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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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20 julio 2010 2 20 /07 /julio /2010 08:09

La Evaluación Ético-Esteticista

en el Aula Universitaria Durante un Curso.

  Tesis, Maestría en Educación Superior, 2007 (9).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica,

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 16 ago 10.

 

b)    Planteamiento del Problema

 

En realidad el problema es lo que surgió primero –y no podía haber sido de otra manera–, luego vino su clasificación en el tema general de la evaluación en el aula universitaria.

 

El problema (nuestro, de nuestra práctica docente, y como tal objeto de nuestra investigación) pues, consistió en enfrentar en el ámbito de la educación privada, esa contradicción en la cual, por un lado, el estudiante se ve involuntariamente sometido por el sistema económico-social en el ámbito educativo, a una condición mercantil; por la cual se genera en él, en la generalidad de los casos, el fetiche de que adquiere su educación, no como un proceso propio de abstracción y generalización del conocimiento en relación con el docente, sino como una cosa, una mercancía.  Por otro lado, el docente, enfrentado a ese condicionamiento mercantil del estudiante, se ve conflictuado en el ejercicio de su ética profesional docente que opera en sentido contrario, es decir, demandando del estudiante justo esa abstracción y generalización del conocimiento, cuando el estudiante sólo está viendo un asunto de trámite o transacción comercial a plazos.

 

Dado el problema en esos términos, su solución consistirá en empezar por romper esas relaciones fetichizadas, y ante ello, el único argumento era la justificación del juicio moral, por el cual no sólo el estudiante ha de ganar en identidad, sino ha de satisfacer la condición moral de su obligación: “el estudiante ha de ser estudiante”, es decir, por el cual, “el estudiante debe ser estudiante” y como tal, “mundana plastilina” en manos del docente, y no un “cliente” que demanda por derecho el ser tratado cual noble y rígido diamante.

 

En esa transacción comercial de la adquisición de los servicios de su educación como una cosa, de la cual a su vista, el docente es no sólo parte integrante, sino con ciertos matices, uno y lo mismo; a partir de las relaciones objetivas mercantiles, se crea en el estudiante la mentalidad, por demás legítimamente, por una parte, de que la evaluación la adquiere como el comprobante de que los conocimientos le fueron dados, o que, en la evaluación final, obtiene dicho documento como la “factura” de adquisición del servicio educativo como “esa cosa” intangible; pero que, por otra parte, adquiere incluso su conocimiento mismo en tanto lo dado formalmente en un aparato simbólico, sensorio-visualmente “tangible”, que se ve físicamente; pero donde se crea subjetivamente en dicho estudiante la idea del docente como figura de autoridad dada por poder, más que de autoridad moral dada por el rigor de sus fundamentos científicos.

 

A fin de que tal juicio moral no quedase en moralina o en “el sermón del maestro”, en tanto que toda la operación mercantil se centra en el momento de la “evaluación”, la solución quedaría dada en una solución al sistema de evaluación en el aula universitaria, proponiéndose así lo que hemos llamado “Evaluación Ético-Estética”.  De ello derivamos el cómo y por qué dicho sistema de evaluación en el aula universitaria, se convierte en una opción potenciadora del desarrollo académico guiado por la relación Maestro-Discípulo.

 

 

c)     Hipótesis y su Verificación

 

Es esta una investigación de carácter hipotético-deductivo.  Entendemos por la hipótesis un juicio lógico categórico universal afirmativo, que constituye una explicación, e implícitamente una solución, al problema planteado.

 

Como juicio lógico, es resultado de una educación que tiende a esclarecer la conexión entre el fenómeno y su causa.  En tal sentido, aquí el fenómeno es el condicionamiento mercantil del estudiante, la fetichización de las relaciones educativas, que problematiza la ética profesional docente en el proceso de la evaluación.  La causa probable, al momento de establecer la hipótesis, se definió como resultado de un sistema de evaluación defectuoso: el sistema psicologista; por lo que la solución implícita radicaba en el desarrollo de un sistema alternativo de evaluación en el aula, particularmente dicho, de la Universidad privada, proponiéndose así la evaluación ético-esteticista.

 

Así, la hipótesis quedó enunciada ya como suficiente en el siguiente juicio[a]:

 

“La evaluación ético-esteticista en el aula universitaria, resuelve la contradicción <<condicionamiento mercantil del estudiante, frente a la ética profesional docente>>, en tanto dicho sistema evaluativo permite reapropiarse del valor de uso del trabajo concreto formador de la personalidad, siendo así la realización del progreso moral e intelectual científico de la relación general docente-estudiante, dirigida por el vínculo Maestro-Discípulo”

 

Podemos decir que ha sido inferida con estricto arreglo a las normas de la lógica, y que sus premisas han sido demostradas verdaderas (III y IV Capítulos); mas la comprobación necesaria –a reserva de la dirección a través de su experimentación formal por terceros–, se ha verificado en todas las conclusiones que a su vez han sido concordes con los datos de la observación y experimentación, sin que en ningún caso se contradiga.

 

Tales conclusiones son, por ejemplo, que hay dos teorías evaluativas perfectamente diferenciables, las cuales responden incluso a posiciones ideológicas y de clase social en consonancia con los intereses de un régimen económico-político dado, capitalista o socialista; que el docente es un ser productivo y no un “prestador de servicios profesionales”; que las relaciones docente-estudiante son relaciones fetichizadas, detrás de las cuales viven verdaderas relaciones humanas ético-estéticas; que el producto del docente como “obrero del intelecto”, es la mercancía “fuerza de trabajo cualificada”; que el docente está en posibilidad de resarcir como suyo el valor de uso de su producción en tanto satisfactor espiritual de su actividad creativa, y que ello tiende a revertir el proceso de alienación social del estudiante, y por lo tanto, dirigirlo a su humanización; que la relación en bruto inicialmente cuantitativa docente-estudiante, sufre un proceso de transformaciones cualitativas que pasan de la relación Cliente-Servidor, a la relación Instructo-Instructor, y de ésta a la relación Autodidacta-Asesor, luego a la relación Alumno-Profesor, para, finalmente, llegar a la relación Discípulo-Maestro.

 

Otras conclusiones son, que en tanto la evaluación psicologista se centra en la medida, la evaluación ético-esteticista se centra en la extracción de valores y en ese sentido se establece la diferencia entre el “test” que manipula la conciencia, y el respeto a la dignidad humana en la formación de la personalidad; que mientras la evaluación psicologista se ocupa del aprendizaje, la evaluación ético-esteticista se ocupa de la formación de la responsabilidad moral y la personalidad; misma que es por definición un sistema formador de la responsabilidad moral; que tal sistema permite con toda evidencia extraer valores del estudiante por los cuales se justifica objetivamente el juicio moral acerca de sus capacidades y desempeño académico; y que en esa responsabilidad del autocompromiso y despliegue de capacidades en el desempeño académico, se posibilita el desarrollo del conocimiento científico y el progreso moral; entre otras conclusiones posibles más, las cuales ninguna entra en contradicción con lo observado y experimentado, y antes al contrario, corrobora la veracidad de la hipótesis.

 

La hipótesis así verificada, tanto en lo teórico, como en lo empírico –a reserva de su comprobación en la aplicación por terceros, lo cual en cierta medida incluso también así ya ha sido con resultados positivos, pero para lo cual insertamos el Anexo: “Protocolo de Comprobación”–, es ahora una tesis de partida para la solución de posteriores aspectos problemáticos, uno de los cuales ha sido de inmediato, el problema de la adecuación didáctica en correspondencia con una especie de “tasa de crecimiento del conocimiento”, dada empíricamente por la propagación de la curva de la potenciación de la serie de calificaciones elevadas a la constante de Neper, que evidencia claramente las etapas del conocimiento meramente descriptivo, de acopio y ordenamiento de datos (primeros dos grados académicos); a una etapa analítica en donde tales datos son estructurados, disociados en sus elementos y sometidos a juicio en su lógica formal (tercer grado académico); para finalmente, en una tercera y última etapa de la formación escolar, pasar a la síntesis, a la recomposición del todo concreto transformado, en tanto sometido a la crítica sobre la base de un sistema de referencia teórico (cuarto año y último grado académico).

 

Respecto a la verificación de la hipótesis, comprobar que era verdad que “La evaluación ético-esteticista en el aula, resuelve la contradicción <<condicionamiento mercantil del estudiante, frente a la ética profesional docente>>, en tanto dicho sistema evaluativo permite reapropiarse del valor de uso del trabajo concreto formador de la personalidad; siendo así la realización del progreso moral e intelectual científico de la relación general docente-estudiante, dirigida por el vínculo Maestro-Discípulo”; lo hicimos no sólo teóricamente con arreglo a la lógica por la objetividad y veracidad de sus premisas, sino empíricamente mediante los resultados obtenidos, mismos que fueron cuantificados estadísticamente; y por predicción (si bien problemas circunstanciales debilitaron su rigor en este último recurso).

 

Elaborada con anticipación, la predicción consistió precisamente en que, luego de la evaluación del primer parcial, se forzaría a todos al compromiso de trabajo por el diez y que ello permitiría elevar el nivel educativo, reflejado en un trabajo académico nunca antes logrado.  Es decir, se estableció que todos tendrían diez para el segundo período, pero que ahora el asunto era sostenerse.

 

Se rebasaron las expectativas toda vez que, sin forzar la situación, en los hechos así ocurrió[b], de tal modo que desde ese momento dábamos por verificada la hipótesis, en tanto que dicha evaluación ético-estética, en principio, daba lugar al progreso intelectual científico.  Luego la realización del progreso moral nos sorprendió con la propuesta estudiantil, en tres grupos (de seis en total; podemos decir, en tres de cuatro grupos), de efectuar campamentos de convivencia (propuesta que –en la iniciativa de los estudiantes– no fue lo suficientemente consistente en un grupo, donde finalmente ese campamento no se realizó).  Así, podemos afirmar que con el 75% del estudiantado se estableció una relación distinta a la meramente formal, propiciando lo discipular.  Se daba ahí, pues, impensadamente, la posibilidad de una reapropiación del valor de uso del trabajo concreto.  Con todo ello podía considerarse que la contradicción de origen era resuelta.  Sin embargo, en cuanto a esta verificación por predicción, todo ello quedó –ante la necesidad del rigor de los procedimientos–, en lo “subjetivo”. 



[a] Se observará que se enuncia como un juicio singular, pero, como explican Gorski y Tavants: “En la teoría de la Lógica acerca de los raciocinios, los juicios singulares se equiparan  habitualmente a los universales”;Lógica; Editorial Grijalbo, México, 1968, p.105

[b] Ocurrió particularmente en los tres grupos con la materia de Desarrollo Humano y Valores, grupos objeto de estudio, aun cuando parte de ese incremento del nivel académico, se reflejó en los grupos de Geografía Económica y Política Mundial, estos no objeto de estudio, pero formados en parte por los mismos estudiantes de los grupos de Desarrollo Humano y Valores.

 



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