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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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8 febrero 2010 1 08 /02 /febrero /2010 09:01

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

La Geografía en la Teoría del Desarrollo
y Subordinación de las Ciencias de F. Engels.
  Ponencia al I Congreso Latinoamericano
de Historia de las Ciencias y de la Tecnología
(La Habana, Cuba, 1985) (1/4).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

 

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 8 feb 10.

 

 

Comentario Preliminar.

 

El presente ensayo, ponencia al I Congreso Latinoamericano de Historia de las Ciencias y de la Tecnología (La Habana, Cuba, 1985); es plenamente representativa de lo que constituye la investigación teórica, llamada no casualmente a su vez, investigación básica, investigación de frontera, o investigación de punta; que se cualifica por ser de una investigación que se juega en los límites del conocimiento.  No implicará tanto un mayor rigor en la aplicación del método científico, como entender que se avanza absolutamente sobre lo desconocido; donde el margen de error no importa tanto como justificación a los fallos, como lo significa el error mismo en el proceso de discriminación de hipótesis.  Esto es, que el descubrimiento del error, se convierte en algo tan importante como el descubrimiento del acierto mismo[*].

 

Este ensayo de 1985, fue el ápice de esa investigación de punta en la teoría del espacio como objeto de estudio de la Geografía (luego lo vamos a ver de igual manera en el caso de la ponencia al XI Congreso Nacional de Geografía de 1987, para el planteamiento general).  Hoy vemos que si bien habíamos avanzado mucho, no podíamos ir a más, nos faltaban aún muchos elementos de formación, un camino aún largo por recorrer para salvar los errores e incidir en los aspectos de esencia.  Nuestra capacidad de abstracción sobre el problema, adelantaba con mucho a nuestras capacidades para resolverlo.  No casualmente decidimos darle su tiempo al problema de la teoría del espacio, hoy aún en una multitud de apuntes manuscritos en nuestro archivo.

 

El ensayo que aquí presentamos ahora, en general, es correcto, sólo que la magnitud del problema que aborda lo pone en una situación vulnerable.

 

En él, aún sosteníamos la idea del objeto de estudio de la Geografía, como el “espacio adyacente a la superficie terrestre”; pero el avance de la comprensión del concepto de espacio en general comenzaba a ponerlo en entredicho.  Ya nos dábamos vaga cuenta de todo ello, pero entendíamos que íbamos a un foro internacional de historia de la ciencia, en donde, a pesar de su rimbombancia, nadie, no sólo no nos entendería, sino ni nos harían el menor caso.  Y como fue.  Así que todo aquello que sospechábamos que andaba débil, no nos importó exponerlo con nuestras propias dudas; no obstante, como ya se puede ver, entendíamos su trascendencia.

 

La clasificación de las ciencias es uno de los problemas más complejos del entendimiento humano, por lo demás, un problema constantemente inacabado.  Kedrov mismo, cuando trata el problema de la clasificación de la Geografía –que por lo demás reserva a una discusión posterior en su Tomo III que ya no conocimos si es que lo llegó a publicar–, muestra la falta de una teoría que sustente los conocimientos de la Geografía como tal; y no puede mas que incurrir, justo, en el mismo problema del desmembramiento de ésta.  Incluso intentamos una comunicación con él para explicarle nuestra apreciación del asunto, pero al parecer pos facto a su fallecimiento, el cual desconocíamos.

 

Así que, con nuestra teoría de la Geografía en función del espacio como su objeto de estudio y el debate teórico histórico entre la geografía espacista y la geografía fenomenista; intentamos su ubicación en el cuadro de clasificación de las ciencias, según la teoría de Engels; desarrollada por Kedrov para el conjunto de todas las ciencias; pero reservándose, no casualmente, el caso de la Geografía.

 

El centro de este ensayo es el cuadro particular mismo de la clasificación de la Geografía, por lo que, analizarlo, explicará todos aquellos errores.

 

Antes, conviene explicar breve y generalmente lo siguiente: este problema es complejo, en especial para con la Geografía, dado que involucra la relación filosófica entre el ser y el existir (que podríamos reducir a la relación entre el objeto o fenómeno, y el espacio).

 

Este problema es exactamente equivalente al de la relación filosófica más general y esencial, entre el ser y el pensar, que tiene dos facetas: 1) la de su independencia entre sí, y, 2) la de la presuposición de una respecto de la otra.  Para la filosofía idealista, el ser y el pensar, son dos cosas independientes entre sí, de donde establece la diferencia entre ontología (estudio del ser), y gnoseología (estudio del pensar).  Pero para la filosofía materialista, tal separación no existe; es decir, no puede haber el pensar sin el ser.  Más aún, para la filosofía idealista el ser y el pensar no sólo son independientes entre sí, sino que el pensar antecede al ser.  O dicho al revez, el ser, presupone el pensar; en tanto que para la filosofía materialista, ser y pensar no sólo son lo mismo, sino que se dan simultáneamente, tampoco una supone a la otra.

 

Análogamente, se da la misma solución respecto del ser y el existir.  Para la filosofía idealista, el ser y el existir son dos cosas independientes entre sí y que pueden ser dadas una sin la otra; esto es, que puede haber un objeto sin espacio, como un espacio sin objeto.

 

Para la filosofía materialista, por lo contrario, el ser y el existir son lo mismo, una cosa no puede darse sin la otra; es decir, en donde la sola presencia de un objeto, determina un espacio; como el espacio sólo lo es del objeto mismo.  Es en ese sentido que en el pensamiento materialista filosófico se habla del espacio, como la espacialidad del objeto, lo cual se sintetiza en el concepto del continuum.

 

En tanto que el continuum se compone de todo cuanto existe, ya continuo como discreto, ya en forma de campos o de sustancia; lo que la definición materialista del espacio antes expuesta tiene de valiosa, es que establece de suyo la dialéctica del espacio; esto es, su transición cualitativo-cuantitativa del continuo al discreto y viceversa, como las transiciones cuantitativo-cualitativas, de la misma manera, del campo y la sustancia.

 

Pero el punto crítico de dicho concepto materialista, está en que, a pesar de que el espacio se pueda entender como un concepto que es reflejo de una condición objetiva dada en las propiedades del objeto mismo.  El espacio es así, con todo, algo que simplemente se puede interpretar como un concepto cómodo para manejar el mundo de los objetos, y por el cual, como lo expresara el marxista Éli de Gortari, <<los objetos no existen en el espacio, sino que su existencia es espacial>>; y no obstante ello, todavía podríamos preguntar: ¿y en qué consiste esa “existencia espacial”; esto es, qué es el espacio?  La respuesta, hasta ahora, a nuestro juicio un tanto tautológica, consiste en que es el continuum (de suyo, la espacialidad de todos los objetos).  En última instancia, algo correcto, hemos dicho, en la dialéctica entre el ser y el existir, pero en donde aún queda considerar en el problema de la relación entre lo vacuo y lo pleno.  Lo cual puede adelantarse estableciendo la analogía entre el campo y la sustancia, como con lo continuo y lo discreto.

 

Quizá el idealismo, consecuentemente, no estuviese sino parcialmente mal en lo mismo; y, a nuestro juicio, lo está ahí donde es posible sustitir la metafísica con la dialéctica; es decir, cuando considera que el existir (el espacio) puede ser dado independientemente del ser, como algo carente de rerum natura; es decir, de la naturaleza de “algo”, sustancial y material.

 

Por lo tanto, entender la naturaleza del espacio, implica razonar, como lo ejemplificaba G. Kursánov en su Problemas Fundamentales del Materialismo Dialéctico, en la posibilidad teórica de un vacío absoluto (cuyo caso ideal sólo podría ser en un punto muy lejano de la metagalaxia), ausente incluso de campos.  Lo que queda ahí no es, exactamente “nada”; filosóficamente, “la nada” no existe, y decir que lo que queda es “nada”, luego entonces, lo que quedaría sería “algo” llamado “nada”.  Pero lo que queda, es simplemente eso: vacío absoluto (que no debe identificarse con “la nada”), y ese vacío absoluto, es desde luego, “algo”, el vacuum; en el que, como lo dijera Paul Davis, la más ínfima perturbación, sería capaz de provocar en él una reacción en cadena de sucesivas transformaciones de la materia.  De donde pudiéramos parafrasear diciendo: <<Dadnos una porción de vacío absoluto y quince mil millones de años, y os entregaré el Universo actualmente conocido>>.

 

Según los físicos cuánticos, el Universo conocido se generó así.  Por lo que puede aceptarse que ese vacío absoluto fuese en un momento dado el existir, el espacio, como un “algo” no sólo idéntico a su ser mismo, sino antecede al ser de los demás objetos o fenómenos.  Se vacuum (espacio), sería el origen de todas las posteriores y sucesivas transformaciones cuantitativas y cualitativas de la materia.  Pero hoy tal vacío absoluto; tal espacio continuo; tal existir idéntico a sí mismo como condición absoluta; sólo es condición teórica ideal, por lo tanto, dialéctica e indisolublemente unido a lo pleno (el ser, ya de su materialidad misma como espacio en calidad de un “algo”, ya del fenómeno discreto).

 

De esta manera, entonces sí nos podemos replantear la clasificación dada en el cuadro original de la ponencia; y eso ha consistido, sencillamente, en aceptar en lo teórico de una lógica dialéctica, el existir, previo al ser; el existir como condición de existencia del ser; o mejor aún, el existir, como estado transitorio original del ser.  Y entonces hemos invertido las cosas, y obtenido la nueva ubicación de la Geografía, en el nuevo cuadro de la clasificación de las ciencias, próximas a ella; el cual insertamos al final, en una segunda parte de estos comentarios, analizándolo nuevamente en particular.



[*] Y esto no debe entenderse como un quiebre al planteamiento popperiano “falsacionista” y de “contrastación de hipótesis”; e infinitamente menos como el oscurantista planteamiento “posmodernista” de Edgar Morin de una “dialógica del pensamiento complejo”.  Es, simplemente, la dialéctica materialista del avance en función de la hipótesis como un juicio categórico universal afirmativo, que, en tanto hipotético, puede llegar a verificarse como erróneo.


 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Ponencias Congresos
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