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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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20 julio 2010 2 20 /07 /julio /2010 09:01

Ícono EducaciónLa Evaluación Ético-Esteticista en el Aula Universitaria Durante un Curso.  Tesis Maestría en Educación Superior, 2007 (61)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http//:espacio-geografíco.over-blog.es/;

México,  14 mar 11.

 

Así, en lo práctico de lo antes dicho, para el segundo semestre de 2004, tuvimos ocasión de aplicar ya el Método Lógico de la Relación Causal de los Fenómenos por Diferencias.  Al aplicar ahora una Tabla por Diferencias (Fig.13), extrajimos la variable “Exigencia”; ese demandar al estudiante, decíamos, “por derecho o por fuerza”; y con ello, por oposición, se hizo evidente el carácter eminentemente afectivo y de buena fe que supone el método de Evaluación Ético-Estética como reflejo de la relación fraterna y de confianza plena que supone a su vez el acto educativo ético-esteticista dado en la relación docente-estudiante; que será tanto mayor, cuanto más se escale de la relación Asesor-Autodidacta, a Profesor-Alumno, o a Maestro-Discípulo, en el quehacer intelectivo por el conocimiento científico.

 


Tabla-de-Diferencias--2004-copia-1.jpg   
Fig. 13.  Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

 

Esta humanización real, con conciencia de clase social, dada sobre el principio del colectivismo; en la formación del principio de que “Ahí donde haya un ser humano, no debe haber otro ser humano que sufra o que padezca”; y la denuncia de todo cuanto implica la propiedad privada de lo que produce socialmente; se materializa en el desarrollo verdaderamente integral, con entereza moral, de la personalidad, una personalidad tolerante, no bajo la idea del relativismo extremo en que todo vale por igual, sino de la tolerancia en tanto comprensión real del otro, y que lo que el otro sostiene, no atentando contra la dignidad humana, en alguna forma enriquece la cultura.

 

Más aun, esta humanización real que hace de este planteamiento de Evaluación Ético-Estética un real humanismo; cuyo antecedente teórico arranca –apoyándonos en Abbagnano– desde los tiempos del escéptico Marco Tulio Cicerón (106-43 ane), y su contemporáneo Marco Terencio Varrón (116-27 ane), en quienes la palabra humanitas significaba la educación del hombre como tal (si bien no la teoría de lo humano propiamente dicho), equivalente a lo que los griegos denominaban paideia.  Así, incidir en el carácter esencialmente humanista de la formación de la personalidad, enfatiza el carácter esencial de la educación.

 

La Evaluación Ético-Estética da una valoración cualitativa en lo bueno socialmente reconocido, y en lo bello y creativo.  La conjunción de ambos conceptos, lo ético y lo estético, significa en su esencia; ya que en lo estético se expresa en el arte como reflejo del ser social y lo ético en el deber ser de la expresión de la naturaleza humana; que la fuente de nuestra propia creación humana dada en la educación, está en el trabajo educativo mismo.

 

Con el arte se satisfacen las necesidades estéticas, es decir, de percepción sensible de la realidad con arreglo a la belleza, distinguiendo de ella lo feo, como de lo sublime lo trágico o de lo cómico lo grotesco o de lo gracioso lo monstruoso; y por cuanto a la ciencia, el arte significa en ella creatividad.  Si bien Platón las identificaba, con justicia Aristóteles las disociaba en tanto la ciencia quedaba referida a lo necesario objetivamente dado.

 

La valoración cualitativa ético-estética, es pues, en una parte, valoración con arreglo a lo bello, lo sublime, lo cómico o lo gracioso, por sólo referir estas categorías; es decir, de todo cuanto hermoso da vida en los jóvenes.

 

Que tal valoración en su otra parte, lo ético, esté atribuida al deber ser de la naturaleza humana, en la responsabilidad del acto moral, en la conciencia misma que es comprensión de las cosas y compromiso con lo correcto de las cosas en la valoración moral más elevada, que es alcanzar la felicidad de la sociedad; hace de la valoración ético-estética una valoración de lo mejor de la condición humana en el optimismo por el futuro de la sociedad.

 

Decíamos en un apartado anterior, que las generaciones de jóvenes de los años noventa, ya no eran para nada, las mismas que las generaciones de jóvenes de los años anteriores.  Por estas generaciones de jóvenes deberemos entender aquí a la plenitud del vigor y lozanía, de arrojo irracional y juicio maduro, que se dan entre los 18 y 28 años de edad, en que se ha salido en términos generales de la adolescencia y se está por asumir las responsabilidades propias del matrimonio y una vida estable.  Jóvenes en ese rango de edad en la década de los años ochenta, fueron los nacidos en el curso de los años sesenta.  Se marcó a estas nuevas generaciones de los años ochenta con el dejo de la “Generación Perdida”, mote original dado por el hecho de que el Estado, ante el nulo crecimiento o desarrollo económico por una economía deficitaria de esa década, daba por pedida esa generación al no tenerles garantizada la creación de empleos.  Mas los jóvenes asumieron el término en otro sentido: el de una generación de jóvenes ajenos a este mundo, y se les condicionó impensadamente a ser la <<generación sin proyecto de vida ni individual ni mucho menos social>>, un corolario de la situación económica dada.

 

Pero aquellos nacidos en los años setenta, luego los universitarios entre 18 y 28 años de edad en los años noventa, en los cuales la situación económico-social no sólo no se recuperó, sino empeoró, fueron prácticamente predestinados y ofendidos, ahora ya de manera enteramente pensada de antemano, con el mote de la “Generación X”: los sin identidad, los ignorados, los irrelevantes, los omitidos..., los “jóvenes de desecho”.  Y esta generación, como con la experiencia de la anterior, asumió su condición de ser una juventud “sin identidad”, sin una definición acerca de sí mismos.

 

Aquí ocurrió un fenómeno importante a considerar: desde siempre, el calificativo dado a una generación, había sido pos facto, por los hechos realizados por ella y que le caracterizaba.  Pero una vez experimentados los efectos de la llamada “Generación Perdida” que se asumió a sí misma “perdida” en el sentido de su desubicación moral y falta de conciencia social, cuando el concepto del Estado era otro (el de una generación para la que no se había logrado generar empleo); a la siguiente generación ya se le condicionó deliberadamente su manera de ser y de pensar, por los detentadores del poder a través de los medios de comunicación, y los fomentadores de las modas; y se les bautizó al nacer (al formar parte de la sociedad entre los 18 y 28 años de edad, los universitarios de los años noventa), como la que habría de ser la “Generación X”.  Se diseñó un conjunto de características para esta generación, tales que les permitiera adoptar una actitud indiferente, conformista, y adaptarse a las condiciones económico-políticas del momento, es decir, del capitalismo decadente, y los jóvenes asumieron impensadamente, a-críticamente, el papel asignado; con resignación, con impotencia, con la filosofía de adaptarse a las circunstancias; y adoptaron el calificativo de “Generación X” con todas sus características, como su “Carta de Destino”.

 

Ese proceso de alienación social que fue objeto de nuestra observación en esa década tratando de entender el fenómeno que determinaba a los jóvenes universitarios en el aula, lo entendimos finalmente hacia los años 2000-2001, en que recapacitamos en que todo ello se da por un proceso deliberado en la llamada “aculturación”; esto es, la destrucción de una forma de la cultura para imponer otras formas de la misma; y entonces nuestra atención se dirigió a las determinaciones, materialista históricas –para nada ligada esta idea a la teoría de los ciclos culturales de Spengler–, dadas por los movimientos culturales de la historia.

 


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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
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