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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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20 julio 2010 2 20 /07 /julio /2010 08:45

La Evaluación Ético-Esteticista

en el Aula Universitaria Durante un Curso.

  Tesis Maestría en Educación Superior, 2007 (45)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http//:espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 17 ene 11.

 

Lo moral, por definición etimológica, es la costumbre, y dice Schukina, “la necesidad es una premisa para la formación de las costumbres”[1]; así, la conciencia de la necesidad, la conciencia de aquello a lo que estamos obligados, es premisa para la moral, premisa para la costumbre de lo que implica el logro de la libertad.  La conciencia de la necesidad es pues supuesto básico para la formación de la personalidad del educando.  La materialización de esa conciencia de la necesidad, radica en aspectos tales como el asistir a clase, llegar a tiempo, disponerse al orden y disciplina, cumplir con las tareas, participar en clase, comprometerse, mas no bajo la coacción de la exigencia del docente, y por tanto digámoslo más enfáticamente: autocomprometerse, con los más altos niveles de trabajo.  En la medida en que al estudiante se le exija y coaccione al cumplimiento, en esa medida se le despoja de la formación en su responsabilidad.

 

Un estudiante que asume un alto nivel de conciencia de la necesidad y se autocompromete con el más alto nivel de trabajo, no necesita de ninguna “demanda externa –del docente– para que lo haga”, es decir, asume una responsabilidad que no necesita de más exigencia que la suya propia para disciplinarse y cumplir con la formación de su profesionalidad y de su personalidad.

 

Schukina se remite al principio psicologista para resolver la formación de las costumbres asociando costumbre con conducta; esto es, costumbre o hábito en lo más general, se asocia con conducta o proceder; y así, “el valor de las costumbres morales –dice Schukina– como forma estable de conducta del hombre...”[2]; si bien en general es correcto decirlo así, nosotros, prescindiendo del psicologismo implícito en el concepto de “conducta” como el acto no volitivo, nos mantenemos en la línea ético-estética y la solución a la formación de las costumbres, de lo moral, que supone el acto consciente, plenamente volitivo, lo cual lo sustentamos en la categoría ética de la práctica de la “responsabilidad”, esto es, en la práctica de cómo se responde a los retos de su formación (lo estético), cuyo mecanismo –así lo establecemos en la demostración de esta tesis–, es el autocompromiso (lo ético), más aun, el mecanismo concreto es la evaluación; es decir, literalmente el externar los valores morales mediante el autocompromiso.  No se trataría así, de imprimir modificaciones en la conducta o proceder del estudiante; diríamos en sentido figurativo: en “forzar a la etiqueta”, aun cuando Schukina aclara que esa no es la idea; sino de lo que se trata es de formar la autoconciencia de la responsabilidad de sus actos morales.  La educación de las costumbres morales, no descansa pues, sobre la cultura de la conducta de los escolares como opina Schukina, sino a nuestro juicio, sobre la cultura de la responsabilidad del acto moral.

 

En consecuencia, compartimos la idea del maestro Adolfo Sánchez Vázquez, cuando dice: “uno de los índices fundamentales del progreso moral es la elevación de la responsabilidad de los individuos o grupos sociales en su comportamiento moral”[3], y he aquí que dicha elevación de la responsabilidad moral estará vinculada al problema de la necesidad y la libertad, pues como dice el autor antes referido: “sólo si se admite que el agente tiene cierta libertad de opción y decisión cabe hacerle responsable de sus actos”[4].  Mas decidir y optar ha de implicar: 1) que el sujeto no ignore las circunstancias ni las consecuencias de su acción, esto es, que sea consciente; al estudiante ha de ponérsele en claro, hacerle conciente de los niveles de compromiso de trabajo por los que ha de optar y decidir y las consecuencias de su acción respecto de ellos; y 2) que la causa de sus actos estén en él mismo, esto es, que esté consciente de que él es el que decide en lo íntimo su autocompromiso de trabajo.

 

Por cuanto a la educación sobre la base del principio estético en la formación de la personalidad, dice M.A. Verb: “Para nosotros algo valioso, progresivo, es el arte humanitario (diríamos más propiamente humanista) que confirma los ideales sociales-estéticos...”[5], y esto lo que quiere decir, es que la creación, tal cual dioses, está en los seres humanos mismos, donde esos ideales sociales-estéticos, en su máxima expresión, se sintetizan en el hecho de que la creación artística, expresa la realización social humana, como lo estableciera Marx.  Y hacer al ser humano un ser humano socialmente real, significa ponerlo en capacidad de su propia emancipación.

 

Algo aparentemente disonante para no pocos, es cuando se dice que la ciencia es, e implica, arte, que el quehacer científico es, e implica, un quehacer estético.  Mas en ello no hay nada extraño, pues la ciencia presupone y es acto creativo, en donde se ponen en juego sentimientos y emociones hasta la pasión misma; y en lo absoluto, como se suele pensar, es un acto mecánico frío.  “Conjuntamente con el arte como fuente de belleza se encuentra la ciencia”[6], dice Verb, y agrega: “La búsqueda de creación en la ciencia siempre es emocionalmente coloreada, enlazada con los experimentos...  Al conocer los resultados de su trabajo se activan los sentimientos las representaciones y las fuerzas creadoras de los escolares”[7].  El reto es que los estudiantes realicen trabajos de tal modo que se sientan satisfechos por ellos, que se vean en ellos realizados, que esos trabajos los hagan seres humanos socialmente reales.  Hoy, esa posibilidad está totalmente deteriorada, no existe ningún interés vivo por algo en el estudiante universitario actual; salvo casos muy excepcionales y en medio de una terrible confusión, con iniciativas luego cercenadas por la política educativa de la escuela privada; de modo que el estudiante universitario actual se desenvuelve bajo una actitud totalmente indiferente dada por la influencia “contracultural” del posmodernismo.

 



[1] Rodina, K.D; La Educación Moral de las Costumbres y Hábitos Culturales en la Conducta de los Escolares; en “Teoría y Metodología de la Educación Comunista en la Escuela”; Editorial Pueblo y Educación, La Habana, Cuba 1978, p.118

[2] Rodina, K.D; La Educación Moral de las Costumbres y Hábitos Culturales en la Conducta de los Escolares; en “Teoría y Metodología de la Educación Comunista en la Escuela”; Editorial Pueblo y Educación, La Habana, Cuba 1978, p.119

[3] Sánchez Vázquez, Adolfo; Ética; Editorial Grijabo, México 1969, p.93

[4]       Ibid. p.93

[5] Verb, M.A; La Educación Estética de los Escolares; en “Teoría y Metodología de la Educación Comunista en la Escuela”; Editorial Pueblo y Educación, La Habana, Cuba 1978, p.214 (paréntesis y subrayado nuestro)

[6]       Ibid. p.214

[7]       Ibid. pp.214-215

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
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