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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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20 julio 2010 2 20 /07 /julio /2010 08:42

La Evaluación Ético-Esteticista

en el Aula Universitaria Durante un Curso.

 Tesis Maestría en Educación Superior,

2007 (42/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 16 dic 10.

 

Tal autoperfeccionamiento supone una conciencia de sí mismo, que no ha de obtener –en nuestro marco teórico– por ningún ejercicio de introspección o revelación en el acto de trascendencia, sino por el reconocimiento, más bien extrospectivo de su “Yo”, de su ego; precisamente en el otro, en la otredad, es decir, en su alteridad, y en ese sentido, en su alter ego que obra cual “espejo mágico”.  En los otros ve la imagen de lo que él es, reconoce no sólo su condición humana y social, sino lo que hay de diferente y de semejante en su propia perfección.  Y habrá de concluir que la perfección de los demás, representa su propia perfección.

 

Más allá de la conciencia de sí mismo, está el esclarecimiento de la mística situación fatal de su predestinación: con qué propósito está en este mundo; para humanísticamente concluir que no hay tal metafísica predestinación, sino por el contrario, sí hay un destino –como conciencia de la necesidad– con el cual cumplir y ser, el cual quedará por entero en sus manos y bajo su responsabilidad.  Luego enfrentará el problema de, en consecuencia, cómo vivir, cómo ser; e incluso, salvar el cuestionamiento del existencialista Albert Camus, acerca de si la vida vale la pena vivirla, superando el conflicto entre los deseos y la realidad, entre la esperanza y la posibilidad.  Entonces ese joven habrá madurado.  Podrá plantearse en adelante el problema cardinal: qué es ser feliz y cómo serlo con dignidad.  Comprender pues, que ser feliz –como dijera Marx– es luchar, es “esa capacidad para seguir adelante a través de los infortunios aislados, superándolos, oponiendo resistencia a las circunstancias adversas; en la preparación de habilidades para no sólo soportar las pequeñas adversidades y vencer las emociones y estados de ánimo negativos, o renunciar a la satisfacción de tales o cuales necesidades, sino también para arriesgarse, movilizar las fuerzas, apretar los puños en el momento oportuno y permanecer fiel a sus ideales”[1].  Por otra parte, en cuanto a cómo ser feliz con dignidad, la condición sine qua non, ha de ser: bajo una conducta moral.

 

Nada de lo que estamos enfrentando hoy en día en el comienzo del s.XXI en nuestra sociedad capitalista es algo inesperado que nos tenga que sorprender; y he aquí la fuerza del marxismo.  El nihilismo, la moral nihilista, o sea, las conductas y costumbres de una negación absoluta a todo, en la actitud de las nuevas generaciones en nuestras manos con fines educativos, tal que provocan el llamado “quietismo” o el “anarco-escepticismo”, es, no obstante, algo negativo; en principio una actitud crítica, si bien política y moralmente inmadura; como cuando leemos la consigna del nuevo anarquismo en donde se omite por completo la conciencia de la necesidad: <<Para ser libres, hay que dejar de obedecer>>; e inmadura hacia la realidad de la moralidad de esta sociedad decadente en los últimos momentos de su historia; salvedad hecha, de la duración de los procesos sociales.

 

Una actitud dominante en la historia para enfrentar estas situaciones adversas, es el darse al estoicismo: a una actitud contemplativa impasible dada la imposibilidad de hacer algo.  Titarenko reconoce que este ideal ha servido en otras circunstancias como un medio de autodefensa del individuo frente a la desmoralización general, pero establece en cambio, que no es válido ya en una “época de transformación revolucionaria de la sociedad sobre los principios comunistas”[2].  Nosotros suscribimos esta posición, mas no sin dejar de observar que la positiva transformación revolucionaria que Titarenko veía en 1983, en el 2005 no ve sino el repliegue sistemático del proletariado y las organizaciones revolucionarias; ciertamente, diríamos parafraseando a Lenin, “un paso atrás, para dar dos adelante”.  Pero es justo ese “paso atrás” lo que connota la actitud estoicista obligada.  No se trata de caer en la desesperación del “pequeñoburgués enfurecido” que se lanza a la lucha para intentar lo que el proletariado en su conjunto no hace, mas cierto, tampoco es para caer en proyectos revisionistas, ni reformistas de la transformación revolucionaria.  Vivimos pues un momento muy especial de la historia, inesperado en cuanto al revés sufrido por la humanidad con la derrota de la experiencia socialista del s.XX; tal cual cincuenta años hubo de esperar la nueva lucha revolucionaria tras la derrota de la primera experiencia socialista en el s.XIX con la aniquilación de la Comuna de París.

 

El s.XXI habrá de ser desgarrador, lo mismo que luminoso, de fiesta para el proletariado, diría Lenin; y ya los grandes capitales cavan sus trincheras y levantan sus parapetos para enfrentar la insurrección de los depauperados.  La muralla de acero y el despliegue tecnológico en la frontera de México con Estados Unidos para detener el “asalto de los bárbaros”, nada le pide a la “Muralla del Demonio” en el limes romano de las Galias.  Cuanto más se ofrezca resistencia al cambio, más violento será éste; cuanta más tolerancia y apertura, cuanta más aceptación a un proceso de reorganización socialista de la sociedad, mayormente se atenuara la virulencia de la revolución.

 

Y en todo ello, que en su opuesto habla de una transición a una nueva Edad Oscurantista, tenemos que preguntarnos acerca de cual es la situación de la ciencia y de la técnica.  En la entrevista a B. Suchodolski por la revista “Cuadernos Pedagógicos” (Nº 51, 1979) que antes hemos referido, se le hace otra pregunta: “...se acusa a la ciencia de destruir la naturaleza y de hecho también con el hombre”, y a ello Suchodolski responde: “Por supuesto que se puede acusar a la ciencia de eso; de hecho se hace y se le carga la responsabilidad en el proceso de destrucción de la naturaleza.  Pero, en verdad no se trata de una responsabilidad estricta de la ciencia y de la técnica en sí mismas, sino que es culpa de una situación social que presiona a los investigadores y técnicos a hacer cosas que pueden ser nocivas para la humanidad”[3], y aquí agregamos nosotros lo que ya más arriba comentábamos: un quehacer científico y técnico que permanezca ignorante y no se nutra de un rico conocimiento filosófico y social, estará condenado irremisiblemente a servir a los intereses del capital depredador de la naturaleza y de la propia condición humana.

 

Efectivamente, ni el deterioro de la naturaleza ni la decadencia de la sociedad actual puede atribuírsele a la ciencia y a la técnica en abstracto.  De ello no puede ser responsable sino aquel en cuyas manos realmente está la administración de la ciencia y la técnica: el gran capital monopólico internacional, el imperialismo.  Es pues una ingenuidad de la critica posmodernista, de ese nihilismo y anarco-escepticismo, el considerar que de tal decadencia es causa la revolución científico técnica per sé.  Afirmarlo así, es dar paso al sutil deslizamiento de posiciones oscurantistas en contra de la ciencia y de la técnica; y a no mucho, pudiéramos ver nuevamente en la hoguera a los científicos culpables de practicar el Mal con las “maléficas artes” de la ciencia y de la técnica “devastadoras del mundo”; cuando la causa real no puede ser reducida a la ética y moralidad del científico, sino que tal causa está en el sistema económico-social explotador y depredador.

 

Orientar a la juventud en este intrincado laberinto, es pues la misión real actual del educador en función de favorecer el progreso moral de la sociedad, que como puede verse, no responde a un proceso continuo, lineal y ascendente, sino a la dialéctica por cuya solución a las contradicciones entre el bien y el mal, puede haber inclusive, retroceso.  Si bien es cierto, como dice Adolfo Sánchez Vázquez en su Ética, “El progreso histórico-social crea las condiciones necesarias para el progreso moral”[4] y que este puede tener consecuencias positivas o negativas, de donde analizando nuestro negativo momento histórico-social, concluiríamos que tal progreso moral no se está dando en este momento entre nosotros; y él también anota, en una relativa larga cita que por su importancia incluimos in extenso:

 

“El progreso moral se mide, en primer lugar, por la ampliación de la esfera moral en la vida social.  Esta ampliación se pone de manifiesto al ser reguladas moralmente [en lo privado, en lo íntimo] relaciones entre los individuos que antes se regían por normas externas...  El progreso moral se determina, en segundo lugar, por la elevación del carácter consciente y libre de la conducta de los individuos o de los grupos sociales y en consecuencia, por la elevación de la responsabilidad de dichos individuos o grupos en su comportamiento moral...  Una sociedad es tanto más rica moralmente cuanto más posibilidades ofrece a sus miembros para que asuman la responsabilidad personal o colectiva de sus actos...  En este sentido, el progreso moral es inseparable del desarrollo de la libre personalidad...  Índice y criterio del progreso moral es, en tercer lugar, el grado de articulación y concordancia de los intereses personales y colectivos”[5]

 

Al respecto dice Titarenko, “un importante indicador del progreso moral es el aumento de las posibilidades de la moral para influir favorablemente en el proceso de liberación social y el perfeccionamiento espiritual del individuo”[6].  Qué tanto todo lo anteriormente dicho es así en el lugar y tiempo que constituye el escenario de esta tesis, la Universidad Internacional, es pues una respuesta necesaria: y aquí, en esta institución como en ningún otro lugar bajo las mismas circunstancias, una moral positiva, dada en una mayor libertad pero que a la vez se enriquece al imponernos mayores responsabilidades, influye favorablemente en el proceso de liberación social y perfeccionamiento espiritual del individuo.  Normas en otras partes reguladas externamente, adquieren aquí carácter plenamente moral en tanto aceptadas por convicción propia y cumplidas en lo íntimo.  No casualmente nuestra propia práctica docente nos ha permitido generalizar teóricamente esta experiencia en esta tesis.

 

Aquí no sólo se posibilita el desarrollo espiritual e intelectual científico del individuo en general dando lugar a la formación enriquecida de su personalidad, sino particularmente ello es posible a través de la relación discipular; y, por decirlo así con todo su sentido figurativo, la “revolución violenta” se evapora, y la expectativa de desarrollo de una sociedad en los modelos de los países nórdicos sería posible dada la concordancia de intereses personales y colectivos.  Las diferencias se minimizan, las relaciones humanas en tanto tales, se incrementan.

 



[1]       Ibid. pp. 307-308.

[2]       Ibid. p. 142.

[3]       Op. Cit. p. 193

[4]       Sánchez Vázquez, Adolfo; Ética; Editorial Grijalbo, México  1989, p. 50.

[5]       Ibid. pp. 50-51.

[6]       Titarenko, A.I; Ética Marxista; Ediciones ENSEPES, La Habana, 1983, p. 146

 



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