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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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20 julio 2010 2 20 /07 /julio /2010 08:59

Ícono EducaciónLa Evaluación Ético-Esteticista en el Aula Universitaria Durante un Curso.  Tesis Maestría en Educación Superior, 2007 (59)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http//:espacio-geografíco.over-blog.es/;

México,  07 mar 11.

 

El docente, laboralmente, está vendiendo a la institución de servicios educativos su fuerza de trabajo, esto es, un tiempo de trabajo socialmente necesario.  Su salario, independientemente de dónde obtenga la institución los fondos para solventarlo, le es remunerado por la institución misma para la que realiza lo que Marx llama su trabajo abstracto.  Mas su trabajo concreto, el cualificar la fuerza de trabajo al impartirle conocimientos, el formar la personalidad del humano, el crear al ser humano humanizado, lo hace gratuitamente, porque lo hace para su regocijo, para apropiarse así espiritualmente del producto de su trabajo y verse socialmente realizado en el discípulo.  Si realmente cobrara por ello, el docente ciertamente sería el asalariado mejor remunerado del mundo, nada hay más valioso que el conocimiento, que la información; pero convertiría al producto de su trabajo en mercancía, y como tal, la haría sujeta de despojo, de pérdida de identidad, de enajenación.

 

En el doble carácter de la aplicación de su fuerza de trabajo, por una parte satisface la necesidad humana de su propia humanización, y ello es lo determinante, muy por encima, por la otra parte, del valor económico portado por esa actividad; y no obstante, como dijera Marx, el satisfactor de la necesidad constituye “el contenido material de la riqueza”.  En su más profunda espiritualidad humanista, al docente, más aun al docente en calidad de Maestro, no se le ha de considerar por el estudiante por cuanto a su plutónico trabajo abstracto o por cuanto a su hermésico interés mercantil; y “hermésico”, de Hermes, el Dios de los mercaderes y encadenador, junto con Efesto, de Prometeo por órdenes de Plutón en el suplicio por dar la luz del conocimiento a los mortales; sino al Maestro se le ha de considerar por cuanto a la figura de un Heracles, enamorado lo mismo de Hebe que de La Virtud, cumpliendo su trabajo concreto para liberarse, y con ello liberador de Prometeo y de la ciencia representada en Ascálafo torturado por la interesada reina del Inframundo, Perséfone, la “destructora de la luz”; o por cuanto a un Peritoo encadenado ad etern en el Infierno por su osadía de enamorarse precisamente de quien no debía, la reina del Inframundo, entendiendo al Maestro como un mortal; o por cuanto a un Teseo usando el Hilo de Ariadna como se usa el método científico para satisfacer con su trabajo concreto la necesidad concreta de acabar con el Minotauro, ese ser monstruoso y oscuro que devoraba a los jóvenes.

 

Esto es, al docente se le paga por un tiempo de trabajo, independientemente del contenido concreto de ese trabajo.  Pero el contenido concreto de ese trabajo, es, finalmente, no sólo la impartición de conocimientos, a manera de los trabajos de Heracles para hacerse inmortal; sino más aun, la cualificación de la fuerza de trabajo para la formación y liberación de los seres por sí mismos cual un Teseo, la humanización del ser humano, hemos dicho más arriba.  Y esto lo hace a plenitud de la prometéica fuerza de la capacidad creadora y cognoscitiva.  Por lo menos debiera hacerlo, como condición de conciencia de la necesidad para expresar a su vez no sólo la libertad de sus capacidades, sino la libertad de la sociedad en sí.

 

La contradicción: <<condicionamiento mercantil-ética profesional docente>>; mitológicamente la contradicción “Hermésico-Heraclesiana”; sólo puede ser salvada, en el marco de las relaciones laborales en que dicha contradicción se da, cuando el “cliente” de la institución, se eleva en calidad de estudiante de los conocimientos de docente, y más aun, cuando plásticamente se da discipularmente al moldeamiento de la formación de su personalidad por el Maestro.  Esto es, cuando el docente es valorado por el propio educando no por lo rutinario de su trabajo abstracto por el cual es explotado, sino sublimemente por su trabajo concreto, por el cual el educando mismo es formado.  Todo lo cual empieza por la responsabilidad que el estudiante asume frente a los trabajos académicos dados en la Matriz de Evaluación por Autocompromiso.

 

Cuando el docente emplea el sistema de evaluación psicologista del “test psicométrico”, lo que en realidad está haciendo, es poniendo a prueba esa valoración externa que se hace de él: está poniendo a prueba el qué tanto será, ético-profesionalmente, respetado su trabajo concreto (lo heraclesiano), o qué tanto mercantilizadamente será reducido a la condición de su rutinario trabajo abstracto “dando al cliente lo que pida, porque el cliente siempre tiene la razón” (lo hermésico), en donde, ciertamente, su trabajo se prostituye.

 

El sistema de Evaluación por Autocompromiso por lo contrario, permite valorar al docente en aquella condición heraclesiana, de ser evaluado en lo sublime por su trabajo concreto.  Es decir, en suma, se ha trasladado el elemento de conflicto: la calificación, de la supuesta responsabilidad del docente (que nunca estrictamente es así, pero que en el simple lenguaje común así se maneja), a la responsabilidad real del estudiante.  Lo que ahora media entre el docente y el estudiante, ya no es la cuantificación de su desempeño supuestamente cognitivo, sino el desempeño cognitivo mismo cualitativamente estimado por el educando mismo, apenas transferible a una cifra convencional como equivalencia al reconocimiento moral de su desempeño concreto.

 

El breve lapso de observación del fenómeno dado por la contradicción “hermésico-heraclesiana”: <<condicionamiento mercantil-ética profesional docente>>, bajo el Método Lógico de la Relación Causal por Concordancias, fue suficiente y nos permitió establecer con todo rigor, que dicha contradicción sólo puede ser salvada, y en parte, por lo que toca al trabajo concreto, bajo las condiciones que implica la Evaluación por Autocompromiso, esto es: la valoración cualitativa ético-esteticista.

 

Finalmente, la Evaluación por Autocompromiso, un procedimiento plenamente objetivista en cuanto a la definición didáctica, pero a su vez, porque elimina cualquier supuesto de arbitrariedad por parte del docente; esencialmente anula la situación de negociación de calificaciones; rompe así con el proceso de simulación, natural al estudiante; en general, de la Universidad privada, de la Universidad Internacional “condenada” por este estudio; estudiante que no está aquí ya “perséfonamente” porque lo que le mueve es sólo el vicio del interés meritocrático, y de simulación a que se ve forzado el docente abrumado “por el poder de Plutón” y la “influencia de Hermes”; sino por el interés prometéico en Ascálafo, el conocimiento, ya no se diga culto, sino científico.

 

Se anula el recurso del examen evidenciándolo como innecesario, mas ello contribuye a elevar el nivel académico fundamentado en la expresión de los más altos valores en la responsabilidad del acto moral del estudiante, cuando estudia.  A su vez, anula la situación de incertidumbre en este al no ser ya evaluado en una fase terminal, sino en la fase inicial y por autocompromiso.  Lo que a su vez redunda en la generación de confianza en la relación docente-estudiante, dando lugar a una relación más afable, de colaboración en el conocimiento, y no de enfrentamiento y superación de obstáculos.  Y decimos esto, no en función de una estimación teórica proyectiva, no como lo que teorizamos que deberá ser, sino como resultado de la experiencia concreta, y, por lo tanto, donde nuestro dicho es lo que ha sido y de lo que está siendo ya en nuestra viva práctica docente.

 

Así, finalmente, la extracción de virtudes del educando por propia exteriorización como formación de la personalidad (como individuo socialmente determinado), resuelve la contradicción: <<condicionamiento mercantil-ética profesional docente>> en la desalienación del trabajo concreto.

 


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