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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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20 julio 2010 2 20 /07 /julio /2010 08:39

La Evaluación Ético-Esteticista

en el Aula Universitaria Durante un Curso.

  Tesis Maestría en Educación Superior, 2007 (39)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 06 dic 10.

 

La esencia de esta tesis cuya contradicción fundamental se expresa en la relación mercantil del servicio educativo; en donde un “cliente” de la “empresa educativa” en calidad de estudiante, difícilmente, sólo en casos extremos, puede ser no-acreditado respecto de los niveles educativos esperados (el estudiante suele resolver mágicamente en un examen de dos horas, lo que no hizo en todo un curso de cuatro meses); frente al valor ético profesional docente, que ha de hacer abstracción de dicha condicionante mercantil (y con lo cual, el docente así sea intuitivamente lo sabe, pone en riesgo los ingresos de la empresa y su propia estabilidad laboral), se traduce en ese fetichismo en el cual las relaciones humanas en la noble función de la educación, se truecan en meras relaciones mercantiles de contratación y venta de la fuerza de trabajo docente; dando lugar al proceso de alienación, esto es, de relaciones cosificadas, de dicho trabajo.

 

El docente, como todo asalariado, crea valor, no sólo en general por el tiempo de trabajo destinado en producir; sino porque aquello que produce se materializa en un valor de cambio, en una mercancía, y “las mercancías –dice Marx ya en su Contribución a la Crítica de la Economía Política–; que existen en cuanto valor de uso, se procuran en primera instancia la forma en la cual aparecen recíproca e idealmente como valor de cambio, como cantidades determinadas de tiempo de trabajo general materializado”[1]; así, esa fetichización que se hace del estudiante como producto materializado del trabajo del docente tiene un doble carácter: ya como valor de uso, satisfaciendo la necesidad del docente en la formación de la personalidad del estudiante, “un medio directo para la satisfacción de sus propias necesidades”[2]; ya como valor de cambio, resultado del trabajo general materializado e intercambiado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para dicha materialización.

 

Ahora bien, como dice Marx, “el devenir de las mercancías en cuanto valores de uso presupone su enajenación en todos los aspectos...”[3], dada justo precisamente por ese intercambio que le hace existir como valor de cambio; y de ahí que el mismo Marx nos diga que, “para realizarse como valores de uso, deben realizarse como valores de cambio”[4], y en el caso en que este proceso ocurre en el ámbito de la educación escolar privada, eso que ocurre necesariamente, se hace totalmente evidente.  Eso es precisamente lo que ocurre con el educando, y de ahí la necesidad del educador de rescatarlo, dicho enfáticamente, recuperarlo ético-estéticamente en cuanto producto espiritual de su trabajo, en la medida en que el educando es la materialización de su trabajo concreto, de su trabajo útil, es decir, en el que ha creado valor de uso.  El egresado que se incorpora al mercado laboral como fuerza de trabajo cualificada es pues, la consumación de ese proceso por el cual el valor de uso se hace completamente real.

 

Si bien habremos de aceptar –dada la cita referida anteriormente– que “el devenir de las mercancías en cuanto valores de uso presupone su enajenación en todos los aspectos” (Marx), ello impone su recuperación, no-vía su consumo como valor de cambio; lo que no compete al docente porque no es en ese sentido que así satisface su necesidad, y por el contrario resulta un absurdo; sino recuperarlo –hemos dicho–, primero, vía ético-estética, esto es, como realización social humana, y segundo, en cuanto fuerza de trabajo cualificada que se realiza.

 

“En una economía mercantil que se desarrolla espontáneamente y que se basa en la propiedad privada de los medios de producción..., el trabajo concreto aparece en la producción como trabajo privado de productores de mercancías aislados que laboran por su cuenta y riesgo y desconocen las necesidades reales del mercado.  Su carácter social se revela únicamente en el proceso del cambio de las mercancías”[5], y aun así, será trabajo social encubierto.  En ello se revela todo el mecanismo de fetichización (de personificación de las cosas y cosificación de las personas; de lo que siendo relación entre las personas, aparece como relaciones entre cosas), del trabajo del docente.

 

El trabajo concreto aparece como trabajo privado, es decir, como “trabajo de productores separados, exteriormente independientes”[6]; por ello, el que aparezca; por lo cual puede entenderse incluso que “surja”; como trabajo privado, no quiere decir que lo sea, sino propiamente que “aparenta ser”, que parece ser; que aparece de una forma que no es; y aparece como trabajo privado de productores cuyo trabajo aparece como realizado por su cuenta y riesgo a manera de “servicio profesional privado”, que desconoce incluso no sólo las necesidades reales del mercado (y parece producir irracionalmente), sino desconoce las relaciones laborales mismas (y se asume ya como trabajo de servicio profesional privado, ya como, en el mejor de los casos, trabajador asalariado de servicios, y no como trabajador asalariado productivo).

 



[1]    Marx, K; Contribución a la Crítica de la Economía Política; Editorial s.XXI, México 7ª edición, 2003, p. 49 (subrayados suyos)

[2]    Idem. p. 25

[3]    Idem. p. 26

[4]    Idem. p. 26

[5]    Libman, G.I; et al; Diccionario Marxista de Economía Política; Ediciones de Cultura Popular, México, 1977. (v. Trabajo Concreto)

[6]    Ibid. (v. Trabajo Privado)

 



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