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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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8 enero 2012 7 08 /01 /enero /2012 23:06

Ícono Filosofía-copia-1La Dialéctica de los Pecados Capitales: la Envidia..  Articulo, 2012.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

09 ene 12.

 

La envidia, uno de los siete pecados capitales; como tal, tiene una connotación negativa, y no sólo por la definición de la envidia como “el desear lo que otros poseen”, sino por el hacerlo “mirando con malos ojos” (etimología de envidia), es decir, desando que en vez de que lo tuviera el otro, lo tuviera el que lo desea.  Y de ahí deriva la dialéctica de de tal estado de ánimo, ya como pecado, o bien como virtud.

 

Lo que nos motivó a la elaboración de esta  reflexión, fue la feliz coincidencia de que, por una parte, el Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional (IPN) de la televisión en México, retrasmitió la Serie de programas, precisamente, sobre “Los Siete Pecados Capitales”, y, por otra parte, el que, haciendo un trabajo formal de investigación en geografía aplicada: “Los Métodos de la Investigación en Geografía Aplicada , Desde los Fundamentos Espacistas en la Investigación en Geografía Teórica: un Modelo”, nos encontramos, en el caso estudiado, no sólo con su enorme trascendencia de una descomunal importancia, sino, precisamente, con ciertos aportes nuevos dados en la geografía teórica que hemos desarrollado; y entonces, lo que pensábamos ofrecer casi gratuitamente, y que sin duda sería aprovechado con gran beneficio por otros, sin el menor crédito ni reconocimiento y en la total impunidad (así funciona esta miserable sociedad), lo reconsideramos, y decidimos reservarnos datos.  Es decir, afloró en ello la envidia, en nuestro caso, como el tener lo que otros no y nos distingue; no como “el mirar con malos ojos” lo que está dado en la naturaleza de otro; y que viniendo del otro, nos hace temer, en esa envidia nuestra: ese desear para sí lo que es nuestro, despojándonos de nuestros méritos haciéndolos pasar como propios.

 

Este temor, para nada infundado; algo de lo que está plagada la historia de la ciencia y de lo que es víctima nuestra experiencia profesional propia; es pues, el motivo de esta reflexión cuasi-filosófica sobre la dialéctica de la envidia.

 

De los pecados capitales, hay  uno del que en lo personal nos ufanamos, del que, antes que sernos una ofensa, es un halago: la soberbia.  No tenemos ningún problema con ello.  Pero de igual manera, todo el problema sí lo tenemos con la envidia.  Sin embargo, la reflexión se obliga, porque, habiendo rechazado siempre la envidia, de lo que, creemos, no tenemos en nuestro ser un atisbo de ella, de pronto ha aflorado, y nos previene.  Y entonces, no podíamos seguir en la misma posición absolutista y maniquea de Evagrio Póntico (375); quien hizo la relación inicial de las Ocho Tentaciones (luego reducida a Siete Pecados Capitales por el papa Gregorio VII en el siglo VI); tratando con este sentir en absolutos términos negativos, es decir, de cuya absoluta negación se obtendría la virtuosidad del alma en gracia divina; y nos dispusimos, entonces, a considerar su parte positiva.

 

Ello ya se hace incluso en dicha serie de programas televisivos.  Se pone en entredicho el “pecado”, y se destaca su lado virtuoso; pero no se resuelve dialécticamente, sino sólo se deja ahí el cuestionamiento, y esa es la diferencia que necesitábamos hacer en esta reflexión.

 

La envidia, pues, es negativa, no por el simple hecho de desear tener lo de los demás; sino por el deseo de poseerlo negándoselo a los demás.  Y es esto último, precisamente, lo que no se anida en absoluto en nuestro ánimo.  Así, sin negarle a los demás sus capacidades y sus méritos, ¿por qué no he de poseer yo, las mismas canonjías?  Más aún, justo la envidia dada en el otro que nos obstruye, que nos despoja de los méritos y sus créditos, en esa ruindad del plagio de ideas y de usurpación de teorías, es lo que nos subleva.  Eso, socialmente, se traduce como la falta de oportunidad real para todos.

 

El cuestionamiento en que queda esa serie televisiva, deja a la envidia como un virtuoso factor “competitivo” que mueve al progreso.  Pero esa competitividad” sin su condición dialéctica, se vuelve el absoluto opuesto al de Evagrio Póntico: la ley de la selva, y nuevamente es una negatividad.

 

Todo ello no es más que producto de la ignorancia, e incluso no de la ignorancia ilustrada (de aquel que no sabe, pero quiere saber), sino de la ignorancia oscurantista (la de aquel que no sabe y no quiere saber, pero dice que sabe), precisamente, el plagiario de ideas.

 

En esa coincidencia que motivó esta reflexión (cierto aporte obtenido en la investigación en geografía aplicada a partir de nuestros fundamentos teóricos, y el programa televisivo), medió cierta información recopilada: la caracterización que se nos fue dando por unos u otros sobre el origen de las fuentes documentales.

 

Para nosotros, desde siempre, ha sido claro que cada cual tiene una posición de clase social, y ello determina su interpretación del mundo; tomamos desde siempre, de conjunto, todo lo opuesto a nuestra posición, no nos detuvimos nunca  a hacer diferenciación de grupos de poder entre toda esa posición opuesta; pero acá (Cuernavaca), al primer paso en forma nos topamos con toda la crudeza de ello (como se suele decir: “pueblo chico”), y empezamos a ver, además, una gran escala de institucionalización de la investigación; desde la académica formal, a las “oficializaciones” derivadas de posiciones de poder, y a las independientes, directamente proporcionales, todas, no sólo a sus posibilidades de publicación, sino a la calidad de las mismas (desde el gran libro de lujo en papel couché de gran gramaje y profusamente ilustrado con fotografía de alta calidad, al mismo tiempo vacuo; hasta la rústica publicación autofinanciada, con la riqueza propia de información; o la ausencia de tales publicaciones por su imposibilidad técnica y económica, de quien posee la información más crítica); donde dicha calidad de investigación implica, al mismo tiempo, esas envidias, desde las negativas extremas que con toda impudicia se apropiarán de lo que puedan, hasta esas envidias positivas en lo solidario (como se dice en México, en esa “envidia de la buena”), procurando el desarrollo colectivo.

 

En los primeros pasos de nuestra investigación en geografía aplicada con fundamentos espacistas, comenzaron a darse los aportes con una enorme potencialidad; y en la envidia negativa que vemos en el otro en su naturaleza: se nos plagiaría, y la dialéctica de la envidia en lo positivo, nos previene; y ahora tenemos dificultad para definir la publicación en este campo de la investigación aplicada, que no sea por la remuneración al trabajo profesional, u omitiendo datos, “poniendo candados”, “insertando claves”, y difiriendo los consiguientes para atrapar al pillo plagiario que no sólo no nos compensa legítimamente en lo económico, sino, más aún, intentará hacer pasar como suya esta información.

 

Respecto a la soberbia, ya habíamos  corroborado su dialéctica como un asunto de dignidad.  Ahora, de la envidia, rescatamos su dialéctica como la prevención en la malicia, en una sociedad ruin y moralmente envilecida, en donde con muy pocos, en la reciprocidad de la más elevada moral, es que se puede compartir sin reserva.

 


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