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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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20 julio 2010 2 20 /07 /julio /2010 08:21

La Evaluación Ético-Esteticista

en el Aula Universitaria Durante un Curso.

 Tesis Maestría en Educación Superior, 2207 (21)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 04 oct 10.

 

b)    Evaluar y medir el conocimiento

 

Hasta aquí, nos hemos referido sólo al concepto psicologista de evaluación y medición del aprendizaje en general, sin especificar aprendizaje de qué.  Acaso inicialmente hicimos ver que la teoría psicologista de la evaluación considera que ésta es del aprendizaje, y que el aprendizaje se refiere a la adquisición significativa de “habilidades y capacidades”.

 

Como quiera que adquirir una habilidad o una capacidad es por definición obtener un conocimiento (acerca de saber hacer), el aprendizaje es en última instancia, de conocimientos.  Mas los conocimientos no se reducen al saber hacer, ni ello es lo determinante.

 

Que el aprendizaje de conocimientos se centre en el saber hacer, expresa el fundamento teórico filosófico-pedagógico irracionalista del pragmatismo.  Esto es, que los conocimientos sólo son válidos por sus efectos prácticos.  Saber hacer, no implica necesariamente saber pensar.  Luego entonces, la evaluación-medida del aprendizaje de conocimientos de esta educación positivista-conductual-pragmática, se reduce a la valoración y medida de la alienación psicológicamente dicho (de alienación, pérdida el juicio)*, es decir, perder la razón o capacidad de raciocinio, en este caso, no porque el sujeto enloquezca, sino porque es despojado del pensamiento científico, el cual se le disfraza o fetichiza.   Lo que se evalúa y mide es entonces, qué tanto se está haciendo irracional al sujeto, y garantizando que así se conserve, por supuesto, en interés de su explotación por la clase social en el poder.  Todo ello está –por definición–, en la lógica del proceso de alienación.

 

Este proceso de despojo por fetichización de las facultades de raciocinio, no opera exclusivamente en las ciencias humanas y sociales, donde sólo es más evidente, sino también está presente en las ciencias naturales y las ingenierías; aun cuando menos notorio por su contenido experimental y de exactitud; pero allí el proceso de fragmentación, de escisión, de negación, de fetichización y cosificación, está igualmente presente; ello es así, porque el proceso de alienación no depende del pensamiento de una especialidad científica dada, sino de las condiciones socialmente objetivas en que éstas se dan.

 

Claramente se trata de crear una sociedad en donde se de una concreta división entre los que saben hacer y se dedican al trabajo manual rutinario, y los que saben pensar y realizan el trabajo intelectual donde se tiene la actividad creativa que descubre y produce lo nuevo.

 

Esta ha sido la pretensión del fundamento psicologista desde los tiempos originarios de Stanley Hall.  En consecuencia, la teoría acerca de la preparación del “instrumento” de medición (el “test psicométrico”, el examen), oculta a nuestra vista el mecanismo, en tanto no somos especialista en psicología, y es en la práctica, un recurso de despojo de la facultad de raciocinio; lo que por demás el psicologismo no oculta, pues se pronuncia abiertamente como irracionalista; es asimismo, un recurso de despojo del intelecto, de la inteligencia, lo cual tampoco se oculta (como lo hemos visto al referir a Stanley Hall).  En una rigurosa categorización, el anticientífico psicologismo es pues, enajenante y alienante.

 

Históricamente, la teoría psicologista del aprendizaje ha pasado primero, por la definición conductista: aprendizaje es el cambio observable de conducta; luego ha continuado por la definición cognoscitivista, para la cual, el aprendizaje es: un proceso mental no observable que consiste en el procesamiento de información, dando lugar a las “estructuras cognitivas”; para finalmente llegar a las posiciones llamadas “humanistas”; de ese “humanismo” psicologista burgués que nada tiene que ver con la real teoría del humanismo que en su esencia no es otro que el renacentista; en donde tal “humanismo” de la pedagogía cognoscitivista define el aprendizaje como la obtención de un conocimiento significativo que involucra tanto lo intelectivo como lo emotivo.

 

El origen de ello es la teoría psicopedagógica de Carl R. Rogers, que enunciándose como una psicoterapia de la personalidad, se traduce, literalmente, como una psicopedagogía de la personalidad; como equivalentemente, el “cliente” de la terapia, es al estudiante; “para Rogers, entre terapia y educación existe un isomorfismo casi completo”[1]; en el cual <<el ser humano tiene la capacidad de comprenderse a sí mismo..., que necesita de unas condiciones determinadas para emerger...>>[2]; y mediante ello, “el organismo tiende invariablemente, a la actualización”, entendiendo por ello una actualización de la “estructura de experiencias” (esto es, de aquello tanto de lo que el individuo es conciente, como de lo que está en su propia inconciencia).

 

De la teoría psicopedagógica no-directiva (no-manipuladora) de Rogers, parte, pues, ese paralelismo del estudiante-“cliente”, como del docente-“facilitador”  “Las decisiones y las acciones son del cliente; por él debe ser guiado el proceso.  Esto recuerda las palabras del viejo Zaratustra de Nietzsche: <<No me sigas a mí; síguete a ti mismo>>”[3]: he ahí todo el fundamento educativo del individualismo, subjetivismo, y relativismo.  La negación de que educación es transmisión de conocimientos (por lo cual Rogers simplemente entiende como “información”), reduciéndose a mera “comunicación”.  De ahí que su planteamiento pedagógico se refiera sólo al proceso de aprendizaje, y excluya el proceso de enseñaza, esto último <<falsa hipótesis>>, dice Rogers, según la cual, lo que se enseña es idéntico a lo que se aprende.  Al fin, Rogers se refiere y está haciendo la crítica a la misma concepción psicologista, particularmente en su versión conductual.

 

La teoría psicopedagógica no-directiva de Rogers relativa a la psicoterapia de la personalidad, se vincula, finalmente, a la filosofía del pragmatismo, cuando –citando a Jesús Palacios en el artículo en donde éste hace la interpretación de aquel–, el mismo dice: “es gracias a la práctica como se logra la mayor parte de dicho aprendizaje; cuando se enfrentan problemas concretos o inmediatos...”[4].

 

La teoría de Rogers es una muestra de cómo el psicologismo se ha venido aproximando a los planteamientos, de antiguo, sociopedagógicos, y particularmente, respecto de nuestra tesis, a la concepción acerca de la evaluación: el compromiso personal, y –asienta Palacios–, los exámenes y las calificaciones pierden su sentido, su valor y sus prerrogativas.  Mas a diferencia de éste, que hace del compromiso personal una determinación subjetiva (la lógica del “aprendizaje significativo” en el cual el estudiante autodetermina el conocimiento a aprender), en nuestro caso, el compromiso personal es resultado de una determinación objetiva: lo determinado objetivamente, de manera directiva, por el docente.

 

De ahí que, en la esencia de la evaluación, en tanto que para Rogers –dice Palacios–, “el aprendizaje autodirigido (...), no puede ser sino autoevaluado”[5], donde por lo demás, la autoevaluación, ateniéndose a lo moral, como de hecho pretende Rogers, no corresponde a la Ética; para nosotros el aprendizaje es dirigido por el docente, y por lo tanto, que no puede ser sino valorado por éste; con la especificidad de que lo valorado, es el cumplimiento de un autocompromiso con ese trabajo académico determinado por el docente.

 



* El concepto de alienación fue introducido por Charles de Brosses en 1760.  Aquí hacemos uso del concepto de alienación –así lo decimos– literalmente, dado que el concepto en el ámbito de la psicología significa precisamente eso: enajenación, a manera de pérdida del juicio; más ello en nada alejado de la categorización económico-filosófica por las cuales el concepto de alienación, se entiende, de acuerdo con Hegel: como ser escindido y negación, la pérdida de la identidad, el no reconocimiento de sí mismo; en Feuerbach: es la proyección de las propias actividades del sujeto y de sus fantasías.  Marx sintetiza a ambos, y para éste, alienación es: en tanto escisión y negación del ser, “cosificación”, fetichización, y como tal encubrimiento, por ejemplo, de las relaciones sociales humanas, confundidas con las relaciones mercantiles entre las cosas.

[1] Palacios, Jesús; La Cuestión Escolar; Critica y Alternativas; Ediciones Coyoacan, México, 2002, 1ª Reimpresión, 2005; p.212.

[2]       Ibid. p.213.

[3]       Ibid. p.218.

[4]       Ibid. p.222.

[5] Ibid. p.240.

 



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