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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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20 julio 2010 2 20 /07 /julio /2010 08:40

La Evaluación Ético-Esteticista

en el Aula Universitaria Durante un Curso.

  Tesis Maestría en Educación Superior, 2007 (40)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http//:espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 09 dic 10.

 

2  La formación de la personalidad y la educación ético-estética.

 

a)    Toda relación Maestro-Discípulo,

es humanización del ser humano

que ha de ser realización del progreso

moral y científico.

 

La “humanización del ser humano” es la esencia de la teoría del Humanismo, expresión misma de la filosofía renacentista, en la cual se sustenta el respeto a la libertad, dignidad y personalidad del hombre, y a su formación multifacética.  “El Humanismo es antípoda de todo género de fanatismos..., intolerancia y falta de respeto a los puntos de vista y conocimientos de otras personas”[1].  En él, “el pensador y el investigador van de la mano con el creador”[2].

 

El Humanismo surge –hemos dicho antes– como movimiento ideológico con el Renacimiento, ya desde el s.IX con la incipiente burguesía revolucionaria en lucha contra el régimen feudal y su sustento teórico oscurantista (como le llamara ya Ulrich Von Hutten –1488-1523–, refiriéndose a la ignorancia que caracterizaba a aquella época), oscurantismo escolástico pues, fundado en el neoplatonismo o sus variantes en el realismo medieval, el conceptualismo y el nominalismo, en la concepción teológica.  Luego de diez siglos, con el Humanismo, el paganismo vuelve como formación laica y su florecimiento tiene lugar en el Iluminismo.  El Humanismo iluminista es pues la savia, la sangre o el ikor mismo de la llamada Época Moderna.  Es pues que la educación de la modernidad dada hasta el último quinto del s.XX, estuvo fundada en ese Humanismo ilustrado, científico, laico y progresista, partidario de la historicidad del ser humano en la cual el ser humano se reconoce a sí mismo.

 

La inercia de ese movimiento en esta larga etapa histórica de la modernidad aun perdura hasta este primer lustro del s.XXI; mas, debemos reconocerlo, existe hoy ya un fuerte movimiento cultural (propiamente “contracultural”, como se denomina a sí mismo por sus partidarios) dominante, que prácticamente ha reemplazado a ese pensamiento humanista de origen; este relativamente nuevo movimiento “cultural”-ideológico, es el llamado posmodernismo, que se inicia hacia 1930, pero frente al Realismo Socialista no destaca más allá de los Estados Unidos; y, en consecuencia, sólo va a ser hasta la caída del socialismo soviético a principios de los años noventa que el posmodernismo, evidenciando su carácter de ideología capitalista burguesa, fatalista, conservadora, conformista y anticientífica, aflora a plenitud.

 

Desarrollamos aquí con detenimiento estas ideas, en primer lugar, dado que, como lo compartimos con Otahalova: “Es posible decir que el humanismo es una corriente ética que toma características especificas en cada época de la historia de la sociedad”[3], como etapas de un proceso único.  Así, en nuestro planteamiento, seguimos sosteniendo las ideas de ese Humanismo renacentista ilustrado en el que, negando a Dios, el ser humano toma en sus manos su propia realización, fundamento ético y estético de nuestra concepción educativa; si bien es cierto que en una de sus etapas más críticas, la actual, la de los inicios de este s.XXI, en que el oscurantismo neoplatónico-escolasticista dado en la llamada “metafísica de la experiencia”, ha vuelto subrepticiamente a las aulas universitarias*.  En más de un curso de la Maestría en Educación que culmina con esta tesis, se sostuvo por los docentes –con la condescendencia como más que velada aceptación de verosimilitud por parte del estudiantado de la misma–, que <<la ciencia no es el único “saber”; más aun, que tal es “evidentemente” limitada, lo que impone la necesidad de que sean considerados otros “saberes”; con los cuales –haciendo tácito culto al exótico misticismo oriental– es posible explorar incluso el mundo de lo sobrenatural, reconocido como realmente existente; esto es, donde están involucrados “saberes” tales como la astrología, la alquimia misma (rescatando los “antiguos secretos” esotéricos –ocultos– que la ciencia ilustrada menospreció y desechó), la quiromancia, la cartomancia, el chamanismo; entre otros posibles como el espiritismo, el saber oracular o la mitomancia predestinante; aceptado todo lo cual, por el sólo hecho de ser un aporte efectivo de la “tradición milenaria” y la cultura; sin más demostración que la “evidencia testimonial”>>; poniéndose de relieve con ello el desconocimiento de lo que, con rigor, es la ciencia y el método científico, en lo cual, pudiendo aceptarse la “evidencia testimonial” como válida, no habrá de ser por ese solo hecho, objetivamente verdadera.  Es decir, que el error principal de tales afirmaciones se da por sustitución de tesis, por ignoratio elenchi; en que aceptando como “válidos” dichos “saberes”, se toman como “verdaderos” (precisamente con ese fundamento de la verdad subjetiva), identificándose “validez” con “verdad”.

 

La teoría del Humanismo; frente a esa época en que “la iglesia orientaba el pensamiento hacia Dios y la vida extraterrenal...”[4], y despreciaba lo humano en tanto envoltorio transitorio y desechable del alma; es toda una posición ideológica en donde lo humano se tiene en alta estima y “el hombre debe todo lo que tiene y todo lo que es a sus capacidades y a su trabajo..., (y) el intelecto humano es igualado al divino”[5], de donde el Humanismo se caracteriza en lo fundamental por su pronunciamiento antirreligioso.  Y de trascendental importancia para esta tesis, es esa característica por la cual, “la capacidad de conocer el mundo forma parte considerable de la conciencia que el ser humano tiene de sí mismo”[6]; pues con ello destaca la propiedad del Humanismo de ser una teoría que por vez primera en la historia aborda el problema de qué es lo humano, y con ello, poder entender entonces, en qué consiste el problema de la “humanización del ser humano”, tanto como problema moral, ético, como estético.  Así pues, el humanismo contemporáneo ha de atenerse a la lucha en contra de esas posiciones místicas anticientíficas, demandando de la Universidad no sólo el saber ilustrado, científico, como definición de un concepto, sino éste como práctica concreta, tanto de la vida profesional de la especialidad del docente, como de su práctica docente misma.

 

Hoy en la Universidad –apelando si se quiere a una percepción empírica–, no sólo en esta Universidad, geografía e historia de esta tesis, sino en la Universidad en general tanto pública como privada en México; en un proceso que viene como esfuerzo sistemático del Estado desde hace unos veinte años, la ciencia hoy ya está, en la práctica, olvidada; si acaso algo prevalece en las carreras técnicas y de ciencias naturales, así, técnicamente, pero donde dichas carreras desconocen (es decir, son ignorantes) no sólo de todo fundamento filosófico de la teoría del conocimiento, sino desconocen, en función de ignorar deliberadamente, la esencialidad del conocimiento científico social, de las leyes que rigen a esa sociedad a la cual toda ciencia y técnica debe servir; y en tal manifestación extrema de ignorancia, en consecuencia, no sólo no pueden servirle, sino se dan al embargo de los intereses del capital, negando su responsabilidad humanística.

 

La ciencia existe ya sólo como concepto, su metodología es sólo una definición “entre dientes” en boca de los docentes.  La Universidad, en su concepto general, es hoy nuevamente la oscura sede del saber palatino escolástico del duochento, ciertamente brillante respecto de la “Escuela Romana” del s.V repudiada incluso –digámoslo así– por San Benito.  Y ese dejo de intuición empírica con que hemos enunciado esta afirmación, habrá de ser demostrada con rigor sólo en el contexto general de los argumentos de esta tesis.

 



[1] Foroba, N.T; Diccionario de Filosofía; editorial Progreso, URSS 1984 (v. Humanismo)

[2] Otahalova, Jirina; El Humanismo; en Chadraba, Rudolf; et al; “Renacimiento y Humanismo”; Editorial Cartago, Enciclopedia Popular Nº 10; Buenos Aires 1965, p. 76.

[3] Otahalova, Jirina; El Humanismo; en Chadraba, Rudolf; et al; “Renacimiento y Humanismo”; Editorial Cartago, Enciclopedia Popular Nº 10; Buenos Aires 1965, p. 73

* Este III Capítulo representa la argumentación de la premisa antecedente, en la que preferentemente damos por postuladas ciertas afirmaciones, las cuales por lo tanto no hay propósito de demostrarlas a fin de no incurrir en el error lógico del círculo vicioso, por el cual tendríamos que demostrar infinitamente el argumento antecedente.  La afirmación de “la vuelta del oscurantismo neoplatónico-escolasticista al aula universitaria” se funda en: 1) el abandono de la ciencia; no sólo como una práctica excepcionalmente realizada por el docente, sino como algo conceptualmente incompleto.  Si bien el docente es capaz de definir lo que es ciencia y sus elementos metodológicos básicos (particularmente en cuanto a los Métodos de la Sistematización del Conocimiento: el experimento, la hipótesis, etc; no puede, sin embargo, en general, descifrar lo tocante a los Métodos de la Teoría del Conocimiento); y 2) la enajenación social de la ciencia misma por los grandes monopolios internacionales.

[4] Ibid. p.74

[5] Ibid. p.76

[6] Ibid. p.76

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
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