid. p.149.

[3]        Ibid. p.149.

[4]        Ibid. p.149.

[5]        Ibid. pp.149-150.

[6]        Ibid. p.150 (corchetes nuestros).

[7]        Ibid. p.144.


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