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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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20 julio 2010 2 20 /07 /julio /2010 08:46

La Evaluación Ético-Esteticista

en el Aula Universitaria Durante un Curso.

  Tesis Maestría en Educación Superior, 2007 (46)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http//:espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 20 ene 11.

 

 

b) La formación de la personalidad ha de ser la realización del progreso moral y científico del vínculo Maestro-Discípulo

 

La formación de la personalidad como expresión de la realización social humana tiene que ver con un concepto necesario a tratar: el “Yo”.  Este concepto representa un papel central en el campo de la psicología, más aquí hemos de tratar con él desde el fundamento filosófico, sin ocuparnos de aquel sentido vinculado a la psique.

 

El “Yo” en filosofía constituye el “centro espiritual de la personalidad, de la individualidad humana, que mantiene una actitud activa hacia el mundo y hacia sí misma”[1]  El reconocimiento del “Yo”, así lo compartimos con Nicola Abbagnano, es la reflexión del ser humano sobre sí mismo, y por lo tanto el producto de un sujeto que ha madurado, o inicia tal madurez, y está plenamente consciente, o empieza a estarlo, de su responsabilidad.

 

La enajenación del “Yo” como pérdida de la integridad del individuo, es resultado del proceso complejo en el cual el individuo pierde su conciencia social; esto es que, la integridad del individuo, abarca su determinación social; y en esa medida de la desintegración del individuo, el sujeto se comporta inmaduramente, como un infante egoísta cuya responsabilidad está depositada en un tutor, y ello no es otra cosa que la despersonalización.  En ese sentido, otra forma de plantear la formación de la personalidad, es entonces plantear la formación integradora del individuo, es decir, la formación de aquel que no puede ser dividido, fragmentado; como a su vez en cuanto a la formación de su entereza moral.

 

La formación integradora (llamada más comúnmente formación integral) del individuo se plantea como la necesidad de la “formación completa” del individuo, donde la idea de “completud” tiene que ser definida; esto es –como bien nos podemos apoyar en la idea pedagógica clásica de Bloom–, esa “completud” ha de ser no sólo en su parte intelectiva, sino axiológica, y en lo que éste llamara psicomotriz, para la educación básica, y que bien pudiéramos denominar de socialización, para los estudios superiores.

 

El problema de la formación integral o “completa” como generalmente se entiende, del individuo, representa una categoría en realidad compleja, pues puede involucrar, y de hecho ello está en el fondo del asunto, la idea de “totalizar”* su apropiación del mundo a partir de las áreas especiales del conocimiento y los diversos campos de la actividad humana.  Por lo tanto, desde el punto de vista dialéctico materialista, por la categoría educativa de formación integral (de integer, entero), habremos de entender la formación moral misma del individuo en los valores más elevados; más que la positivista y mecanicista idea “taxonómica” de Bloom en que primero se separa de lo que es íntegro, entero, y luego se yuxtaponen sus partes componentes pretendiendo la “formación integral”.  Esto es, por nuestra parte, propiamente dicho, por formación integral debemos entender formación íntegra, de la integridad o de la entereza; el hacer del individuo una personalidad de firme carácter, de “una sola pieza”, de firmes convicciones morales, y en ese sentido, en tanto lo moral indefectiblemente se refiere a las relaciones de los individuos en sociedad, esas convicciones habrán de ser en el más amplio compromiso social.

 

Una formación entera, en lo moral, presupone la solidez en los conocimientos intelectivos por los cuales se asume la conciencia social; es decir, no sólo la comprensión de las cosas, sino por ello mismo, el compromiso y responsabilidad ante ello; y por supuesto, la capacidad de una amplia socialización.  Por lo tanto, dicho proceso de formación, no es formar en una cosa, más luego en otra, más luego una más, para totalizar; sino humanizar al ser humano y hacer de él no una suma de partes que siempre será incompleta, sino una síntesis multifacética, omnilateral, del conocimiento y la socialización humana.  De ahí que, yendo a las fuentes originales del marxismo y al pensamiento original mismo de Karl Marx, el primer documento que se suele referir es el de “Reflexiones de un Joven al Elegir Profesión” (1835), texto escrito a sus diecisiete años de edad para un examen de bachillerato, en el que ya este afirma en su tercera línea: “También al hombre le ha trazado Dios un fin general: el de ennoblecer a la humanidad y ennoblecerse a sí mismo...”[2].  He ahí la esencia de todo lo aquí dicho, y que en adelante habremos de decir.

 

Eso es lo que el estudiante de bachillerato del primer tercio del s.XIX Karl Marx se está trazando como objetivo al elegir su profesión: ennoblecer a la humanidad y ennoblecerse a sí mismo.  Ciento setenta años después, los docentes debemos aprender de lo dicho por ese estudiante.  Pero no sólo los docentes en cuanto a asimilar un principio educativo, y de hecho el principio educativo esencial: el ennoblecimiento humano; sino aun los estudiantes de hoy inculcados y subsumidos en la alienante idea de preocuparse sólo por si mismos, deberían entender lo que líneas adelante el joven Marx anotaba: “Cuando cada hombre sólo se preocupa de sí mismo, puede llegar a ser, sin duda, un famoso erudito, un gran sabio, un excelente poeta, pero nunca llegará a ser un hombre perfecto, un hombre verdaderamente grande”[3]  Y por “perfecto” y “grande” en la tarea de ennoblecer a la humanidad como a sí mismo, cabe decir: cuando el estudiante actual sólo se preocupa de sí mismo, nunca llegará a ser un hombre íntegro, entero; moralmente grande y perfecto.

 



[1] Foroba, N.T; Diccionario de Filosofía; Editorial Progreso, Moscú 1984. (v. Yo)

* Y he ahí lo delicado del caso, dado que éste es precisamente el origen y fundamento del “totalitarismo” nazi-fascista, por lo cual se consideraba que los diferentes campos de la cultura o actividades del pueblo (la economía, la ciencia, el arte, etc) eran independientes entre sí en forma absoluta, de donde resultaba necesario coordinar toda la actividad del pueblo, es decir, crear una sociedad totalitaria, y para tal fin habría de darse el ejercicio íntegro (entero) del poder en la figura de un líder representante absoluto de los “intereses de todo el pueblo”.

[2] Marx, Carlos-Engels, Federico; Marx, Escritos de Juventud; Fondo de Cultura Económica, Tomo 1, México, 1982; p.1

[3]       Ibid. p.4

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
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