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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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4 mayo 2014 7 04 /05 /mayo /2014 22:03

La Luna (Blue Moon)La Geografía de los “Nuevos Mundos”, una Antilla en la “Mar Vacui”: la Luna (1/2)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

20 feb 14.

 

Nunca, hasta ahora (a excepción de G.N. Katerffeld), los geógrafos habíamos visto la importancia del Satélite de la Tierra: la Luna, en los estudios geográficos.  La Luna se había dejado siempre como objeto de estudio de los astrónomos y como algo ajeno a la geografía.  Pero resulta que este astro tiene tanta importancia como la Tierra misma en esta ciencia.

 

Esta importancia no se había podido ver desde una “geografía fenomenista”, con todo y una posible “Geografía Astronómica” o algo parecido.  Es sólo con el desarrollo inicial de una “geografía espacista” (o simplemente dicho ahora, desaparecida esa división, con el desarrollo de la geografía como ciencia), que puede entenderse la importancia de la Luna en los estudios geográficos.  Simplemente, de ella depende la comprensión del origen evolución y delimitación del espacio geográfico, así como de buena parte de las propiedades de éste.  Más aún, la Luna se constituye como el más extraordinario laboratorio para el conocimiento geográfico en general, y del espacio terrestre en particular.

 

Las hipótesis acerca del origen de la Luna se reducen a dos: 1) parte del proceso de la hipótesis nebular del origen mismo del Sistema Solar, y 2) como consecuencia del violento origen planetario en la hipótesis catastrofista, como un colosal impacto entre dos mundos.

 

En cualquiera de los dos casos, ello determinó para siempre, en el remoto pasado de la Tierra, las características tanto de su estado de espacio discreto, como de su estado de espacio continuo general.  En ambas circunstancias, el punto clave es explicar la formación estructural del Océano Pacífico.  En la hipótesis catastrofista, éste sería consecuencia de la “cicatriz” del impacto; e incluso el Satélite mismo estaría formado en parte con los restos de esa antigua Corteza Terrestre.  Esa es una explicación posible no únicamente de las “tierras bajas” de la cuenca del Pacífico y de las “tierras altas” del hemisferio dominantemente continental afro-euro-asiático, sino, a su vez, de las “tierras bajas” de los “mares” de la Luna (de su cara visible), como de las “tierras altas” de su cara opuesta oculta a la vista.

 

Sin embargo, una situación semejante se observa en Marte, aun cuando en este caso, entre sus Hemisferios Norte y Sur (primera dificultad), y con la ausencia de todo rastro del masivo cuerpo que hubiera impactado en Marte (segunda dificultad).

 

De modo que las cuencas del Océano Pacífico en la Tierra, como del Océano de las Tormentas, el Mar de las Lluvias y el Mar de la Nubosidad en la Luna, han tenido que ser explicadas con los elementos de la hipótesis nebular, lo que constituye el muy importante e interesante trabajo del geógrafo ruso Genadi Nicolaevich Katerffeld (1969).

 

En la hipótesis nebular de la interacción de unos 3000 millones de años, como ocurrió en el origen de formación de la Tierra y la Luna, de dos masas en estado plástico (si bien ya con una Corteza solidificada), gravitando entre sí en forma sincrónica en su rotación y traslación una respecto de otra de modo que una de sus caras mutuamente queda siempre de frente a la otra, en esencia, la hipótesis de Katerffeld consiste en que, parte de la atracción que se resuelve con la distancia entre esas dos masas, se compensa con el alejamiento plástico del centro de la masa gravitatoria en cada una.

 

Dicho desplazamiento de la masa gravitatoria del centro de cada cuerpo es lo que ocasiona simultáneamente dos cosas: en las caras puestas una frente a otra, se forman las depresiones que dan lugar a las cuencas oceánicas o de las “tierras bajas”; y en los hemisferios diametralmente opuestos y más alejados, se forman las “tierras altas” de las elevaciones continentales.

 

 

Luego, hará unos 2000 millones de años se rompe esa sincronía y dichas masas, incluso más consolidadas, comienzan a alejarse entre sí un poco más.  Es así, finalmente, lo que explica el proceso de formación del espacio geográfico tanto terrestre como lunar.

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