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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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3 junio 2010 4 03 /06 /junio /2010 09:00

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

La Contradicción Teórico-Cognoscitiva Fundamental

del Pensamiento Geográfico.

  Ponencia al XI Congreso Nacional de Geografía,

México, 1987.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

Espacio Geográfico”; Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 03 jun 10.

 

 

Comentario Preliminar.

 

Al comenzar 1987, inició el fin de la ya histórica etapa de transición de una Geografía empírica, descriptivista, enciclopedista, recopiladora y censal; a una Geografía teórica, de una verdadera explicación causal sobre las propiedades y leyes de un objeto de estudio propio bien definido y diferenciado, con su propio método fundado en los protocolos del método científico de la modernidad, desde la cual poder aportar nuevos conocimientos a la sociedad.

 

En nuestro archivo, en la carpeta correspondiente a 1987, encontramos el breve escrito que ahora comentamos, del cual apenas nos acordábamos vagamente por el hecho curioso de que, presentado como ponencia al XI Congreso Nacional de Geografía de ese año; al leer ante el auditorio el último párrafo, lo hice muy rápidamente, por lo que la profesora que moderaba me hizo la broma de que “respirara”.

 

Es pues, una de las dos ponencias presentadas en tal Congreso, y en tal sentido, un documento esencial, indicativo ya de por sí, “del inicio del fin” de esa transición; pero, más aún, de que nuestro planteamiento teórico había llegado ya a un alto grado de desarrollo y solidez, dada en su consistencia lógica.

 

Tal documento, sin lugar a dudas, preparó el esclarecimiento final sustentado en la segunda ponencia.  Por ello, este escrito es esencial.  Su contenido es una gran generalización sobre la contradicción fundamental de la Geografía, pero, al mismo tiempo –y he aquí esa naturaleza trascendente– una gran generalización, a su vez, del significado de dicha contradicción fundamental como reflejo dado en la unidad del mundo.

 

 

Ensayo.

 

Al referirnos a la contradicción teórico-cognoscitiva fundamental del pensamiento geográfico, nos estamos refiriendo al movimiento de una faceta de la realidad objetiva.

 

La contradicción de que hablamos es aquella que en un opuesto tiene al espacio, y en el otro a la relación naturaleza-sociedad.

 

Es claro que ninguna ciencia se comporta como un todo homogéneo internamente, pues su movimiento y desarrollo depende precisamente de su heterogeneidad; aun cuando no en forma de un agregado, sino en la de un todo único y sus contradicciones dialécticas internas; de ahí que la Geografía no puede ser ajena a esa condición, que impone la confrontación de hipótesis e ideas.

 

La diferencia entre esas posiciones encontradas en toda ciencia, tiene su forma más generalizada en los fundamentos gnoseológicos con que se abordan los problemas de la realidad objetiva, y de manera más particularizada, en las diversas corrientes o escuelas de pensamiento históricamente dadas, para cada ciencia.

 

Concebida la Geografía como síntesis de un sistema de ciencias, conformado por más de veinte de ellas, tanto naturales como sociales, pareciera preestablecerse como ciencia sobre la unidad del mundo, en la medida de la integración de gran parte de los conocimientos sobre el mismo.  Y es así como tácitamente se expone en los planteamientos teóricos actuales, aduciéndose como justificación, que los especialistas pierden de vista precisamente esta unidad, esta integración o relación del mundo en sí mismo.  De ahí que explícitamente se enuncia a la Geografía como ciencia de relación naturaleza-sociedad, específicamente por una de estas corrientes o escuelas de pensamiento geográfico.

 

Pero esta supuesta unidad de la Geografía en dicha diversidad de las ciencias especiales sobre las facetas de la naturaleza y la sociedad, no responde a una unidad dialécticamente dada, y, por consiguiente, tampoco refleja la unidad dialéctica del mundo.

 

La unidad del mundo está dada en la dialéctica de la unidad en la diversidad, que supone una amplificación y profundización constante del conocimiento sobre el mundo; sobre el conocimiento de la realidad objetiva; por la multiplicación de las ciencias especiales, las cuales penetran cada vez más en la esencia y leyes de la realidad, con lo cual, la sociedad, tiene cada vez más un conocimiento más cabal acerca del mundo.

 

Por lo tanto, la unidad en la diversidad, como se plantea en esta corriente del pensamiento geográfico, no es en realidad mas que un agregado de ciencias yuxtapuestas y coordinada entre sí, en una suma de partes que pretenden reunir más o menos un todo.

 

Es decir, aquí, la unidad en la diversidad, no se ve en la esencia y leyes de la realidad objetiva, sino en el simple agregado; en oposición a un saber geográfico en una ciencia de síntesis de un conocimiento único e íntegro, homogéneo en relación con el sistema de las ciencias, referido a una sola y modesta faceta de la realidad objetiva, a través de cuya comprensión se contribuye al conocimiento de la unidad del mundo.

 

La concepción de la Geografía como ciencia de relación, fue criticada ya desde los primeros tiempos por el materialista y padre del pensamiento  dialéctico, Heráclito; en cuya dialéctica en la que “todo es y a la vez no es”, se entendía “facilidad de palabra para expresar ideas confusas”, conociéndosele por tal razón como “el oscuro de Éfeso”; pronunciando dicha crítica, entre otros, a su contemporáneo, el geógrafo Hecateo, señalando que, “la mucha erudición no enseña la sabiduría, de otro modo se la habría enseñado a (…) Hecateo”[1].

 

Heráclito externó esta idea, ya que, lo que Hecateo parece buscar en su pensamiento geográfico, es precisamente ese establecimiento de la unidad del mundo, dada en la armonía de las conexiones y relaciones naturaleza-sociedad, en un agregado de conocimientos.

 

Esto es lo que se deduce del trabajo geográfico de Hecateo, al ser comparado con el de su contemporáneo Anaximandro; es decir, por su “Genelogía” (perdido), por el que algunos autores le atribuyen un papel de historiador; y su “Descripción de la Tierra”, en dos libros, dedicados, uno a Europa, y el otro al Asia, en el que se contiene su mapa del mundo (al parecer, reproducción del mapa de Anaximandro, usado también por Herodoto), al que llamó “Perigesia”, connotando así más el conocimiento de la Tierra como un todo, frente al “Perimetrón” de Anaximandro; por el que se entiende, por su parte, tan sólo la medida de ésta, o quizá más propiamente aún, como la determinación de la medida de su espacio.

 

A partir del pensamiento geográfico de Hecateo, la Geografía resulta ser así, una disciplina de conocimientos que no indaga en la realidad objetiva, sino que pretende un saber integrador, aportado por el conjunto de las ciencias del sistema que la forman, tratando de desentrañar los aspectos de la unidad del mundo.

 

Sin embargo, a partir del pensamiento geográfico de Anaximandro, podemos concluir que la Geografía no surgió como reflejo de todo el saber acerca de la Tierra, sino tan sólo como el reflejo de la faceta espacial de ésta; es decir, de un espacio determinado por el conjunto de los procesos tanto naturales como sociales, que en tanto existen, existen en el espacio, y de ahí esa apariencia holística.

 

Dialécticamente, la unidad del mundo la habremos de encontrar en su materialidad.  A su vez, el conocimiento de la materialidad del mundo, de su unidad, consistirá en el descubrimiento de las propiedades, leyes y esencia de la realidad objetiva.  Finalmente, el conocimiento de esas propiedades, leyes y esencia de la realidad objetiva; o sea, de la materialidad el mundo, de su unidad; estará en el estudio de la diversidad.

 

A la cuestionante, históricamente dada, de qué es lo que da la unidad del mundo; es decir, el conocimiento de la armonía de sus vínculos, de la integridad de sus conexiones, de la dialéctica de las relaciones naturaleza-sociedad dada en el descubrimiento de las propiedades, leyes y esencia de la realidad objetiva; si: a) el agregado de las ciencias y la integración en ello de sus conexiones; o b) la “dispersión”, la diversificación del conocimiento especializado.  Los geógrafos que se inclinan por el caso a), irónicamente habrán de coincidir con Henri Baulig, cuando éste concluye refiriéndose a la Geografía, diciendo que es: “una categoría nueva de la inteligencia…”[2].  Quienes optamos por el caso b), habremos de reconocer, tan sólo: una modesta investigación acerca de una de las infinitas facetas de la realidad objetiva, con cuyo desentrañamiento la Geografía contribuye al saber universal humano, y, con ello, a la comprensión de la unidad del mundo.

 

Asumir conciencia de ello, es empezar a hacer una geografía científicamente estructurada, en donde esté presente de manera estética, una teorización amplia y profunda de sus postulados, principios, definición, objeto de estudio, lugar entre el sistema de las ciencias, de su sistema de categorías fundamentales, de sus teorías, leyes, carácter hipotético-deductivo, bases metodológicas en la investigación causal misma, y el carácter de su predictibilidad científica.

 

Ciertamente la Geografía ha estado hasta ahora en una condición precientífica, pero asumiendo conciencia de ello, a la vez, ha empezado a abandonar tal condición.



[1]      Heráclito; Editorial Sarpe; Madrid, 1985; fr.XL; Diog. IX,1; p.41.

[2]      Mendoza, Josefina G; et al; El Pensamiento Geográfico; Alianza Editorial; Madrid, 1982; p.310.

 


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