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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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20 julio 2010 2 20 /07 /julio /2010 09:00

Ícono EducaciónLa Evaluación Ético-Esteticista en el Aula Universitaria Durante un Curso.  Tesis Maestría en Educación Superior, 2007 (60)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http//:espacio-geografíco.over-blog.es/;

México,  10 mar 11.

 

 

3 La extracción de virtudes del educando por propia exteriorización, y la realización social humana.

 

 

Marx, frente a esa contradicción hermésico-heraclesiana generadora del proceso de fetichización social, de “cosificación” de las relaciones humanas, contrapone la humanización, la realización social humana, donde el ser humano, decíamos, se hace un ser humano real.

 

Resolver tal contradicción implica como hemos visto, incidir en la formación de la personalidad, y en la medida de ello, dar lugar al logro del ser humano real.  Sin embargo, dejar el enunciado ahí, nos ubicaría de manera semejante en el planteamiento hegeliano, “para el cual todo el mundo objetivo es el espíritu enajenado.  Según Hegel, la tarea del desarrollo consiste en eliminar esta enajenación en el proceso del conocimiento”[1]; esto es, que si Hegel tuviese razón, la educación privada, no obstante ser privada, resolvería la contradicción hermésico-heraclesiana, resolvería el condicionamiento mercantil frente a la ética profesional docente por el sólo proceso educativo mismo, así fuese todo en el mundo del espíritu.  Con ello, Hegel hacía del trabajo educativo puro trabajo concreto.  Se le contrapuso ya en su momento el mismo Feuerbach, para quien, invirtiendo las cosas, decía: “la religión era enajenación de la esencia humana, y el idealismo enajenación de la razón”[2]; y siguiendo a Feuerbach para refutar a Hegel, diríamos: el proceso del conocimiento en la educación capitalista, mercantilizada, es enajenación de la esencia humana, como su sustento teórico, el idealismo, enajenación de la razón.

 

En suma, no será con el proceso del conocimiento en la educación con lo que se resolverá la enajenación, cuando la educación misma es un sistema enajenado; acaso esa desenajenación, hemos dicho, sea apenas lograda por la desfetichización, mediante la cual se opere la reapropiación, por el docente, de su propio trabajo concreto (inevitablemente enajenado en su parte relativa al trabajo abstracto); y afirmamos, ello será posible, tanto más, en la medida de la consumación de la realización discipular.

 

Para Marx, mediante el proceso de fetichización, el ser humano se convierte en cosa, y es “proceso por el cual el hombre resulta extraño a sí mismo hasta el punto de no reconocerse”[3].  Y no reconocerse a sí mismo es no reconocerse ni en lo que produce, ni en su alteridad; por lo que resulta de suma gravedad el papel del docente enajenado; y no sólo en el sentido de ser desposeído y sometido, sino despojado de su libertad en las relaciones humanas, alienado a tal punto, que no ve en su producto, el estudiante, creación de fuerza de trabajo cualificada que debe ser superior a la suya propia, y menos aun se reconoce a sí mismo en ese alter ego que es su educando.  En la sociedad donde rige la propiedad privada, la enajenación se expresa como la sustracción al trabajador del producto de su trabajo, que pasa a ser del capitalista, convirtiéndose en trabajo no sólo abstracto, sino concreto externo que no pertenece a su personalidad, y, en consecuencia, antes que verse realizado en su trabajo, éste le niega.

 

En esencia, la contradicción que estamos resolviendo en esta tesis, es esa forma secundaria en que vemos que al docente, si bien le es inevitable la enajenación en su trabajo abstracto en donde se ve desfigurado totalmente; no obstante le es posible revertir, desfetichizando, por lo menos en casos excepcionales discipulares, la enajenación o despojo del trabajo concreto.  Y no podría ser de otra manera, si el progreso moral de la sociedad, si bien no en cantidad, sí ha de tener necesariamente, de esta manera, transformaciones cualitativas.

 

Por ello decíamos más arriba que la lucha del docente por la humanización de la otredad, de su alter ego, no es menos que la lucha por su propia humanización; y en la medida en que algo de ello se consuma, hemos dicho en la relación discipular concreta, en esa medida se consuma la realización social humana tanto del Maestro, como del Discípulo.

 

Mas tal propósito no es posible de realizarse plenamente en el sistema económico capitalista, no es posible de realizarse plenamente, menos aun, a partir del ámbito superestructural educativo, y todavía menos aun, de la educación privada, que es su absoluta negación.  Es claro que la formación de la personalidad no será posible de manera generalizada en nuestra sociedad capitalista, si acaso de manera excepcional, justamente en la relación Maestro-Discípulo en que hemos insistido.  Pero esta realización de la formación de la personalidad en la relación individual magisterio-discipular, no es lo importante, si acaso sólo en nuestra relación individual en ese sentido; lo importante habrá de ser el cambio estructural del sistema económico-social que determinará realmente la formación amplia, social, de la personalidad, a través de la educación.

 

Para ello, en oposición a la opinión de Hegel, no será la educación la que rompa con la enajenación, sino el rompimiento con la enajenación lo que permitirá la verdadera educación.

 

Es por ello que socialmente dicha contradicción no tiene solución sino a condición de un cambio sustancial del sistema económico-social mismo, en lo particular, al lograr reapropiarse el docente del producto de su trabajo concreto, con ello se gesta entonces lo que habrá de ser la educación en esa nueva sociedad.

 

Lo que domina en nuestra sociedad actual bajo el modo de producción capitalista, y de un capitalismo en su fase más elevada que al mismo tiempo significa de mayor descomposición moral, no puede ser el proceso de humanización, sino es, de manera real, su contrario, el proceso de enajenación y alienación social más extremo.  En este proceso de enajenación, tanto los productos de la actividad humana, como las propiedades y capacidades humanas, son transformadas en algo no sólo independiente de los individuos, sino en algo ajeno de lo que los individuos dependen y que los domina.  La sociedad, así, queda al servicio de todo cuanto se supone, debería servirle.  El ser humano, lo que queda de él, es tan sólo un dispositivo al servicio de las máquinas, y no las máquinas un instrumento al servicio de su emancipación.

 

Finalmente, generalizando, despojada la sociedad no sólo de su trabajo concreto, ha sido despojada también de la ciencia y del saber científico, la Universidad Ilustrada de los últimos cinco siglos llegó a su fin, particularmente visto, como no podría ser sino así, en la Universidad privada; y le reemplaza ahora nuevamente la Universidad Escolasta, verdaderamente Palatina por la elite de los que logran acceder (y sin duda sirve, es útil, pero en esas condiciones, sirve al individuo mas no a la sociedad, y eso es precisamente lo que aquí deseamos cambiar); donde la cusana denuncia a la docta ignorantia que repite conceptos “de moda”; juzgados como válidos y por válidos, verdaderos, sólo por ser lo más recientemente dicho por los “Padres de la Nueva Doctrina”, y porque “evidentemente funciona”, sin reflexionar en que todo método funciona, pero que lo importante no es que lo haga o no, sino lo importante es lo que se pretende con ello, el para qué funciona y las consecuencias de su aplicación; y que sin preocuparse ni saber ni el origen del concepto ni su fundamento teórico, dicha docta ignorantia escolasta está hoy nuevamente presente.

 

Las relaciones afectivas, de buena fe, la fraternidad y la confianza, la objetividad, la lógica, el conocimiento dialéctico absoluto-relativo, la verdad objetiva, el colectivismo; base todo ello de la creatividad científica; han sido totalmente trastocadas en su contrario; el egoísmo, el individualismo, el subjetivismo, el irracionalismo, el relativismo extremo, la verdad entendida como la verdad subjetiva, la verosimilitud de lo mágico, el convenio mercantil, los intereses mezquinos, el abuso y la desconfianza.  Con el método de Evaluación Ético-Estética aplicado en la Universidad Internacional hemos podido recuperar en parte lo opuesto a todo lo antes dicho, es decir, hemos recuperado –decíamos por lo menos en la parte que es posible–, nuestro trabajo concreto, desfetichizando las relaciones educativas y desenajenando el producto mismo.

 



[1] Foroba, N.T.; Diccionario de Filosofía; Editorial Progreso, Moscú 1980 (v. Enajenación)

[2] Ibid. (v. Enajenación)

[3] Abbagnano, Nicola; Diccionario de Filosofía; Fondo de Cultura Económica, México, Segunda Edición 1966 (v. Enajenación; subrayado en el original)

 



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