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20 julio 2010 2 20 /07 /julio /2010 08:15

La Evaluación Ético-Esteticista

en el Aula Universitaria Durante un Curso.

  Tesis; Maestría en Educación Superior, 2007 (15)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 06 sep 10.

 

 

 

II Cap. Crítica al Fundamento Psicologista

de la Evaluación[*]

 

 

La Evaluación Psicologista en el Aula

 

Abordaremos en este capítulo esa compleja situación de quitarnos de encima el pesado fardo del fundamento dado por la Psicología a los fines educativos, y, particularmente, allí donde más ello ha incidido: en el problema de la evaluación.

 

Todo el problema en ese sentido, explicado en un panorama general que más adelante desarrollaremos, radica en que, desde fines del s.XIX, bajo las influencias del marco teórico del positivismo e incluso de la teoría organicista spenceriana, se planteó, mediante los entonces novedosos trabajos de la Psicología Experimental de Wundt (1832-1920), como de la Psicología Genética de Piaget (1896-1980), la idea de que fuese posible, en el campo educativo, medir el aprendizaje.  Con ese fundamento psicologista derivó en el ámbito de la educación, primero, la pedagogía fundada en la teoría conductista irracionalista de Watson (1878-1958); luego, mezclada con las influencias de la filosofía del pragmatismo, entre otros, con Dewey (1859-1952), surgió la pedagogía fundada en la teoría de la “tecnología educativa” con Skinner (1904-1990); y más tarde, evolucionó ya a un planteamiento racionalista con Ausubel (1918...) y la pedagogía fundada en la teoría del constructivismo, oficialmente dominante hoy en día.

 

Todo ello ocurrió fundamentalmente en los Estados Unidos, donde dio en llamarse a todos esos planteamientos: la “Escuela Nueva”; que con autores como Stanley Hall (1846-1924), llegaron a ser verdaderos planteamientos fascistas anticientíficos; pero que según esto, pretendía dejar atrás, por oposición, a la “Escuela Tradicional”; justo cuando a la par en la Unión Soviética se desarrollaban otras ideas educativas, fundadas éstas, en las teorías con un principio no psicologista e individualista, sino sociologista y por ello colectivista, siguiendo pues, la tradición histórico-educativa, descalificada en “occidente” como la “Escuela Tradicional”, de Makarenko, Lunacharsky, Pistrak, Pinkevich, entre otros, hasta llegar contemporáneamente a nosotros con Suchodolski, el cual desarrolla el principio sociologista en un fundamento pedagógico ético-esteticista; teorías de todos ellos, históricamente dirigidas, no a evaluar en forma de medida a partir de una prueba psicométrica, sino a evaluar en tanto la formación de la personalidad del sujeto socialmente determinado.

 

Bien oculta esta contradicción en las lecturas de pedagogía del “mundo occidental”, no permitía entender la historia y teoría objetiva del desarrollo de las ideas acerca de la educación.  Una vez que lo desentrañamos, todo adquirió un coherente orden lógico-histórico que nos permite refutar dicho fundamento psicologista.

 

El Capítulo se desarrolla en la discusión de tres aspectos: 1) La evaluación psicologista en el aula como medida para valorar; 2) la evaluación psicologista en el aula: del “cientificismo” al oscurantismo; y 3) la corriente filosófico-sociologista de la educación y la evaluación, frente a la corriente psicologista.

 

En el primer punto revisamos las formas de la evaluación educativa históricamente dadas, y el concepto de una pedagogía científica; de la cual se excluye –así lo refutamos– la evaluación psicologista, dada sus supuestas “objetividad” y “cientificidad”, mismas que no son, sino en términos positivista y conductual; evaluación que antes que extraer un valor moral en la formación del educando, se reduce a pretender la medición del conocimiento identificado con conducta; desarrollo histórico que muestra claramente el paso a una última etapa caracterizada por un viraje oscurantista, como lo haremos ver.

 

En el segundo aspecto exponemos el desarrollo histórico particular de la corriente educativa psicologista y la evaluación, que pasa desde el conductismo, hasta la llamada “Pedagogía Global Interactiva” reciente, esencia misma de la propuesta oscurantista, tal cual aquí por ello refutamos dicha corriente de pensamiento educativo.

 

Y en el tercer aspecto, como consiguiente lógico[**] , afirmamos el carácter de la corriente ético-esteticista de la evaluación, precisamente, frente a la evaluación psicologista.

 

Por último en esta parte introductoria al Capítulo, aclararemos que tal refutación la haremos sólo por contrariedad.  Esto es, en la dialéctica materialista, cuya esencia es el método de contrarios, se entiende a la identidad como el primer nivel del desarrollo de la contradicción, allí donde los opuestos no parecen distinguirse; luego viene, en ese desarrollo, el nivel de la contradicción dada en la diferencia, donde los opuestos ya se distinguen, pero coexisten.  Debe entenderse, dialécticamente, que la identidad ya contiene a la diferencia, lo mismo que la diferencia surge de la identidad.  Mas el desarrollo subsiguiente de la contradicción lleva al nivel de la contrariedad, esto es, allí donde los opuestos no solo se diferencian, sino donde ya se niegan entre sí; se reconoce pues, la coexistencia de los opuestos, pero negándose mutuamente.  En la diferencia, dice Foroba, “lo viejo y lo nuevo principalmente coexisten uno con otro, mientras que en el peldaño de la contrariedad, lo viejo y lo nuevo por excelencia se niegan. Se excluyen mutuamente”[1].  El último nivel en el desarrollo de la contradicción, es la contradicción misma como tal, plenamente desplegada, en donde los opuestos totalmente negados entre sí, pueden ser bajo esa condición no-antagónicos, o bien, abiertamente antagónicos, por lo tanto, no sólo excluyéndose un opuesto al otro, sino donde un opuesto finalmente ha de prevalecer, con la transformación total del otro.

 

La refutación del fundamento psicologista por contrariedad, entonces, significa que, en primer lugar, hemos podido reconocer la diferencia con su opuesto; pero, en segundo lugar, que reconocemos entre esos opuestos una negación y exclusión mutua.  Lo que haremos en consecuencia, será únicamente demostrar esa negación, por la cual aun se concede la necesaria coexistencia entre ambos opuestos.  Es decir, reconociendo que el fundamento psicologista, si bien es algo que rechazamos, que negamos, y el cual excluimos de nuestros fundamentos educativos universitarios, también es cierto que no podemos dejar de aceptar su presencia en las posibles soluciones científicas a los problemas de la educación.  Si pretendiésemos el análisis de la contradicción plena, ello implicaría demostrar su obsolescencia, el reemplazo de lo viejo por lo nuevo; y ni tenemos lo elementos para ello, ni ese es el fin de esta refutación.



[*] Usamos el término psicologista, como sociologista o ético-esteticista, en tanto “doctrina acerca de..., o con fundamentos en...”.

[**] En el modo BAROCO de la 2ª Figura del Silogismo, mediante una demostración apagógica (demostración indirecta)

[1] Foroba, N.T; Diccionario de Filosofía; Editorial Progreso, Moscú, 1980, México, 1984; v. Contrariedad.

 



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