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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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20 julio 2010 2 20 /07 /julio /2010 08:37

La Evaluación Ético-Esteticista

en el Aula Universitaria Durante un Curso.

  Tesis Maestría en Educación Superior, 2007 (37)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 29 nov 10.

 

     b)  Fundamentos pedagógicos

 

He ahí, en el apartado anterior, el fundamento filosófico ético-estético en nuestra interpretación dialéctica materialista, así como su fundamento teórico dado en su concepción de la ciencia, de este trabajo.  Y ahora esta filosofía dialéctico-materialista ha de atravesar el presente apartado sobre el fundamento pedagógico marxista, es decir, sobre el principio de que la educación entendida como la humanización del ser humano, en el orden económico-social capitalista, es alienación del trabajo concreto que niega tal posibilidad.

 

La formación de la personalidad en la cual se expresa la realización social humana (la humanización del ser humano), siendo pues relación ético-estética docente-estudiante, es por ello –ha de ser así–, desalienación del trabajo concreto, hemos dicho antes, y ahora aquí abundaremos en esos argumentos más en lo particular.

 

No tratamos en este apartado en forma pormenorizada de los elementos de modelo educativo alguno, ya que no es objeto de esta tesis; nos referiremos exclusivamente a la relación esencial del proceso educativo: la relación docente estudiante en su expresión más elevada en la cual se produce esa desealienación del trabajo concreto mediante la reapropiación del valor de uso; planteamiento ciertamente ab antiquo en el marxismo que se significa por la relación Maestro-Discípulo, y en ese análisis definiremos en primer lugar al Maestro.

 

Así, haciendo el esfuerzo por lograr una máxima generalización acerca de esas propiedades cuasi divinas* atribuidas no sin razón a un Maestro, podemos decir de nuestra propia generalización, que un Maestro es:

 

Un sabio (por lo menos a la vista de aquel que recibe la luz y se admira)

Un utopista (un soñador, un anhelante de lo mejor jamás pensado)

Un seductor (un prometéico inductor al “mal”, un instigador a probar del “fruto prohibido del conocimiento”, un persuasor hacia aquello que rompe con lo establecido emancipando al esclavo)

Un mago (un poseedor de “fuerzas misteriosas”, imbuido de un poder que influye en quienes desconocen las diferencias cualitativas entre los fenómenos y se ve seducido por la “ilusión”; un artífice transformador de los seres mediante insospechados recursos)

Un humanista (aquel cuya espiritualidad propia; a diferencia del místico escolasta cuya espiritualidad la reconoce perfeccionada con su alma en gracia de Dios; el humanista la reconoce perfeccionada en el mundo terrenal de los mortales en sociedad, y por ende, en su alteridad, en tanto su alter ego)

 

El docente en calidad de Maestro, un sabio humanista, un utopista, un mago seductor, consciente de su poder, consecuentemente comprometido, no puede por menos que preparar a la joven generación para crear nuevas relaciones sociales.  Es así como lo plantea B. Suchodolski al criticar a la vieja pedagogía burguesa que él califica aquí de “tradicional”:  “La pedagogía, según la teoría tradicional de la educación, tiene la tarea de adaptar la joven generación a las relaciones humanas vigentes en la sociedad.  No es su cometido prepararla para crear nuevas relaciones”[1]  Y, por lo contrario, el objeto de la educación es preparar a la joven generación para crear las nuevas relaciones sociales, lo que supone crear un ser humano nuevo, dotado de los más altos valores morales, de la mayor sensibilidad estética, y capacitado en el más alto nivel intelectual científico.

 

“Sólo los utopistas –dice Suchodolski a propósito de criticar las pedagogías escolasta feudal y burguesa capitalista caracterizadas por ese fin adaptador intentaron considerar el papel de la pedagogía desde otro punto de vista completamente distinto, esperando que la educación en el futuro daría lugar a una total transformación de la vida del hombre[2]; si bien el autor lo hace criticando la falacia de la utopía en ese sentido de solución social real, nosotros recuperamos el concepto de utopía en el sentido del legítimo máximo anhelo; y por tanto, ello, como se puede deducir sin dificultad, supondría precisamente al utopista que en el asunto de los sabios, educa; al mago que opera las transformaciones de las cosas, al humanista centrado en la plenitud eudemónica de la vida del hombre: supone pues, al docente en esa categoría de Maestro.

 

Entre ellos menciona a Comenio y a Pestalozzi, este último del cual, comentando su “Investigaciones Acerca del Proceso de la Naturaleza en el Desarrollo del Género Humano” de 1797, dice que el mismo expresa “que una auténtica educación humana en el orden social capitalista entra en conflicto con las inhumanas relaciones materiales entre las personas”[3].  Suchodolski cita luego a Helvecio en el mismo sentido, y en particular de Kant, en su Antropología del Aspecto Pragmático, 1798; retoma el pasaje en que este a su vez, a su manera idealista subjetiva, niega la posibilidad de que sea la educación la que de lugar al progreso de la humanidad en el sentido de las transformaciones sociales, que antes bien, deben precederle: “El hombre debe ser educado para el bien –dice Kant–, pero quien ha de educarle es a su vez un hombre que permanece todavía en la incultura de la naturaleza y él mismo necesita de lo que ha de efectuar”[4].

 

Acerca de estas radicales dudas –dice ahora Suchodolski– expresadas por Helvecio y Kant, Marx plantea en su crítica a Owen, la pregunta clásica ya, de quién educará al educador.  Marx –dice Suchodolski–, “mostró, mucho más claramente que Helvecio y Kant, que la creencia en el poder de la educación para crear nuevas condiciones de convivencia humana prescinde de la realidad, que la educación misma es resultado de las anteriores relaciones humanas; al mismo tiempo indicó el camino que posibilita salir de este círculo vicioso mediante la práctica revolucionaria”[5].  En suma, nosotros no nos engañamos en cuanto a la solución de la contradicción dialéctica que se analiza en esta tesis.  La sabiduría, la utopía, la seducción, la magia y el humanismo que en lo más general y esencial definen al docente en su calidad o en la categoría de Maestro, no serán ni con mucho suficientes para incidir en las sustanciales transformaciones del orden social.  Por eso hemos dicho más arriba, si acaso, potenciarán la dirección del cambio.  Entre tanto, la desalienación del valor de uso (el estudiante que en tanto humano satisface la necesidad espiritual de la humanización misma del docente en la medida que es su creación), y recuperación del trabajo concreto (precisamente, la humanización del ser humano), es no sólo posible, sino condición de necesidad histórico social.

 

Mencionando las fuentes del marxismo para la pedagogía, Suchodolski destaca la obra conjunta de Marx-Engels La Sagrada Familia; y de ella extrae una cita que aquí a su vez parcialmente recogemos: “No se trata –escriben Marx y Engels– de lo que de pronto se imagina un proletario, o incluso el proletariado entero, como objetivo.  Se trata de lo que éste es y de lo que este ser se ve forzado a hacer...”[6], y Suchodolski hace ver de este planteamiento la importancia diciendo que ello es: “...porque hace concebir al individuo y su desarrollo a partir de las tareas históricas de clase a la que él pertenece, y no según la situación individual física.  Marx desarrolla más tarde esos pensamientos suyos, pero en esta formulación rompe con toda clase de psicologismo y concibe el desarrollo humano como algo histórico bajo la consideración de su evolución y sus tareas...”[7].  Para nosotros la cita es interesante por cuanto define la posición que deslinda de ese psicologismo al que, con ese término (de “doctrina de la psicología”), se refiere Suchodolski mismo, y que enfatiza el carácter individualista y aislado del educando; y en su lugar establece el fundamento histórico-social de la pedagogía marxista (si bien Suchodolski critica a su vez en alguna parte el fundamento “sociologista”, pero refiriéndose al sociologismo fatalista dado en la concepción burguesa de lo social, y que se distingue claramente en el trabajo de Engels, La Situación de la Clase Obrera en Inglaterra)

 

Ese es un primer fundamento dialéctico materialista o marxista para la pedagogía, pero un segundo fundamento se desprende de otra cita de Marx retomada por Suchodolski, misma que a su vez parcialmente transcribimos: “...de lo que se trata –dicen Marx y Engels– es (...) de organizar el mundo empírico de tal modo que el hombre se experimente a sí mismo en cuanto hombre”[8], esto es, que, al humanizar al ser humano, el docente se humanice a sí mismo.

 



* En el transcurso de la Maestría que concluye con esta tesis se realizaron dos ejercicios, uno en el Primer Semestre y otro en el Cuarto Semestre, por dos docentes distintos, acerca de esa relación de las cualidades de un Maestro; y en ambos casos, el esfuerzo ilógico de los equipos de trabajo respectivos se centró en hacer el listado más extenso posible, esto es, tratar de lograr la máxima particularización; de manera opuesta a lo que aquí proponemos.  En ambos casos resultó evidente que una enumeración de las particularidades jamás alcanzará a definir al todo, puesto que –principio de la lógica formal– el todo será siempre mayor a la suma de las partes.  El esfuerzo, por lo contrario a la particularización y las cualidades secundarias del fenómeno, debe dirigirse hacia la máxima generalización y esencialidad.

[1] Suchodolski, Bogdán; Teoría Marxista de la Educación; Editorial Grijalbo, México 1966, p.XIII (subrayado nuestro)

[2] Ibid. p.XIII (subrayados nuestros)

[3] Ibid. p.XIV

[4] Ibid. p.XIV

[5] Ibid. p.XIV

[6] Ibid. p.15

[7] Ibid. p.15

[8] Ibid. p. 16

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
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