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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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20 julio 2010 2 20 /07 /julio /2010 08:02

La Evaluación Ético-Esteticista

en el Aula Universitaria Durante un Curso.

  Tesis, Maestría en Educación Superior, 2007 (2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 22 jul 2010.

 

 

Introducción.

 

Gracias a esta investigación, pudimos, finalmente, sistematizar el tema general sobre evaluación en el aula universitaria que tanto nos había atormentado por mucho tiempo; elegir el tema, pues, no ha sido en lo absoluto arbitrario o resultado de un formalismo o una curiosidad, sino consecuencia directa de un problema vivo en nuestra propia práctica docente.  Ello estaba en el fondo de un primer intento de tema más general: la situación oscurantista en que está inmersa la educación actual, una educación que al darse como una situación mercantil, en nuestro caso particular, ahonda las posibilidades de dicha característica bajo el proceso de fetichización o alienación en que queda inmerso el estudiante, y de ahí que, invariablemente a su vez, hubimos de abordar el tema acerca del proceso oscurantista en esta tesis.

 

Realmente la dimensión del oscurantismo no es sino el fenómeno, el efecto, la forma, debajo de lo cual como su esencia, como la causa y contenido, vislumbramos como problema a resolver, una contradicción determinante localizada muy particularmente en el ámbito de la educación privada: <<la situación mercantil que condiciona la relación alienada del estudiante, frente a la ética profesional docente>>.  No debe entenderse por ello, más con prejuicio ideológico maniqueo que con cabal comprensión, que se afirme que “la educación privada no sirve”.  En esta tesis no hay una línea en donde se afirme tal absurdo.  Esta tesis no trata de ello, tal punto ni se afirma ni se niega, porque ello simplemente no es objeto de discusión.  Pero para despejar toda duda al respecto, baste la siguiente explicación: la contradicción antes enunciada no podía expresarse en toda su plenitud, sino en la práctica docente del ámbito de la educación privada, jamás lo podría haber sido en el ámbito de la Universidad pública; es un problema inherente pues, a la Universidad privada, y, en consecuencia, la propuesta de esta tesis, no tiene más fin que proponer una solución a ello.  Luego entonces, busca el bien de la misma, partiendo del principio implícito de que la Universidad privada, por lo tanto, no sólo efectivamente sirve, sino, de satisfacerse lo planteado en esta tesis –ese es el planteamiento teórico de este ejercicio–, puede ofrecer un real desarrollo a los jóvenes de esta sociedad, comprometidos para con la sociedad misma.  Acaso al final, sin que para este momento histórico, conscientes de la necesidad, se niegue lo antes dicho –permítasenos soñar–, nos pronunciamos por el gran anhelo de una sociedad más justa e igualitaria, por la Gran Narrativa prometéica decimonónica: por el humanista principio educativo ilustrado de, “Enseñar a Todos de Todo”; la gran utopía de una educación sostenida socialmente, que queremos creer, algún día será.

 

Así, esencialmente, dicho fenómeno se refiere, primero, al proceso de enajenación en que se encuentra el producto del trabajo del docente (la fuerza de trabajo cualificada que es apropiada por otro y se revierte socialmente al propósito educativo); mas luego a su vez, tal fenómeno de mercantilización frente a la ética profesional docente, también se refiere, y más esencialmente aun, al proceso de fetichización de las relaciones educativas humanas, morales, confundidas e impensada e involuntariamente, sustituidas por relaciones mercantiles, lo que a su vez se conoce como alienación social.

 

Con ello, lo que el docente produce –dicho en los rigurosos términos marxistas de la economía-política dialéctico materialista en que se sustenta esta tesis, es “fuerza de trabajo cualificada”, que se encarna en el estudiante.  No sólo económico-políticamente, sino por razones esencialmente ético-estéticas, dicho producto, en tanto inmerso en las más nobles relaciones humanas, como es la labor educativa, y en tanto actividad socialmente creativa, ha de ser realización social humana del docente; tal cual define Marx precisamente la actividad humana creadora al referirse al papel del arte, es decir, ahí donde se crea lo bello; de donde, dice Marx, mientras el animal produce exclusivamente con arreglo a la necesidad “el hombre sabe producir..., siempre a la medida inherente al objeto; el hombre, por tanto, crea también con arreglo a la belleza”[1]; y en ese sentido, ese producto encarnado en el estudiante y el estudiante mismo que es educado, que se contribuye a crear como persona, y por tanto, producto al final de todo, que es un ser humano al que se humaniza, representa un valor de uso; esto es, un satisfactor, en este caso, del intelecto y de la ética y estética, o dicho en general, de la espiritualidad humana, del docente.  Es en ese sentido que se da el esencial pasaje de Marx en donde éste, refiriéndose al docente, dice: “Si se nos permite poner un ejemplo ajeno a la órbita de la producción material, diremos que un maestro de escuela es obrero productivo si, además de moldear la cabeza de los niños, moldea su propio trabajo...”[2]; es decir, que está presente en ello el doble carácter del valor.  Respecto del valor de cambio nada podemos hacer, su enajenación es condición de necesidad; mas, respecto del valor de uso, de su calidad como satisfactor espiritual –así lo sostenemos esencialmente en esta tesis, estamos obligados a incidir en el rompimiento del proceso alienante de ese producto encarnado.

 

Invariablemente, con el proceso de producción de esa fuerza de trabajo cualificada, se enajena dicho producto necesariamente, convertido en valor de cambio.  Pero frente a ello, el docente no puede tener la misma actitud del obrero fabril igualmente despojado, que, como dijera Marx, acaba aborreciendo no sólo el producto de su trabajo, sino su trabajo mismo, y “huye del trabajo como de la peste”[3].  Lo que está en juego no sólo no son productos materiales como piezas desechables, sino seres humanos; y más aun, lo que está en juego no es sólo la posibilidad del trabajo real, la producción creativa; sino la conciencia social de ese “obrero del intelecto”, de ese “obrero productivo que moldea las cabezas” altamente cualificado, que es el docente.

 

A dicho “obrero del intelecto”, el docente que realiza lo que en economía-política se denomina trabajo complejo en tanto altamente cualificado; a diferencia del obrero fabril que realiza el llamado trabajo simple; le es condición de necesidad el recuperar la parte ético-estética; la parte de la relación moral y la actividad creativa depositada en el producto de su trabajo como valor de uso, desfetichizar en la conciencia del estudiante las relaciones educativas particularmente entre él y el docente, revertir pues, en lo más posible, el proceso de alienación, en el acto en que el docente se lo apropia enfáticamente como suyo; cuando el poseedor del capital sólo lo transferirá en calidad de valor de cambio, como mercancía.  Para contribuir a lograr en lo más posible tal recuperación en el orden de lo espiritual, de lo moral y creativo, he ahí la hipótesis: la evaluación ético-estética en el aula universitaria por el autocompromiso de trabajo académico del estudiante, de tal modo que, valorado objetiva y concretamente por ello, el docente asuma su responsabilidad ética de hacer la equivalencia a una medida, la cual queda preestablecida mediante lo que denominamos como “Matriz de Evaluación por Autocompromiso”.

 

Si el resultado de este trabajo, sintetizado básicamente a lo largo del año 2004, ha sido trascendental, ello ha sido debido a que nuestra práctica docente hasta entonces depauperada bajo el empirismo del “ensayo-error” de varios años atrás, la reemplazamos por una investigación científica formal; la cual verificamos en términos teóricos durante el primer Semestre de 2005, y en términos prácticos, incluso mediante el intento de una predicción, durante el segundo Semestre del mismo año, con un resultado exitoso, como en su lugar habremos de demostrar.



[1] Marx, Karl; Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844; Editorial Grijalbo, Col. Enlace Iniciación, Nº29; México, 1968; (pp.81-82).

[2] Marx, Karl; El Capital, Crítica de la Economía Política; Fondo de Cultura Económica, Tomo I, vigésima reimpresión, México, 1987; p.426.

[3] Marx, Karl; Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844; Editorial Grijalbo, Col. Enlace Iniciación, Nº29; México, 1968; p.78.

 



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