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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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20 julio 2010 2 20 /07 /julio /2010 08:57

Ícono EducaciónLa Evaluación Ético-Esteticista

en el Aula Universitaria

Durante un Curso.  Tesis

Maestría en Educación Superior, 2007 (57)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http//:espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 28 feb 11.

 

 

c)      La Evaluación por Autocompromiso da lugar

a la formación de la personalidad

 

La Evaluación Ético-Estética por autocompromiso, el acto de extraer un valor o conjunto de valores y con ello virtudes, a partir de responder a la determinación social externa asumiendo un compromiso, autocomprometiéndose, es por definición y en principio, un método de valoración cualitativa, que en tanto inmersa en el campo axiológico, hemos visto, es de orden ético.

 

Por su lado, la parte esteticista de la Evaluación Ético-Estética, se entiende por lo que Marx define como la esencia de lo estético, de lo bello y del arte: realización social humana, es decir, de que el ser humano sea un ser humano real, en la medida en que –dice Marx–, “la actividad realizada directamente en sociedad con otros se convierte en un órgano de mi manifestación de vida y en un modo de apropiación de la vida humana...  Así pues..., para el hombre en sociedad la realidad objetiva se convierte en realidad de las fuerzas esenciales humanas, en realidad humana y por tanto, en realidad de sus propias fuerzas esenciales...”[1].

 

La estética; en su etimología, lo sensible, entendido como el sentimiento o lo emotivo, esto es, la vivencia del individuo con el mundo circundante; nos da la percepción de mundo por lo sensible-emocional, y nos permite crear según las leyes de la belleza.  Más aun, es esa actividad consciente creadora, la que nos permite dicha percepción sensible a manera de realización social en tanto humanización de la sociedad.

 

La forma en que apreciamos lo bello o lo feo, lo sublime o lo infame, lo trágico o lo cómico, lo heroico o lo indigno, pone de manifiesto nuestra asimilación estética del mundo y por lo tanto, la expresión misma de nuestra espiritualidad humanista.

 

Es en ese sentido que la Evaluación Ético-Estética es proceso de realización social humana, ya que en ella obtenemos una vivencia o percepción por el sentimiento, sensible o emocional, que antecede a la “conducta y actividad práctica y cognoscitiva, constituyendo señales de éxito o revés de la actividad”[2] de acuerdo con las leyes de la belleza: esencialmente, “la libertad y la plenitud de la fuerza de la capacidad creadora y cognitiva”[3]

 

En este sistema evaluativo, el estudiante evidencia sus señales de éxito; aquel que opta por el compromiso de trabajo cuya equivalencia administrativa es el “7“ de calificación, no dejará de causarnos una sensación de desánimo por cuanto a nuestras perspectivas de vernos realizados en él, en la otredad, en nuestra alteridad, en el “otro yo”, el alter ego, producto de nuestro trabajo creador.  Por lo contrario, aquel estudiante que opta por el compromiso de trabajo cuya equivalencia es del “10” de calificación, de inmediato expresa el desafío a la libertad y plenitud de su capacidad creadora y de conocimiento, y en ese sentido, él será expresión viva y concreta de nuestra propia realización social humana (más aun si no lo hace autoengañándose); y en consecuencia, sabremos que lo podremos someter a los límites de sus capacidades.

 

En el criterio común; diríamos, en la evaluación psicologista del “test”; la causa de la naturaleza del estudiante radica en la numérica calificación.  La calificación será la causa de que estudie, en vez de estudiar para obtener una calificación; más aun, en vez de estudiar para, por extensión, obtener una calificación.  Ello es lo que lo lleva a sabotear la clase y “negociar” el menor cumplimiento de trabajo, como mejor opción para garantizarse el obtener la más alta calificación.  Ello es lo que centra su atención en “salvar obstáculos” y a no detenerse en el cometido del fraude para conseguirlo; y no en obtener conocimientos, y menos aun, conocimientos que reclaman del pensamiento abstracto y el rigorismo del procedimiento científico.  Ello explica su demanda de lo práctico y su aversión a lo teórico.

 

Todo ello no puede causar sino una sensación o estado emocional de lo trágico, lo feo y grotesco, lo infame, lo indigno, y en una ironía de nuestra propia condición socializada, no puede sino mover a lo cómico; en tanto –lo sabemos, aun cuando no es propósito de este trabajo demostrarlo–, los psicologistas “test”, y todo ese procedimiento evaluativo está diseñado justamente para que ocurra lo que ocurre, porque así interesa al Estado y a todo lo que él representa (una total ingenuidad sería pensar que hemos “descubierto” lo que sus superespecialistas no ven, o que administran torpemente)*.

 

El sistema de evaluación en el cual el estudiante se compromete con un determinado nivel de trabajo académico afín a una cifra convencional puesta en orden secundario, como consecuencia de, y no como causa, no puede sino mover a lo bello, a lo sublime, a lo heroico; es pues profundamente esteticista, pues de una parte, él va a expresar su trabajo creativo y cognitivo en que se verá a sí mismo realizado, pero más aun, por otra parte, siendo él objeto de nuestro propio trabajo creativo y cognitivo, en él nos veremos, como docentes, realizados; y qué duda habrá, de que tal realización ha de ser entonces, eminentemente social y de una profunda espiritualidad humana.

 

Desde el punto de vista estético, el docente, particularmente en su calidad de Maestro, está realizando arte en la persona de sus alumnos y discípulos; hace escultura en la humanización de lo humano en los individuos en los cuales vierte su pensamiento.  En ese sentido, V. Selivanov dice: “lo bello siempre provocó el respeto humano, y la contemplación de lo bello la alegría.  A través de la belleza, precisamente, surge en el ser humano un profundo apego por el mundo y éste aparece ante él en su magnitud auténticamente humana”[4]   Ese arte escultórico educativo, será, pues, la más plena expresión de ello.  Con lo estético, el docente a su vez, desaliena su trabajo concreto.

 

Cuando un ser humano elige un objeto del mundo circundante y lo usa con un fin, lo toma por lo que el objeto en sí contiene de valioso para sus fines, pero a su vez, es él el que le da valor en tanto le da un uso; se dice entonces que dicho objeto ha sido humanizado.  Planteado así el valor estético, éste adquiere un profundo sentido en la educación, ya que si bien Platón, respetando la Idea Absoluta, o sea, Dios, decía que el arte era imitación y no iba más allá de la imitación de la naturaleza, pues nadie podría hacer más de lo que Dios ha hecho o haría.  En ese sentido estético platónico, al hacer arte con la educación, nos estaríamos limitando a reproducir la naturaleza humana sin más, tal cual haya sido creada por Dios, lo cual cuestiona la perfección de la creación divina misma.

 

En consecuencia, su discípulo Aristóteles sí se atrevió a ir a más en el sentido prometéico de hacer de los seres humanos dioses, y respecto del significado del arte se atrevió a decir, irreverente con Dios, que si bien el arte era imitación, éste era imitación trascendente, es decir, que iría más allá de lo que Dios haya hecho.  La estética educativa aristotélica ya encamina la creación divina hacia su propia perfección, trascendiéndose a sí misma.

 

Sustrayéndole prometéicamente a Dios la luz del fuego del conocimiento, comenzaríamos a compartir con Aristóteles la irreverencia; con el arte, el ser humano comienza a ser Dios.  El arte de la educación consistiría en la humanización del ser humano, pero esa humanización no es otra cosa, siguiendo a Aristóteles, que divinización del ser humano.

 



[1] Marx, Carlos; Los Sentidos Estéticos; en Sánchez Vázquez, Adolfo; et al; “Antología, Textos de Estética y Teoría del Arte”; Ediciones de la Universidad Nacional Autónoma de México, Lecturas Nº 14, México, 1972; p.34 (subrayados suyos).

[2]  Foroba, N.T; Diccionario de Filosofía; Editorial Progreso, Moscú 1984 (v. Sentimientos)

[3]  Ibid. (v. Bello, Lo)

*    Y no ha faltado ese que se cree un superespecialista al servicio del Estado, que nos ha agradecido el reconocimiento a su capacidad.

[4] Selivanov, V, et al; Lo Bello Despierta lo Bueno; en, Lisovski, V-Kobliakov, V; “Educación Moral de la Juventud”; Editorial Progreso, Moscú, 1979; p.196.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
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