Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog

Presentación Del Blog

  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
  • Contacto

Buscar

Archivos

15 septiembre 2013 7 15 /09 /septiembre /2013 22:01

La Nave Argo en el BósforoLa Misión Secreta del Argo.  Ciencia-Ficción Sospechosa  (6/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

03 nov 12.

 

La Conspiración.

 

Esta vez no sólo comimos, sino luego buscamos  un café más apacible en el cual pudiésemos estar por largo tiempo.  Durante la comida todo fue de esa manera entrecortada entre bocado y bocado, en un repaso en los detalles de todo lo que en la vez anterior habíamos aclarado.  Buscamos el café, y el sitio se prestó para una larga plática, o más bien dicho, para una larga exposición de de las andanzas de Deuterio como viajero del tiempo, centrándose en ese momento de la expedición de los argonautas, al que le asignaba una enorme y especial importancia.

 

Todo ocurre –continuó él–, precisamente hacia mediados de ese lejano siglo XIII ane; Esón reinaba en Tesalia, recién había nacido su hijo Jasón, cuando Pelias, hermano de Esón, lo despojó del trono; y entonces Jasón fue encomendado a los cuidados de Quirón, que debió ser un ermitaño muy hábil y sobrio; yo realmente no lo conocí.  Ahora empieza a hacer tus deducciones sobre mi identidad: mis funciones estaban dirigidas a la reorganización social.  Actos como los de Pelias dificultaban el trabajo –luego entonces, pensaba mientras lo escuchaba, no era ni Argos ni Asclepio, pero tampoco Zetes…, quizá fuese Etálides, pero lo más seguro es que él fuera Deucalión.

 

Unos años después –prosiguió Deuterio, cuyo “Deu” en la morfología de la palabra ya me decía todo–, cuando Jasón ya embarneció, éste se presentó ante su tío Pelias a reclamar su heredad.  Pelias consistió en ello, peo le puso como condición el que, si quería ser estadista, recuperara el Vellocino de Oro en posesión de los clóquis.  Y así empezó esta historia.  Como ves, en su origen no tenía más que una razón meramente política, de poder.

 

Pero había quienes sabían que en el hecho había la posibilidad de algo más que de manera cabalística estaba en ello oculto –ahí es donde entendí el detalle del palimpsesto, pero, a la vez, que yo no era sólo el terapeuta para el desahogo de sus sufrimientos, sino que, de algún modo, o ya estaba involucrado, o me involucraría en ello–, Argos, Asclepio, Zetes, Etálides y yo…, –luego entonces, cierto, él era Deucalión, ni más ni menos que el hijo de Prometeo…, sí que un honor conocerlo…–, y de inmediato nació entre nosotros cinco la conspiración en la misión secreta del Argo.

 

Al parecer, Pelias le impuso algo más: el que Heracles fuese la primera autoridad en la expedición; seguramente porque a su fuerza encomendaba el control de la tripulación, pero también, el aseguramiento del Vellocino; y Jasón aceptó tal condición sin objeciones, no obstante a su cargo estaba el empezara reunir a los expedicionarios suficientes.  Por Argos estaba la recomendación de Zetes, entre otros; y por Asclepio la recomendación de Etálides; yo formé parte de la expedición por honor, dado de quien soy hijo.  Como verás, Zetes y Etálides eran apoyo de los viajeros del tiempo Argos y Asclepio, y era necesario involucrarlos en la conspiración secreta.

 

Así, en lo que en el astillero de Tesalia en Yolcos, se construía la nave Argo; una nave birreme de no más de unos treinta metros de eslora con una inestable vela cuadrada en un mástil central bípode; en Epidauro, en la Argólide, en la casa de Asclepio, se reunió ese comité conspirativo secreto en el que había tres viajeros del tiempo, para preparar su acción.

 

¿Te das cuenta de lo inusual del hecho?, ¡tres viajeros del tiempo reunidos para un solo hecho! –y todos, agregué yo, eran de diferentes épocas, no? –; así es –continuó el buen “Deu”, ahora más que “Deu”-“terio”, “Deu”-“calión” –; justo Asclepio era el viajero más avanzado –y yo supuse la asociación de ideas de “avanzado en el tiempo” a “avanzado en conocimientos”, pero ante la ambigüedad, demandé la precisión, simplemente corroborándose, pero aprovechando para precisar también la época–…, no estoy seguro –dio “Deu” –; verás, ubícate en el siglo XIII ane y que alguien te diga que viene del siglo XXII, cuando tu has saltado del siglo XVIII o XIX…, no te puedes imaginar su mundo y pierde sentido el precisar la época de origen de los viajeros…; pero creo que Asclepio provenía precisamente del siglo XXII… -a ver, a ver, ya me perdí, le dije interrumpiéndolo, ¡¿cómo que viajeros del tiempo saltando desde los siglos XVIII o XIX?! –; ¡ah! –respondió él con una exclamación–, crees que los viajeros en el tiempo pertenecen a  una tecnología incluso posterior a tu época, no? –y yo en mi interior me preguntaba sorprendido: ¿pues qué no? –; pues no –continuó Deuterio como leyéndome el pensamiento–, no es así…, pero ciertamente tampoco le es dado a cualquiera en cualquier momento (por más abundancia de “abducciones ovni” que se reporten) –dijo él así, entre paréntesis, como algo puesto al margen, pero que me explicaba la posibilidad de los viajes en el tiempo en cualquier momento–.  Pero dejemos eso de lado, por lo menos de momento; más allá del “rayo” de luz azul en el cual desapareció Asclepio tiempo después de haber vuelto de la Clóquide, y al que me referiré al final, no viene más al caso todo ello.   Nuestro problema esencialmente está en el misterio del Vellocino.

 

En aquella reunión de Epidauro en casa de Asclepio, Argos extendió un rudimentario mapa sobre la mesa (debo decirte como geógrafo que eres, que ese mapa, como muchos otros, se perdieron durante la “Edad Oscura” griega que comenzó un siglo después, y la elaboración de mapas no volvió a aparecer sino con Anaximandro en el siglo VI ane).  Mostraba dicho mapa el tosco perfil del Egeo, precisamente desde Epidauro hasta la Clóquide; apenas a partir del Helesponto se reconocían vagamente las costas de Asia Menor.  Y con ello a la vista, Argos aleccionaba, por supuesto más que Asclepio y a mí, a Zetes y a Etálides, que ignoraban todo el mundo restante del cual nosotros, desde luego, ya teníamos conocimiento…; –allí, en ese momento, se me despertó una inquietud que me obligó a interrumpir, preguntando cómo es que, preferentemente, como viajero del tiempo, no se ubican directamente en la corte de Eetes en la Clóquide–; ¡ah! –respondió Deuterio–, ¿has oído hablar de un tal Gilgamesh?...  Pues ahí hay problemas adicionales…  Esta historia se nos complicaría enormemente…  Dejémosla, por lo menos de momento, quizá en esta unilateralidad griega… -y Deuterio se quedó cabizbajo, pensativo, con una mano extendida sobre la mesa, y luego de un momento se repuso y agregó luego de una exclamación–, ahaaa!, bueno…, ellos también tenían su Deucalión, su Noé era Utanapishtim; y su Argo era Gilgamesh, “el que lo ve todo”; allá Asclepio es Adopa –entonces ciertamente vi que había mucho problema para entender aquello, pero más importante aún, empecé a sospechar que Deucalión, como Utanapishtim, pudiera ser más que un humano viajero del tiempo.  Reconocía en Asclepio al “más avanzado”, pero al mismo tiempo, en él, a un humano del siglo XX; Argos, al parecer, era del siglo XVIII o XIX, un geógrafo que necesitaba resolver un problema práctico de navegación, sus conocimientos en comparación a la tecnología de la época, no le dan para más que construir su birreme; pero Deucalión parecía ser intemporal–.

 

 En fin –exhaló Deuterio agregando enfáticamente–, volvamos a lo nuestro; Asclepio era el “más avanzado”, pero sus conocimientos eran de medicina; Argos era el geógrafo, y en ese momento había que entender la parte geográfica de la expedición, y nos puso al tanto de distancias y tiempos que implicarían el viaje, así como de otros pasos, como lo era el temido paso por los Dardanelos.

 

En este punto del Helsponto, decía Argos en lo que señalaba el paso golpeando en el sitio varias veces con su dedo, comenzarán las situaciones más difíciles; luego Zetes se inclinó sobre el mapa y con su propio dedo siguió la ruta por el Estrecho y se detuvo en el paso al Ponto Euxino; ahí es el lugar más estrecho, aclaró entonces Argos, no obstante aclaró que efectivamente ahí había un paso.  Luego Zetes apretó los labios, y entre su pulgar e índice abrió una distancia hasta la desembocadura del Fasio, la puerta de entrada a la Clóquide; y Argos dio la idea de la distancia y tiempo de recorrido.

 

_     Ahí, Zetes –explicó Argos–, habremos de desembarcar con una guardia; os acompañara Augías, incluso creo que será bueno que Atalanta os acompañe, en lo que con el navío remontamos lentamente el río.

_     Augías –aclaró Etálides, ya que eran hermanastros– tendrá la función de Ebajador…

_     La idea es –intervino nuevamente Argos–, que si se produce un encuentro, Augías intervenga, y la idea de que Atalanta, tan hermosa como valiente, vaya en esa avanzada, es para que se dulcifique el encuentro (ellos desconocen realmente quién es –dijo Argos con sorna–, y todos rieron).

_     ¿Qué tan lejos –intervino preguntando Zetes– de la desembocadura está la sede del reino de Eetes?

_     Creeme –dijo Argos–, y lo digo así porque es algo que he discutido necesariamente con Eufemo, que será el timonel en reemplazo del experto Tifis y segundo de abordo; con Tifis mismo, con Anceo y Erginio, también timoneles; y creemos que su sede estará a media jornada en marchas forzadas.

       Asclepio y Etálides, con migo, permaneceremos en el navío hasta el último momento; sólo actuaremos cuando el Vellocino de Oro haya sido ubicado con certeza.  Se dice que Eetes lo ha tenido a la vista colgado en un árbol, por lo que todo debe ir dirigido a que Eetes acceda a que podamos estar frente a la piel: ese será el momento de ambos para obtener y descifrar el secreto.   Luego, si podemos ganar la piel, será el complemento del objetivo; el navío estará con popa río abajo, y entonces, en el combate, lo más importante será proteger las vidas de Asclepio y Etálides.  Todo esto ha sido ya convenido con Heracles y Jasón, pues ellos quieren tomar la piel de inmediato y entablar combate.  Ha sido difícil convencerlos con el argumento de que pudiera no ser el Vellocino real, y sólo así han accedido a que tuviesen esa doble oportunidad de estar en contacto con la piel y su secreto.

 

Así terminó la reunión de ese comité en Epidauro, y todos quedamos listos para embarcarnos en la expedición.

 

Compartir este post

Repost 0
Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Divulgación Científico-Geográfica
Comenta este artículo

Comentarios