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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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15 mayo 2011 7 15 /05 /mayo /2011 23:02

Ícono Filosofía-copia-1La Dialéctica de lo Abstracto y lo Concreto, y el Desarrollo de la Ciencia.  Artículo, 2011.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (ɸN, λW); 16 may 11.

 

Lo abstracto y lo concreto, par de categorías de la dialéctica materialista, las cuales se refieren, en lo concreto, a la integridad multifacética, tanto por la cosa sensorial y empíricamente dada de la realidad del mundo de los objetos materiales, como por la síntesis de la cosa compleja pensada.

 

Como categorías dialécticas, significan una unidad de contrarios, pero no en una contradicción antagónica en la cual un opuesto excluye y elimina al otro, sino una contradicción por la cual, un opuesto significa un momento del desarrollo del otro; de tal manera que, en un primer momento de ese desarrollo, el conocimiento va de lo concreto sensible, a su abstracción en el pensamiento.  Luego, en un segundo momento del desarrollo, cuanto más lo abstracto se despliega y se convierte en un reflejo lo más fiel de la realidad en toda su complejidad multifacética, más se convierte así en lo concreto conceptual o concreto pensado como reflejo de esa realidad objetiva, y como síntesis de un conocimiento nuevo acerca de la misma.

 

La explicación de dicho proceso tiene una importancia esencial en el proceso desconocimiento científico, ya que destaca el papel que desempeña: 1) la consideración de lo objetivamente dado; 2) el proceso en el cual se abstrae o separa de ello, paso a paso, cada uno de sus aspectos, hasta formarnos una idea lo más acabada (y nunca completa), de eso concreto objetivo; y 3) que con el despliegue de lo abstracto en una síntesis conceptual cada vez más aproximada a la realidad, nos formamos ese conocimiento científico acerca de la misma.

 

En ese sentido el proceso de abstracción es esencial en el proceso del conocimiento científico.  Lo inverso, la propuesta del conocimiento dado tanto por la totalidad u holismo, como por la limitación al conocimiento empírico en la percepción sensible (neokantismo, positivismo, pragmatismo, existencialismo) no pueden desentrañar la esencia de lo concreto dado en la realidad objetiva, y de hecho, de ahí que ello sea una negación explícita de que sea posible.

 

Cuando en el conocimiento geográfico, dicho en particular, nos limitamos al conocimiento descriptivo de los fenómenos (lo concreto objetivamente dado como un todo en las relaciones naturaleza-sociedad), sin hacer de ellos un proceso de abstracción, no deducimos la síntesis de ningún conocimiento nuevo.  Mas, cuando pretendemos ir más allá de esa descripción empírica de los fenómenos desarrollando su conocimiento abstracto, y separamos ya los aspectos naturales ya los aspectos sociales, entonces, tanto más abandonamos en ese proceso a la geografía misma, empezando a elaborar los conocimientos propios de otra ciencia.

 

Esta limitación teórica de una geografía fenomenista empezó a ser superada por Vidal de la Blache desde fines del siglo XIX, elaborando una primera abstracción geográfico espacista, en el concepto de la Geografía como “ciencia de los lugares”.  Luego, en el despliegue de esa abstracción contribuyó otro tanto Emmanuel de Martonne en el paso del siglo XIX al XX, con la abstracción en el concepto de la Geografía como “ciencia de las relaciones” entre las cosas coexistentes en los lugares.  Aún ello estaba muy lejos de reflejar lo multifacético de la realidad objetiva del espacio como complejo objeto de estudio de la Geografía, sin que el mismo fuese reconocido claramente.

 

Posteriormente vino Alfred Hettner en el curso de la primera mitad del siglo XX, en quien, reconociéndose a la Geografía como ciencia del espacio, en un nuevo proceso de abstracción, introduce los conceptos de la Geografía como “ciencia corográfica (o corológica), y de las regiones”.  Con ello no sólo descubre nuevas facetas del espacio como objeto de estudio, sino establece las bases teóricas o lógicas para resolver aquella limitación teórica de la geografía fenomenista por la que se entendía a la Geografía como “ciencia de los fenómenos naturales y sociales”.

 

No obstante, ello aún no fue suficiente para entender plenamente el objeto de estudio de esta ciencia; Richard Hartshorne por un lado y Fred K. Schaefer por otro, justo a mediados del siglo XX, evidenciaron la complejidad de la conceptualización del espacio como objeto de estudio.

 

Finalmente, nos tocó a nosotros en el curso de la segunda mitad del siglo XX, el contribuir a ese salto cualitativo en el proceso de abstracción para entender lo concreto del objeto de estudio, cuando, por último, introdujimos el espacio como concepto explícito, con el cual planteamos directa y decididamente a la Geografía como “ciencia del estudio del espacio” (es decir, ya no del espacio mediado por la exclusiva propiedad el lugar; o mediado por las relaciones físicas externas de coexistencia de las cosas; ni del espacio mediado por la región y sus propiedades corológicas; sino del espacio como tal, siendo plenamente consecuentes con ello); y en donde los fenómenos naturales y sociales, finalmente, dejan de ser tales, para pasar a ser el complejo fenómeno de espacio, en la abstracción del concepto de “estados de espacio”.

 

En el campo de otras ciencias, como la Matemática, la Física, o la Astrofísica, se avanzó enormemente en la abstracción del concepto mismo de espacio como reflejo de una faceta de la realidad objetiva en su conjunto, justo entre los años noventa del final del siglo, y la primera década de este siglo XXI, y ello, hoy, nos permite afirmar a la Geografía como ciencia del estudio del espacio en su propia delimitación.

 

Ahora el problema que se enfrenta, es el de ese geógrafo de la nueva generación en quien se de la continuidad.  Sin duda, está ahí, entre nuestros lectores.  Pero la experiencia profesional no dice claramente que ello no basta (que ese fue justo el error que nosotros cometimos, no obstante, poseedores de la dialéctica materialista, con una suficiencia descomunal de nuestra parte, desperdiciando quizá no tanto la experiencia del Dr. Jorge A. Vivó, como sí, y críticamente, del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, o del mismo Dr. Ángel Bassols Batalla).  En una transmisión discipular más cercana, se pudo haber hecho más.

 

De ahí la reserva ya en ciertos documentos, su naturaleza ya no es para todos, sino para el que ha de dar continuidad…, y para el buen entendedor, para el que no se necesita decir más.

 



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