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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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1 mayo 2011 7 01 /05 /mayo /2011 23:02

Ícono Filosofía-copia-1La Dialéctica de la Simultaneidad de la Verdad Absoluta y Relativa.  Artículo, 2011.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (jN, lW), 02 may 11.

 

Desde que egresamos de la Facultad (1979), por gusto, teniendo otro empleo, comenzamos a impartir clases, primero en el nivel de Bachillerato (entre 1979 y 1987), y tiempo después ya en los estudios superiores en diversas carreras (1995 en adelante).  Hubo, ciertamente, un lapso de vacío entre 1987 y 1995, que nos permitió observar el fenómeno de cuán rápido evolucionan las generaciones, pues los estudiantes con los que tratamos ya a durante el segundo lustro de los años noventa, no eran, ni con mucho, aquellos estudiantes de una década antes…; ni estos serían, ni con mucho, infinitamente menos, los estudiantes de una década más, después.

 

Habría muchos aspectos con qué caracterizar todo ello; su reacción ante los estigmas de “generación perdida” en unos, o de “generación x” en otros, o su apoliticidad e inconciencia social decadente, impactantemente vista su actitud y posición ante los símbolos patrios y la defensa misma de la patria, absolutamente abandonada; pero nos referiremos aquí, exclusivamente, a un aspecto filosófico que fue el que más nos impactó por sobre de todos los demás aspectos, justo porque este determinaba en todo lo demás: su criterio de la verdad, y su solución al problema de la verdad absoluta y la verdad relativa.

 

Con los estudiantes de los años setenta a ochenta, el problema de la verdad no se discutía, simplemente porque no había necesidad de hacerlo; con mayor o menor conciencia teórica, todo el mundo entendía en lo fundamental los criterios de la verdad: su objetividad, su causalidad, su comprobación en la práctica, su logicidad, y en los más avanzados, hasta su condición de predictibilidad.

 

Entre esos estudiantes, de entre los cuales nosotros fui uno, me quedé.  Pasaron casi diez años, volvimos a tratarlos a mediados de los años noventa, y empezamos a escuchar mucho entre ellos, a manera de esos estribillos que se forman en cada generación, el que <<eso es tu verdad>>, o el que <<cada cual tiene su verdad>>.  De momento lo tomamos como un asunto de modismo, pero reflejando una situación grave que implicaba la comprensión de la realidad, por lo que confrontamos el asunto, y resultó que ahora había que discutir seriamente con esa nueva generación el problema de la verdad.

 

Y si para los estudiantes de los años noventa, la verdad ya era un asunto de cada cual, aun cuando susceptible de que entendieran el absurdo y finalmente pudiesen distinguir entre la verdad absoluta y relativa; para los estudiantes de los años dos mil, no había ya manera de hacerles entender que la verdad subjetiva, la verdad de cada cual, era sólo su opinión, y que ello no tenía nada que ver realmente con la verdad, sino por defecto.  Para estos estudiantes, el carácter absoluto de la verdad había dejado de existir, toda verdad, era exclusivamente relativa.  En última instancia, resultaban lo más consecuentes con el principio de que <<la verdad era la de cada cual>>; pero ante el problema de qué sentido tiene, entonces, no sólo la discusión de la verdad, sino la discusión de cualquier cosa, cuando cuada cual se puede ir por el mundo siendo feliz con su verdad, no había respuesta…; pero tampoco modificación de actitud; y, obvio, lo que les dijésemos, era sólo nuestra verdad.

 

Lo que filosóficamente llamamos “verdad subjetiva”, sólo por oposición a la condición de necesidad de la verdad, que es el ser objetiva, en realidad es algo falso, tal “verdad sujetiva” no existe, sino a condición de ser únicamente la opinión que decide abstraerse de los hechos de la realidad, y en tal sentido carece de sentido discutirlo.  Pero el caso es que ese absurdo lógico de la “verdad subjetiva”, se traduce sin dificultad en la relativización extrema de la verdad, ahora ya así, sí conectada a la realidad.

 

En realidad, no cuesta trabajo entender qué es la verdad absoluta, y distinguirla de la verdad relativa.  Como no cuesta trabajo entender entre lo establecido con toda certidumbre, y aquello en lo que por fácilmente cuestionable, se vislumbra algo sólo parcialmente cierto.

 

Pero la relación entre la verdad absoluta y la verdad relativa, no está principalmente en que nuestro conocimiento de la realidad es siempre incompleto y por lo tanto nunca plenamente absoluto, sino, esencialmente, en que se entiende como verdad absoluta, una afirmación demostrada en los marcos de un sistema, y sólo en los marcos de ese sistema de referencia dado; en tanto que lo que se entiende por la verdad relativa, es aquella afirmación demostrada como cierta en el marco de un sistema de referencia, pero que ya no lo puede ser necesariamente, y si acaso en cierta medida, con relación a otro sistema de referencia.

 

Así, la “relatividad de…”, es, lo que es “relativo a…”; es lo que está en “relación con…”, en este caso de la verdad relativa, con un determinado sistema de ideas y teorías, con respecto al cual sólo es parcialmente cierta.  Las leyes del movimiento de los planetas de Kepler, son verdades relativas en tanto tales movimientos los consideramos en relación con, el Sol, pero, simultáneamente, no en relación o con respecto a la Tierra misma, pues respecto de ésta, las órbitas de los planetas se verían describiendo los llamados epiciclos.

 

Pero, si bien se ve, no será difícil descubrir que esa verdad relativa de las leyes de Kepler, es, al mismo tiempo, verdad absoluta, si sólo consideramos el sistema heliocéntrico, omitiendo totalmente la posibilidad geocéntrica.  Es, pues, de este modo, que la verdad, primero, sólo ha de ser, en tanto sea objetiva; y segundo, que es, al mismo tiempo o simultáneamente, tanto absoluta como relativa.

 

Como se entenderá ahora, es pues, este, un problema de esencial importancia, tanto para el conocimiento científico, como para, en función de ello, la vida práctica de la sociedad.  Aquellas personas que hacen de la verdad algo puramente subjetivo, y que con ello reducen la verdad a un relativismo exclusivo extremo, viven en un trágico mundo en el cual, por su subjetividad, lo que piensan y sienten en su verdad, no necesariamente corresponde con lo que la realidad, por su objetividad, les impone en su decir y hacer, como necesaria expresión de una verdad objetiva.

 

Y cuando esa condición de subjetivismo y relativismo se generaliza en una sociedad, no es de extrañar, entonces, la situación actual (en el inicio de la segunda década de los dos mil), de esquizofrenia colectiva en la que ya no sólo no se sabe qué es verdadero y qué es falso, sino, peor aún, que no interesa siquiera saberlo; en una incapacidad generalizada para resolver los problemas sociales.

 

Pero “los del poder”, los que con el sistema educativo fraguaron todo esto, ya podrán estar felices en un reino omnímodo.

 


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