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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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20 julio 2010 2 20 /07 /julio /2010 08:30

La Evaluación Ético-Esteticista

en el Aula Universitaria Durante un Curso.

  Tesis Maestría en Educación Superior, 2007 (30)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 04 nov 10.

 

 

“Las ideas científicas..., poco han penetrado en la cultura popular”, citamos a José Antonio de la Peña y a Michael Barol, quienes continúan y dicen: “...grave es el que abunden las creencias pseudocientíficas y no científicas.  Vivimos una época en que las religiones, las supersticiones, los cultos esotéricos (por ejemplo el New Age) y las pseudociencias han tomado gran vigor y han conseguido penetrar en las conciencias populares.  Muchos consideran que nos encontramos en una nueva era de oscurantismo”[1]; y evidentemente ese es nuestro parecer en esta tesis.

 

Los autores citados, en su interesante artículo consistente en un estudio por encuesta sobre el estado del conocimiento científico y las creencias, obtienen algunas conclusiones, entre las cuales, en alguna dicen: “...se puede tener confianza [por la gente en general] en la ciencia al tiempo que se cree en las pseudociencias, mostrando claramente que el común de la gente no distingue entre lo que es ciencia bien establecida y las creencias sin fundamento”[2]

 

La manera en que se introducen en la academia las ideas pseudocientíficas opera, como lo dice en otro artículo de la misma fuente, Frida Díaz Barriga, a base de “nociones entresacadas de teorías psicológicas recientes: la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, de la inteligencia emocional de Goleman, los estudios sobre el efecto Pigmalión o las llamadas “profecías de autocumplimiento”, algunos principios emanados de las teorías cognitivas del aprendizaje y la motivación, así como las técnicas mnemónicas resultantes de los estudios en memoria.  Esto puede inducir al lector a pensar en que existe en realidad un fundamento académico”[3], y más aun, científico.

 

En el mismo sentido se expresa Gerardo Hernández Rojas en un artículo más acerca de la oferta de ese aprendizaje acelerado: “Se presentan con un discurso envuelto de términos y frases en apariencia científica aderezado de frases propagandísticas... Sostienen que se puede enseñar a pensar o razonar eficazmente sin importar sobre qué se razona o se piensa” [4].

 

Con el título de “Pedagogía Fraudulenta”, Gilberto Guevara Niebla en la misma revista dice: “La educación que se propone..., es crear individuos “excepcionales”, “superiores”, “líderes”, “genios”, es decir, hombres superdotados que habrán de dirigir a los demás hombres”[5]; todo lo cual va afín a la ideología del individualismo mezquino.  Y finalmente en el editorial del Dossier Educativo de la fuente comentada, se agrega, como respondiendo directamente a la autora Alicia Escribano: “no es con ambientes esotéricos o estrambóticos...  Necesitamos recurrir a los resultados de investigaciones científicas serias que nos permitan evaluar los resultados objetivos de nuestra acción”[6].  Mas ese, justamente, es el problema: el desconocimiento de la ciencia y su método.  Y el editorial de la fuente ahora comentada continúa: “La mayoría de estos programas (se refiere a los programas de “aprendizaje rápido”) parten del supuesto de que la escuela ha desaprovechado la parte inconsciente, instintiva, sensorial o quién sabe qué otros sentidos insospechados, dando demasiado énfasis a la razón”[7].  Luego, agrega: “El trabajo docente continúa abandonado al empirismo...”, verdad absoluta de la que, hasta no dada la investigación de esta tesis, nosotros mismos hemos sido víctimas, en ese empirismo que hemos llamado de “ensayo-error”.

 

Generalizado el problema, que se restringe a los programas de “aprendizaje rápido”, podemos decir con el editorial: <<De una manera velada o abierta, los difusores de estas ideas esoteristas y anticientíficas, se han lanzado contra la escuela y contra los métodos educativos basados en la razón y en los resultados de la investigación científica.  Son muchos los docentes, especialmente en escuelas particulares, que recurren –ampliamos nosotros–, a esos argumentos pseudocientíficos>>; se propugna así, la inserción de métodos educativos en el aula, mezcla de técnicas –si bien válidas en sí mismas– de hipnosis, musicoterapia, relajación, vinculadas a toda suerte de ideas orientalistas, por definición, exóticas, que hacen de la práctica docente, una práctica pseudocientífica.

 

 “La Programación Neurolingüística –continúa el editorial–  se vende como el software de nuestro cerebro, que en este caso sería el hardware: una máquina que puede y debe ser manipulada por el sujeto y a veces con la ayuda de un maestro”[8].

 

Del artículo principal del Dossier, o documento de expediente de la revista bajo la autoría de Javier Armenta, Director del Observatorio de Pamplona, citamos éste autor que a su vez inserta una larga cita de Ignacio Ramonet de su libro “Un mundo sin rumbo: crisis de fin de siglo”, que por su importancia nosotros a su vez recogemos: “En sociedades poseídas en principio por la racionalidad, cuando ésta se diluye o se disloca, los ciudadanos se ven tentados a recurrir a formas de pensamiento preracionalistas.  Se vuelven hacia la superstición, lo esotérico, lo ilógico, y están dispuestos a creer en varitas mágicas capaces de transformar el plomo en oro y los sapos en príncipes.  Cada vez son más los ciudadanos que se sienten amenazados por una modernidad tecnológica brutal y se ven impelidos a adoptar posturas recelosas antimodernistas...”[9]  Mas, a continuación, nuestro autor deja la puerta abierta al ladrón, que por demás habrá de entrar irrestrictamente sin ser reconocido: “A pesar de que se desconozca o se minusvalore a la ciencia –¡atención! También culpable de complicidad con los sistemas económicos y de poder, no puede erguirse en torre de marfil por encima del bien y del mal“[10]

 

Condenemos, pues, a la ciencia –ya desde ahí la turba expectante de la quema de los herejes se frotará las manos–; pero para no hacer quema indiscriminada de la ciencia, habremos de distinguir de qué ciencia se habla, en manos de quién, operando bajo qué intereses, en qué se encarna o materializa eso tan etéreo y abstracto, como la “condena a la ciencia”.  Y luego de un ejercicio no muy complejo, llegaremos indefectiblemente a que aquí, la ciencia, es la víctima, no el victimario, el responsable a condenar habrá de ser una y otra vez el sistema económico social capitalista, y en él la ciencia manipulada en función de sus intereses y en contra de los intereses de la sociedad en su conjunto.

 

Hay ciertamente lo que pudiéramos llamar un “efecto de dos frentes”, en que por una parte se desacredita a la ciencia como un “paradigma limitado”, y luego se le equipara al resto de los “saberes”; válidos en tanto aportes de la cultura; como un saber más, y por lo tanto, se reduce a la ciencia a un saber igualmente válido.  Finalmente ese conjunto de “saberes” igualmente válidos todos, y que en tanto válidos, dada la primacía que se otorga a la verdad subjetiva, incorrectamente, por ese sólo hecho, se dan por verdaderos en igualdad de circunstancias.  Todo ello hace la equivalencia al mismo tiempo, al hecho de que nada es cierto, y entonces todo se vuelve duda extrema y nihilismo absoluto; y la ciencia queda así absorbida y desaparecida.  Luego, en el otro frente extremo, ocurre que las pseudociencias –ya no los “saberes” tradicionales como el chamanismo, la astrología o la quiromancia hace mucho dejadas de reconocer incluso como “ciencias” falsas para quedar tan sólo como “saberes” tradicionales–, sino las falsas ciencias como la Dianética o Cienciología, la Sugestopedia (alguna vez, 1978, reconocida incluso por la UNESCO); las Inteligencias Emocionales, toda suerte de terapias, sistemas de meditación trascendental y nuevos y seguros caminos al éxito y demás (“saberes” nuevos arropados de lenguaje científico); como tales se hacen pasar por ciencia, se identifican a ella produciendo el engaño del que no sabe realmente de ciencia ni de método científico, y aumenta así la turbación de los perplejos.

 

Finalmente, que estos criterios esoteristas penetren incluso en la academia, habla no tanto de la efectividad mercadotécnica de sus promotores, como de la debilidad de la formación científica de los docentes mismos; los cuales precisamente no están preparados y capacitados para efectuar un trabajo científico en su actividad profesional, y mucho menos aun para realizar lo que se denomina investigación educativa a partir de su propia práctica docente.

 

Más aun, ha sido el caso trágico de nuestra experiencia que concluye con esta tesis: en el medio no sólo se percibe la incapacidad de presentar una metodología científica de trabajo, sino peor aun, hay un pronunciamiento abierto con un fundamento pragmático utilitarista, en el sentido de las “limitaciones de la ciencia”, de la “necesidad de cambios de paradigma” y con ello el abandono de la necesidad de los marcos teóricos, de la hipótesis, de la lógica; y la necesidad de favorecer la flexibilidad metodológica de los “saberes”.  No sólo se desconoce el método científico, sino como consecuencia, se identifica y cree que se puede reemplazar por técnicas de investigación que se aducen suficientes en sí mismas; como la propuesta de la “Investigación Acción Participativa”, que se asume como “más científica”, por el “compromiso” en el cual incluso el sujeto se asimila al objeto de estudio y el objeto de estudio se hace el sujeto mismo.  Mas veremos que justamente eso es lo que le da su carácter acientífico.

 



[1] Peña, José Antonio de la-Barol, Michael; Conocimientos y Creencias; en “Educación 2001, Revista Mexicana de Educación”, Nº 106, marzo 2004; p.10.

[2]       Ibid. p.16

[3] Díaz Barriga, Frida; La Oferta Educativa en el Aprendizaje Acelerado; en “Educación 2001, Revista Mexicana de Educación”, Nº 106, marzo 2004; p.19.

[4] Hernández Rojas, Gerardo; ¿Acelerar el Aprendizaje?  Un Problema Mal planteado e Ingenuamente Resuelto; en “Educación 2001, Revista Mexicana de Educación”, Nº 106, marzo 2004; p.23-26.

[5] Guevara Niebla, Gilberto; Pedagogía Fraudulenta; en “Educación 2001, Revista Mexicana de Educación”, Nº 106, marzo 2004; p.37.

[6] Dossier Educativo Nº 30; en “Educación 2001, Revista Mexicana de Educación”, Nº 106, marzo 2004; p.2.

[7]       Ibid. p.2

[8]       Ibid. p.3.

[9] Armenta, Javier; Ciencia vs. Pseudociencias; Documentos, Dossier Educativo Nº 30, marzo, 2004; en “Educación 2001, Revista Mexicana de Educación”, Nº 106, México, marzo, 2004;. p.4.

[10]       Ibid. p.4.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
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