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Thursday 26 may 2011 4 26 /05 /May /2011 01:02

Ícono Filosofía-copia-1 La Estética y el Arte en la Ciencia.  Artículo, 2011.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/

La Tierra, 1 (φN, λW); 26 may 11.

 

La Estética (aisthetikos, sensible), una de las formas de la aprehensión del mundo, junto con el intelecto y la valoración moral, con arreglo a lo bello y la creatividad.

 

Como el intelecto y la valoración moral, la percepción sensible, evidentemente, es inherente al ser humano, pero como ciencia que empieza a teorizar acerca de esta forma de comprender el mundo, surge con los griegos como la poética, pero no se sistematiza como ciencia sino hasta 1750, a propuesta de Baumgarten, formándose en ella las dos interpretaciones del mundo, por las cuales, desde el punto de vista materialista, lo bello está en la dialéctica de la interacción del sujeto con realidad objetiva misma; como desde el punto de vista idealista, inversamente, lo bello está determinado solamente por la Idea, la subjetividad o el pensamiento del sujeto.  Siguiendo la idea de Schelling en su Idealismo Trascendental, de 1800; en el primer caso, la naturaleza es la regla de lo bello y el arte; en el segundo, inversamente, lo bello y el arte, son la regla de la naturaleza.

 

No obstante, en ese primer caso en donde la naturaleza es la regla de lo bello y el arte, esa regla no es unívoca o unidireccional, sino una dialéctica en la que entra en juego la creatividad del sujeto.

 

En la sensación, percepción y representación de la realidad, el proceso intelectivo tiene como base el reflejo objetivo de la realidad objetiva misma, en donde se trata de eliminar la valoración subjetiva y con ello la intervención del sujeto; pero, en el extremo opuesto, la sensación, percepción y representación de la realidad en el proceso estético o limitado meramente a la valoración sensible, si bien la base sigue siendo la realidad objetiva como fuente de esas sensaciones, en ello ahora, es determinante la actitud del sujeto sobre la realidad, actitud que no siendo nunca pasiva, tampoco ha de ser necesariamente consciente.  Es decir, que el sujeto percibe la realidad a través de sus sensaciones, ya sea inconsciente e independientemente de que se lo proponga, o bien conscientemente dependiendo de su actividad creativa, siendo esencial, en este caso ahora de la valoración estética, la intervención del sujeto mismo.

 

De ahí que el acto estético consciente tenga una importancia fundamental, en tanto actividad práctica creadora, en la conciencia social del sujeto, en donde no sólo se puede diferenciar lo bello de lo feo, lo sublime de vil, o lo cómico de lo trágico, sino, esencialmente, en donde, finalmente, el sujeto encuentra su propia realización social humana; es decir, en donde el sujeto, en esa actividad social creadora, se hace un ser humano real.

 

Tal hecho deviene del desarrollo histórico mismo del concepto del arte.  Así, en tanto que para Platón el arte no podía ser sino únicamente imitación; para Plotino, viendo que en el arte había algo de más que superaba la simple imitación de la naturaleza, éste agrega que eso de más, es tomado de una realidad superior (Dios), al que –dice Plotino– el arte dirige su mirada.

 

Esa limitación en el concepto del arte, devenía de que el único ser creador puede ser Dios, y el ser humano no podía tener tal pretensión.  De ahí que Kant propusiera un término medio: para Kant, el arte es construcción.  No obstante, si algo destacaba esencialmente en el arte, era precisamente el acto creador, y entonces Schelling, poco después de Kant, a principios del siglo XIX, definió el arte como la propia actividad creadora de lo Absoluto, por la cual, el arte humano, es una continuación de la actividad creadora de Dios.  Hegel retomó y perfeccionó la idea de Schelling.  Si el ser humano finalmente es creador, sólo lo es en tanto es el medio de la expresión del Espíritu (Dios).  No obstante, lo esencial aquí, es que, finalmente, se aceptaba al ser humano como un ser creador.

 

A partir de ahí, ya en la dialéctica materialista de Marx y Engels que invierte la dialéctica metafísica de Hegel, el arte se convirtió no sólo en pleno acto creativo del ser humano sin intervención divina alguna, sino un acto por el cual se reconoce a sí mismo; como humano, por sus capacidades como tal, y por la socialización que tal arte representa; y por lo tanto, un acto en el cual se produce la realización social humana, esto es, por el cual el ser humano se convierte en un ser humano real.

 

A partir de ahí, entender a la ciencia estéticamente y como arte, adquiere un profundo y enorme sentido: en ello el ser humano produce, crea, se reconoce cada vez más como el ser humano que es, y especialmente como el ser social humano que es.

 

Así, el arte en la ciencia no se refiere únicamente a alguna elegancia poética, sino, principal y esencialmente, a esa simple actividad creativa puramente científica.  La estética en la ciencia se expresa en el reconocimiento de lo bello en el conocimiento nuevo, pero en donde éste no emerge sino, precisamente, de su propio arte, entendido como su propia actividad creadora.  De ello se sigue que habrá tanto más valoración estética en el arte realizado en la ciencia, cuanto más productiva sea ésta, en tanto más contribuya a la transformación de la realidad en beneficio social, y cuanto más aporte ésta tanto al desarrollo de conocimiento humano, como a su progreso social.

 



Por Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - Publicado en: Filosofía
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