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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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21 marzo 2011 1 21 /03 /marzo /2011 00:03

Ícono Geografía Teórica (Brújula)-copia-2La Geografía como Ciencia.  Ensayo, 2010 (3/8).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geogrfaico.over-blog.es/;

México, 26 jul 10.

 

La Geografía es una ciencia.

 

El problema de la complejidad de la polémica Schaefer-Hartshorne, radica en que ambos tienen razón, y ambos están equivocados; o dicho de otro modo, ambos están bien en una parte, como están mal en otra parte.  Pudiera entrarse en una discusión detallada de dónde y por qué es cada cosa en cada parte; pero trataremos de superar ese laborioso análisis, a partir de una contradicción superior que contenga a ambas posiciones en un solo opuesto.

 

Esa identidad de ambas posiciones en un solo opuesto, se da en función de lo que ambas posiciones tienen en común respecto al objeto de estudio de la Geografía: el espacio terrestre, entendido como el ámbito o escenario de los fenómenos; frente al opuesto del objeto de estudio definido en tanto el espacio como tal (el ámbito o el escenario mismo, en principio, independiente de los fenómenos); y este punto ya lo entendían muy bien los geógrafos, desde Kant, pero idea que por más de dos siglos ha provocado en el geógrafo, literalmente, un “horror vacui”.

 

Debe aclararse, pues, lo básico de la teoría del espacio, a partir de los autores involucrados en el lapso que hemos considerado, de la Época Moderna de fines de la Ilustración en que se forman las ciencias con rigor metodológico, a nuestro momento actual: Kant, De la Blache, Hettner, Hartshorne, y Schaefer.

 

Lo primero a considerar es que el concepto de espacio en Kant, es sólo lo expuesto ya desde Newton y Locke, con la diferencia de ser en Kant, la versión gnoseológica de la fenomenología del espacio.  Es decir, para Kant, el espacio no está ahí para conocerse, sino, a lo más, para adquirir sentido con nuestra proyección humana sobre él, imprimiéndole las nociones de nuestra dimensionalidad y simetría.

 

Humboldt compartió las nociones newtonianas del espacio en tanto sistema inercial de referencia, como Ritter lo hará con la noción kantiana en tanto proyección de lo humano; no obstante, en su esencia, ambas nociones convergen en una teoría empírica del espacio, más allá del fundamento gnoseológico con que se aborde: este es, su dimensionalidad, su estructura, su simetría, su métrica, sus categorías, sus elementos de análisis y su metodología.  Pero en ambas, el espacio claramente delimitado, será sólo el escenario de los fenómenos, ya naturales, ya sociales.  Humboldt en su Cosmos trata indirectamente; al conceder él mismo la identidad aceptable de su obra con la “Geografía Física” (la geografía de la naturaleza); con el espacio y su representación en la Carta Geográfica, y dejará para la parte de su Atlas las consideraciones de su análisis espacial.  Por su parte, Ritter en su Ciencia de la Tierra (Erdkuhnde), a su vez aceptando la identidad de ésta con lo que él explícitamente llama una “Geografía Comparada”, dejará en claro que el objeto de estudio de la misma es el espacio, pero que éste  sólo será el ámbito de los fenómenos que para su Ciencia de la Tierra, constituye lo central, si bien, no pudiéndose entender lo uno sin lo otro.

 

Lo que en ambos hay en común, es la identidad del espacio, en tanto espacio geográfico, con la superficie terrestre.  La superficie terrestre será entonces, como por la época solía denominársele, el teatro de los fenómenos.  Y es en ello en donde se da la continuidad del conocimiento geográfico luego de la muerte de Humboldt y Ritter en 1859, es decir, durante las décadas de los años sesenta a ochenta del siglo XIX.  El “determinismo geográfico” en la Antropogeografía de Ratzel de 1882, fue la condición extrema de necesidad a la que tenía que conducir esa línea de pensamiento de la geografía fenomensita, y su momento culminante fue entre el VI Congreso Internacional de Geografía, de 1895, y el IX Congreso Internacional de Geografía, en 1908, lapso de poco más de una década en el cual se discutió –a decir de Horacio Capel en su muy importante trabajo: Filosofía y Ciencia en la Geografía Contemporánea (Barcanova, primera edición 1981; segunda edición, Barcelona, 1983)– la creación de una “Asociación Cartográfica Internacional”, considerando a la Cartografía como una ciencia aparte de la Geografía, con lo cual se despojaba a ésta de su objeto natural de estudio: el espacio terrestre, representado en la Carta Geográfica.  Y la reacción por la esencia de la Geografía en una geografía espacista, fue inmediata: “La Geografía es una ciencia de los lugares, de localización, no de los hombres”, respondió De la Blache en ese 1908.

 

A lo largo de todo el siglo XIX, si bien se percibía que el problema del objeto de estudio era algo esencial, por siempre hubo el consenso de que tal objeto de estudio, generalizando, era la relación <<fenómenos-espacio terrestre>>, expresado, como muy correspondientemente lo hiciera en su definición el discípulo de Vidal de la Blache, Emmanuel de Martonne, en el estudio causal de los fenómenos en su distribución en la superficie terrestre, entendida esta última como el espacio geográfico en tanto mero escenario.

 

El problema esencial de la Geografía, pues, estaba ahí, en la dispersión del objeto de estudio de la Geografía por sus propiedades particulares, pero en ese siglo XIX, no había aún elementos suficientes para resolverlo; y no los hubo incluso aún hasta fines del primer cuarto del siglo XX, luego de que en filosofía se hiciera extensivo el método dialéctico materialista y el análisis de las contradicciones; del conocimiento amplio de los trabajos al respecto del espacio en la física relativista de Albert Einstein, de 1905 y 1916.  Y es la influencia de ello, vinculado a Kant, lo que explica a un Hettner; y ya no se diga a un Schaefer (1953), con posterioridad a la II Guerra Mundial, y al “cuantitativismo” (principalmente geoeconómico) con dejos positivistas; o a un Etienne Juillar (1962), en su definición concreta del objeto de estudio de la Geografía como la regionalización y ordenamiento del espacio.

 

Más aún, explicará nuestra propia aparición en escena a principios de los años ochenta del siglo XX, vinculada ahora al análisis marxista de la teoría de la Geografía y del espacio como su objeto de estudio.  Nada hay en el desarrollo de la Geografía que sea arbitrario, y mucho menos de aparición mágica o por “genialidad” espontánea alguna.  Es un desarrollo objetivo, determinado por las condiciones materiales objetivas de cada momento histórico.  Lo que a nosotros nos tocó aportar, lo nuevo, y lo propio (por más que los plagiarios de ideas pretendan despojarnos del mérito para justificar su hurto alegando que el concepto de espacio ya estaba ahí; y asunto que nosotros nunca hemos negado, sino por el contrario ha sido uno de los argumentos demostrativos esenciales), fue la interpretación teórica bajo el análisis marxista o dialéctico materialista, que no estaba hecho, hasta entonces (y al parecer, ni aún ahora, y quizá ahora menos), ni por lo propios geógrafos soviéticos o cubanos.  

 


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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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