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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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20 julio 2010 2 20 /07 /julio /2010 08:41

La Evaluación Ético-Esteticista

en el Aula Universitaria Durante un Curso.

 Tesis Maestría en Educación Superior,

2007 (41/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico, Revista Electronica

de Geografía Teórca.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 13 dic 10.

 

 

b) La formación de la personalidad en la cual se expresa la realización

social humana, es relación Magisterio-Discipular.

 

Por parte de la revista “Cuadernos de Pedagogía” en sus números 50 y 51, al entrevistar a Bogdan Suchodolski, éste responde a una de las preguntas refiriéndose a los procesos de alienación y el carácter fundamental de estos en la pedagogía, expresando que “la pedagogía está siempre ligada a cómo desarrollar y formar al hombre” [1].  Nuestra respuesta a tal interrogante planteada por Suchodolski, la concretamos en la necesidad de la formación de la personalidad como realización social humana, en su máxima expresión, en la relación magisterio-discipular.

 

Acerca de nuestro ideal de esa relación magisterio-discipular, tomamos de Shiskin la siguiente cita: “El <<Jardín de Epicuro>> (nombre con el que se conocía su escuela en Atenas) era un círculo de amigos íntimamente vinculados entre sí, fieles a su maestro y unos a otros”[2], por lo demás, pero por extensión, mucho hay también de lo que Shiskin menciona en cuanto a que tal escuela era el refugio intelectual ante una época adversa, como lo es la alienante sociedad actual.

 

Lo anterior supone una profunda identidad, estética, emocional, intelectual, ética, e ideológica; va en ello en juego, pues, una posición clasista, y de ahí que retomemos la cita de Marx recogida por Titarenko: “sobre las condiciones sociales de existencia se levanta toda una superestructura de distintos y peculiares sentimientos, ilusiones, formas de pensar y concepciones del mundo.  La clase entera crea y establece todo sobre el terreno de sus condiciones materiales y correspondientes relaciones sociales”[3]; ello explica la necesidad de esa relación discipular como condición incluso de conciencia de clase para sí.

 

Es en dicha actividad en donde, y sólo en donde, la elaboración de la moral de protesta como aspecto subjetivo de la lucha de clases adquiere un elevado, el más elevado, sentido de responsabilidad.  Se reproduce ahí una y otra vez la lucha del colectivo social consciente, contra la ética del individualismo en la teoría de la moral de J. Bentham del s.XIX, como de Sartre en el s.XX, o de Lyotard para el s.XXI, por sólo mencionar a algunos teóricos representativos; tras esta lucha en que la actividad discipular es apenas una parte, no obstante profundamente significativa, que proyecta el futuro progreso moral e intelectual científico de las clases avanzadas de la sociedad.  No se trata en ello del egoísmo de un grupo, ello lo será sólo en tanto los intereses del grupo entren en contradicción con los intereses de la clase social a la que se pertenece.  Se trata, por lo contrario, precisamente, de la formación de la personalidad, y en ello, de la condición humana de seres que subvierten el orden alienante de una sociedad decadente.

 

La sociedad actual es una sociedad decadente, abiertamente reconocida en crisis, cuya moralidad es evidentemente menos desarrollada que la moralidad que está contenida en las relaciones sociales de la clase proletaria depositaria del futuro, señal de la necesidad de un cambio a una organización social más avanzada; organización experimentada ya en diversas variantes y con todos sus errores a superar.  Dicho de otra manera, las costumbres practicadas bajo las influencias del posmodernismo; la subjetividad de la verdad, el nihilismo, el individualismo, el egoísmo, el relativismo arbitrario extremo, el culto a los valores oscurantistas como el esoterismo, o la pseudociencia; no establece condiciones de mayor dignidad humana, como las que pretende dejar atrás contenidas en el romanticismo del realismo socialista de la modernidad, en donde el optimismo se finca en el anhelo por un futuro de una sociedad en la que prevalezca la justicia y la igualdad social (mas no en la ilusión del perfeccionamiento de la sociedad capitalista), en donde prevalece el espíritu colectivista, el valor del sacrifico por los demás, una clara relación dialéctica entre lo absoluto y lo relativo, el principio del objetivismo, y el culto por los valores científicamente fundados; que por su parte, establece reales condiciones para la dignificación humana.

 

Mientras el estudiantado en general, e incluso buena parte del profesorado joven –constatado en esta Maestría en Educación– formado en la Universidad en los años noventa, se encuentran profundamente penetrados de influencias posmodernistas, y por el cual no pocos se declaran abiertamente a favor de ello* bajo las influencias filosóficas de Nietzsche, de Spangler, de Schopenhawer; o del “neomarximo” frankfurtiano, del revisionismo gramsciano, del existencialismo o del pensamiento de Lyotard, de Edgar Morin, y cuando no, de las consideraciones budistas o de otras variantes de la filosofía idealista oriental pronunciándose ya indirecta y velada, o bien ya abiertamente en contra de la ciencia; la relación académica discipular a favor del progreso moral y científico se enfrenta a esa situación dominante, adversa, en las condiciones más difíciles de nuestra propia práctica docente en la institución de educación privada.  En suma, el conflicto es el de una moral burguesa en descomposición, caracterizada ya por Marx y Engels como la multiplicación de la propiedad, la aspiración al poder y la influencia, y el logro de prestigio en función de tener; contra una moral proletaria ascendente, que trata de establecer nuevas normas de vida más dignas a la condición humana.

 

Bajo la influencia posmodernista, la moral se vuelve conformista y a la vez esquizofrénica, incoherente, en donde, justificando por un lado la desaparición del individualismo y la alienación moral con unas falsas ideas “colectivistas”, por otro lado, éstas están inmersas en <<las leyes de la jungla>> que se favorece y promueve con principios ideológicos de “liderazgo” y “competitividad”.  Y abusando de la extensión de la cita dado que ab auctorem la idea no podría expresarse mejor, citamos a Titarenko; que ya hace más de veinte años, en 1983, refiriéndose a la crisis general del capitalismo (de lo que cualquiera, poco atento, podría hoy, en el año 2005, reírse de sólo escuchar tal frase calificando de ingenuo a Titarenko ante la impensable crisis general del capitalismo, cuando éste reina omnímoda y hegemónicamente; como a Shiskin o a Schkolodski o a Adolfo Sánchez Vázquez o a cualesquier marxista; sin poder entender cuan profundo es su acierto a la vista de los hechos casi un cuarto de siglo después):

 

“Sin embargo –dice Titarenko–, en la motivación de la conducta predominan actualmente las representaciones del conformismo.  Consecuentemente, el interés burgués con su conciencia conformista resulta que se halla en el epicentro de la más violenta crisis de los ideales y valores morales.  De ello dan prueba el crecimiento de la crueldad, la indiferencia ante los sufrimientos ajenos, la pérdida de la sensibilidad, la propagación de la epidemia delictiva y la violencia en sus más variadas manifestaciones.  Codo a codo con la violencia aumentan el miedo, la sospecha, el sentimiento de soledad, la inseguridad en los vínculos con los demás, la caída del prestigio del trabajo y con ello la del respeto a las facultades creadoras.  Se incrementa la corrupción de los funcionarios “inclusive –y aquí Titarenko cita una frase de los Materiales del XXV Congreso del PCUS (p.29)– en los escalones superiores de la maquinaria estatal”.  La crisis ideopolítica “desgarra las normas morales elementales” (tomado de la fuente mencionada).  Se ponen al descubierto el descenso del prestigio de la familia, de la autoridad paterna y de las distintas asociaciones consolidadas que aseguraban al individuo la comunicación, el apoyo y los servicios.  Se ha agudizado extraordinariamente el conflicto generacional.  El deseo de llenar la vaciedad y monotonía de la vida y de encontrar salida frente a la competencia que extenúa el alma y el cuerpo y al humillante sentimiento de inutilidad social, empuja a los hombres a buscar distracciones excitantes y embrutecedoras.  Se amplía la desorganización social de todo género (narcomanía, disolución sexual, etcétera) y simultáneamente crece la indiferencia política”[4].

 

Ahora, casi un cuarto de siglo después –decíamos–, a la luz de los hechos de nuestra realidad actual, la más discreta sonrisa atribuida a la “ingenuidad” quedará cortada de un tajo.  No es producto de ninguna “premonición”, sino del apego a la interpretación objetiva del desarrollo del capitalismo con arreglo a sus propias leyes objetivas*.

 



[1]       Op..Cit. p. 185-187, Nº 51, marzo de 1979.

[2] Shiskin, A.I; Ética Marxista; Editorial Grijalbo, México 1966, p. 27.

[3] Titarenko, A.I; Ética Marxista; Ediciones ENSEPES, La Habana, 1983, p. 63

* Mediante una Tabla de Concordancias con once variables, mismas que se descomponían en tres grupos: 1) de los fundamentos filosóficos, 2) de los fundamentos pedagógicos, y 3) de su posición respecto al modelo de la modernidad o posmodernidad de la ciencia, en números gruesos obtuvimos en un ejercicio en una clase de maestría, allí a la vista y con la participación de todos, la filiación al modelo de la posmodernidad fue del 60%

[4]       Ibid. pp. 137-138.

* Lo que verdaderamente debe sorprender, es que el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) pecó de lo mismo que criticaba: la corrupción de los funcionarios “inclusive en los escalones superiores de la maquinaria estatal”, y en consecuencia los resultados fueron los mismos en una URSS no casualmente vuelta al capitalismo.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
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