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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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20 julio 2010 2 20 /07 /julio /2010 09:07

Ícono EducaciónLa Evaluación Ético-Esteticista en el Aula Universitaria Durante un Curso.  Tesis Maestría en Educación Superior, 2007 (67)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http//:espacio-geografíco.over-blog.es/;

México,   11 abr 11.

 

A pesar del posmodernismo, defendemos a la ciencia y sus criterios ante ese embate abiertamente anticientífico, en lo menos que podríamos hacerlo teniendo presente los sacrificios que hicieron los iniciadores de la ciencia moderna en pensadores como Rogeiro Bacon (1214-1294), hecho preso 23 años por sus ideas; Galileo (1564-1642), corrido de la Universidad y humillado; Giordano Bruno (1548-1600), perseguido y sacrificado en la hoguera; Giulio Cesare Lucillo Vanini (1585-1619), perseguido por la Inquisición, torturado durante medio año, y que sin retractarse, fue condenado a que se le arrancase la lengua y fuese quemado; atado de sus pies a un caballo, éste lo arrastró por todas las calles del pueblo, y como insistiera en no retractarse, y antes afirmara su ateismo, se le cortó la lengua y se le quemó vivo; o como Servet (1511-1553), encarcelado y hecho morir en la hoguera por Calvino; como a tantos más.

 

Si el posmodernismo y las filosofías de su sustento; como la “Filosofía de la Vida” de Nietzsche, el Existencialismo, el pragmatismo, el Deconstructivismo, o el “Neomarxismo” de la Escuela de Frankfurt; son o no un fundamento anticientífico que por lo tanto promueven el oscurantismo, es algo que realmente tendría que demostrarse, pero lo cual, de momento, cae fuera de los propósitos y ámbito de esta tesis; no obstante lo cual, debe dejarse establecido, el posmodernismo está en la base de las nuevas ideas que fluyen en la Universidad.

 

El individualismo, relativismo y subjetivismo arbitrarios extremos en la afirmación de que “cada cual tiene su verdad”; reflejo al fin, del estado actual de la educación, misma que por definición habrá de agravarse en los próximos años necesariamente, en el hecho de que esa manera de entender el mundo ya está dada en los sujetos así educados en los últimos veinte años (es decir, esa concepción del mundo idealista –incluso de un idealismo objetivo–, por el cual ese saber innato e inmanente del constructivismo, matizado como “conocimiento previo”) y que, por lo tanto, en consecuencia, extraerlo puede ser válido –siendo congruentes– hasta por un acto de revelación y trascendentalidad; nos obliga desde una ética científica, a calificar todo ello de ignorancia, de oscurantismo y anticientificidad*.

 

Y esa anticientificidad es de suyo oscurantismo (difusión de la ignorancia, pues si –hablando del “posmodernismo bueno”–, de las consecuencias de la paradoja de “El Gato de Schrödinger”, del principio de incompletud del teorema de Gödel, del “Principio de Incertidumbre o Indeterminación” de Heisemberg, o del teorema de Fermat, que constituyen los supuestos fundamentos del posmodernismo para el abandono de la “ciencia obsoleta de la modernidad”, se ha de concluir que el “cambio de paradigma” de la ciencia consiste en demostrar que ninguno de estos autores –Schrödinger, Gödel, Heisemberg, Fermat–, ha trabajado mediante la lógica y hipótesis, por ejemplo, y por referir sólo un hecho.  Es decir, que no recurren a los “viejos métodos de la ciencia moderna”, que ahora pretenden desechar.

 

Calificamos de anticientíficos a los planteamientos posmodernistas, tanto más, por cuanto ellos no se están definiendo por sí mismos desde sus propios postulados, es decir, por lo que son; sino que se están definiendo por lo que no son, y lo que no son, aquello de lo que se excluyen, se dice, es “el viejo y obsoleto paradigma” de la “ciencia de la modernidad”, y sin más, se deshacen de la ciencia positiva; esto es, de todo el saber acumulado a lo largo de la historia fundado en sí mismo en correspondencia a la ley de la negación de la negación.  Y en mucho, porque en su ignorancia (en su oscurantismo), confunden “ciencia positiva”, con “cientificismo positivista”.  Y luego se atreven a hablar de una “ciencia” que puede hacerse sin marco teórico riguroso y consistente, sin hipótesis, sin apego a las reglas de la lógica, entendida ésta como viejo y obsoleto aporte, “mero juego de ideas”, aristotélico-escolasticista o “mecanicismo positivista”, y por ese sólo hecho descartada, sin considerar los avances de ella en la lógica dialéctica, ya hegeliana o bien marxista.

 

Aquí está ocurriendo el mismo fenómeno de la “Filosofía de la Vida” de Nietzsche como fundamento del nazismo, en que luego se dijo que se “malentendió” a Nietzsche; cuando lo que ocurrió es que tal filosofía estaba realmente a la medida del pensamiento e intereses nazis.  Así, ahora el posmodernismo está resultando el fundamento del oscurantismo; luego se dirá que se “malentendió” el posmodernismo; lo que no obsta para que algo haya de cierto en ello, como en todos los casos, ya sea el de Nietzsche o el de Marx; cuando que en realidad, este posmodernismo está sirviendo a la medida de los intereses de los poderosos capitales que ven la expectativa de perder sus privilegios y promueven la alienación social como parte de ese oscurantismo.  Pero el costo será, lo está siendo ya, inconmensurablemente elevado para la humanidad.  Esa es la razón suficiente que nos lleva a tal pronunciamiento.

 

Por sólo referir alguno de los aspectos más sobresalientes de los fundamentos dados en un lapso de veinte años, por dos de los principales teóricos del posmodernismo, aportando uno de ellos:  Jean-Francios Lyotard, a solicitud del gobierno canadiense, referencias específicas a la educación en su Condición Posmoderna, 1979; y otro tanto igual promovido por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO): Edgar Morin, en su Educar en la Era Planetaria, 2002; y que al mismo tiempo –en contraposición–, nos obligan a adoptar sistemas de evaluación en el aula que incidan más en la formación de la responsabilidad en el estudiante; dejemos con esta referencia, constancia de la profunda lucha ideológica humanista (del humanismo en su sentido más puro renacentista) que ya ahora está significando la crítica a esas posiciones fomentadoras del nuevo oscurantismo.

 

Lyotard inicia su texto con la siguiente cita: el término “posmoderno”, “designa el estado de la cultura después de las transformaciones que han afectado a las reglas del juego de la ciencia”[1], es decir, que es la misma ciencia –dice él–, pero con nuevas reglas.  Y así empieza el doble lenguaje (esto es, la incoherencia entre lo objetivo y lo subjetivo).  Pero apurando nosotros el fin, la pregunta a hacerle a dicho autor sería: cuáles “nuevas reglas”; a lo que el autor responde indirectamente: “La pregunta, explícita o no, planteada por el estudiante profesionista, por el Estado o por la institución de enseñanza superior, ya no es: ¿eso es verdad?, sino ¿para qué sirve?”[2].  Esto es, las reglas ya no son ahora, para el posmodernismo, las de la lógica científica rigurosa y los procedimientos demostrativos que conducen al conocimiento verdadero, sino simplemente un asunto subjetivista de discriminación de la validez, “legitimada” institucionalmente, es decir, por convenio, por interés, y para fines de mera utilidad práctica.  Es decir, la ciencia para el posmodernismo, es sólo por eso que Williams James y su seguidor John Dewey llamaran pragmatismo.  El posmodernismo es pues, una versión del pragmatismo.  Según esto, en consecuencia, la evaluación en el aula habrá de ser dirigida a valorar esas habilidades para ser prácticamente útil.  Así, el pragmatismo posmodernista plantea que si el conocimiento adquirido sirve para algo práctico, será “científico”, si no, carecerá de sentido.

 

Es precisamente ese subjetivismo extremo lo que no le permite ver a Lyotard aquello que demuestra lo verdadero: “lo que yo digo –explica dicho autor–, es verdadero porque yo lo demuestro; pero, ¿qué demuestra que mi demostración es verdadera?”[3].  A lo que hay que explicarle que: 1) lo que demostrará que su demostración es verdadera, será el que tal demostración se apegue al reflejo objetivo de la realidad objetiva, esto es, a los hechos; y así, 2) lo que Lyotard diga, no es verdadero porque él lo demuestre, sino que lo demostrará como verdadero, porque corresponderá a la realidad objetiva, a los hechos.

 



* Y ya sin discutir el principio del “tersio excluso” admitido por el “nuevo paradigma” de la “ciencia” en la posición posmodernista, que resulta el summum del irracionalismo llevado hasta la esquizofrenia.  Tal principio consiste –para decirlo brevemente–, en que de dos juicios objetivos de certidumbre que se contradicen entre sí, uno, y sólo uno, habrá de ser necesariamente verdadero, y no habrá tercer juicio (el “Tercero Excluido”).  Para el posmodernismo, dicho “tercero excluido” sí será posible; lo cual quiere decir que aquellos dos juicios contradictorios pueden ser al mismo tiempo falsos ante la veracidad del tercero (lo cual en cierto sentido puede parecer lógico), pero también, por las mismas razones, que ambos pueden ser, simultáneamente, no obstante contradictorios entre sí, verdaderos frente a ese tercer juicio, y ahí es donde se evidencia el absurdo.

[1] Lyotard, Jean-François; La Condición Posmoderna; Editorial Cátedra, 7ª edición, México, 2000; p.9.

[2]       Ibid. p.94.

[3]       Ibid. p.52.



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
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