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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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1 septiembre 2013 7 01 /09 /septiembre /2013 22:01

La ClóquideLa Misión Secreta del Argo.  Ciencia-Ficción Sospechosa  (5/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

03 nov 12.

 

 

Finalmente –continuó Deuterio– Frixo llegó a la Clóquide; ahí sacrificó al Carnero, y su piel la obsequió a Eetes, rey de la Clóquide, quien la colgó en un árbol exhibiéndola, custodiada por un dragón que nunca dormía.

 

¿Te das cuenta?, el Caduceo de Hermes, es el mismo Vellocino de Oro.

 

_     Según esto –intervine yo, entonces sí, contra lo que yo creía, la expedición de los argonautas fue con el fin de hacerse del poder, simbolizado en ese elemento que lo representa.  Había que volver otra vez esa Piel de Carnero a su forma de Caduceo.

 

Deuterio se me quedó viendo pensativo, como compadeciéndose de mí, en una actitud indulgente ante mi ignorancia, y al tiempo en que nos llegaba el servicio y éramos interrumpidos, él simplemente decía: “Pues no, no, el asunto todavía tiene otras complicaciones”.

 

Nuestra plática se detuvo para empezar a comer, y luego entre bocado y bocado, Deuterio intentó proseguir.

 

_     Hay un problema –dijo Deuterio–, ¿por qué Hermes haría tal cosa? (…hamm, mmm).  ¿Por qué con personas como Hele y Frixo, al parecer no destacadas, y sin embargo, Hele recordada y homenajeada en el Helesponto? (hammm, mmm).  ¿Por qué Frixo “sacrificó al Carnero”?, y más aún (hammm, mmm), ¿por qué Eetes colgó la piel en un árbol custodiada por un dragón que no dormía, a la vista de todos? (hammm, mmm)…

 

Y a todas sus preguntaqs yo no sólo no podía responder por estar comiendo, sino porque no tenía la menor idea; y por mi parte, entre bocado y bocado, sólo me concreté a responder al final con desdén, que: “si tú que estuviste ahí no sabes (hammm, mmm), pues yo menos (y este “pues yo menos” sonó entre el deglutido).

 

Rió Deuterio de mi idiotez como de mi pereza mental que no hacía el menor esfuerzo por intentar una respuesta a algo.  Pero otra vez fue indulgente, bien entendía que primero había que comer.  No dijo más, y en breve lapso dimos cuenta de todos los bocadillos.  Y sin embargo, en el inter, realmente pensaba yo en algunas posibilidades.

 

1)      “¿Por qué Hermes haría tal cosa?”  Lo primero que se me ocurrió, es que Hermes era el dios de los comerciantes y que algún negocio tendría con Eetes, al que le daba el Caduceo en forma de piel, que lo único que parecía mostrar era el vello de oro; de modo que Hermes habría permitido el poder con tal objeto, pero que Eetes no podía entender cómo usarlo (me parecía una idiotez, pero, que se le va a hacer, no se me ocurrió otra cosa, a pesar de que ya se había aclarado que lo del “Vellocino de Oro”, no era por su vellón de tal metal, sino porque en ello iba la idea de que “valía mucho”.

2)      “¿Por qué con los irrelevantes Hele y Frixo?”  Quizá porque en el mercadeo de algo tan valioso, la mejor manera ed no atraer la atención era así; pero, de algún modo, tan importante fue su misión, que la muerte de Hele fue homenajeada (quizá haya sido el propio Hermes el que propuso el nombre de Helesponto, aun cuando como que en el hecho hay un sentido de conciencia moral general del acto de Hele).

3)      ¿”Por qué Frixo sacrificó al Carnero con tales dotes?”  Ese sí era un punto difícil, las dotes mágicas del Carnero no lo harían víctima propiciatoria; debió haber habido, por lo tanto, otra razón.

4)      ¿”Por qué Eetes no atesoró el Vellocino de Oro, sino que en vez de ello lo cuelga en un árbol a la vista de todos (si bien vigilado por un dragón que no dormía)?”  Se ve en ello que Hermes ofreció algo valioso, con lo que se obtenía el poder, pero del que Eestes no entendía su real valor.

 

  Luego, entre sorbo y sorbo de alguna fresca levadura, salvando la pereza mental, le expuse a Deuterio lo que pensaba al respecto.  Él, pacientemente, había esperado, sentía que yo tenía que responder algo, alguna idiotez, cualquier cosa; pero que mi mente capaz de trabajar una secreta lectura en un palimpsesto, no podía dejara de interpretar algo.

 

Y se sorprendió de las cuatro respuestas.  Vivamente sorprendido, siguiendo pensativo, viéndome fijamente dibujando una sonrisa que dejaba ver su dentadura, de modo que sus labios quedaban a medio camino entre la sorpresa y la admiración, al final expresó su idea de conjunto ante todo lo dicho: “No necesitabas estar ahí para hacer deducciones bastante idiotas, pero algo es algo”.

 

Pero entonces ahora el sorprendido era yo, que había dicho un cúmulo de idioteces, y se obligaba exigirle a Deuterio una explicación más exacta, y sin embargo fue él el que se adelantó.

 

_     ¡Claro! –exclamó Deuterio–, el obsequio de Hermes quizá haya tenido más un carácter de tributo ante alguna amenaza de los Cochis, y como tributo: <<He ahí el poder, pero tienes que descifrarlo; nosotros no hemos podido, o de otro modo no te temeríamos>>.  Esa es la misma razón, podríamos suponer, por la cual la muerte de Hele significó un sacrificio social por el cual fue honrada.  Pero –cuestionándome, agregó– ¿cómo Hermes, un dios, no podría descifrar el Mensaje en el Vellocino?

       No; atención amigo, el “sacrificio del Carnero”, no era otra cosa que una nueva transformación del Caduceo.  Hasta ahí, volaba y hablaba, dejado en piel, parecería que ya no volaría, aun cuando, atención, mucha atención a esto, es la clave del secreto de la misión del Argo…: la piel “aún hablaba”…; y Eetes la cuelga no sólo para que todas la vean, sino para que “la oigan” y alguien pueda traducir lo que dice; que lo que diga, será la clave del poder.

       Luego, tiempo después, cuando la Clóquide ya era incluso súbdita tributaria de los persas, en la persona de los argonautas, los griegos volvieron por el Vellocino de Oro-Carnero-Caduceo.

 

Me quedé pensando, en efecto, la deducción había sido estúpida respecto de lo que se entendía por lo verdadero, pero, a pesar de que Deuterio hablaba de la “clave del secreto de la misión del Argo” en el hecho de que el Vellocino de Oro “aún hablaba”, y cosa que yo no sabía, el secreto seguía allí, en lo que dijera…; y entonces aguardé a que algo se insinuara por Deuterio al respecto.

 

Como no lo hiciera, lo inquirí a que “fuese al grano”; le mostré un cierto malestar cuestionándole acerca de a qué iba todo ello.  A lo que Deuterio se limitó a responder: “ese es el asunto, ahora es cuando voy a empezar a explicar…, pero es complejo y necesitamos ir por partes”.  Y quedamos de vernos en otra ocasión.

 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Divulgación Científico-Geográfica
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