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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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15 abril 2012 7 15 /04 /abril /2012 22:09

El Geógrafo, VelázquezLa Personalidad del Geógrafo en la Historia.  Artículo, 21012 (2/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

09 abr 12.

 

No todos por igual podemos estar dispuestos al nivel de abstracción filosófica individual que reclama la geografía teórica, como no todos por igual podemos estar dispuestos al nivel de lo concreto práctico en el trato social que reclama la geografía operativa (si bien uno sin el otro, los hace dejar de ser lo que son; lo cual es ese contexto social de la ciencia de la que hablábamos al principio).

 

De este modo, limitándonos a la personalidad en el parecer, cómo imaginar a un médico de todos los tiempos sin su bata blanca; y lo que lo ha de distinguir del carnicero, no será lo largo y ancho del bisturí, sino el que a su cuello cuelgue elegantemente un estetoscopio; o cómo imaginar a un administrador de empresas de siempre sin su elegante portafolios y un buen traje o elegante vestido; o cómo imaginar al muy abrigado y noctámbulo astrónomo sin su telescopio, o al casual biólogo sin su microscopio; quién dejaría de reconocer en un distraído y desmelenado personaje, al matemático (sea mujer u hombre); o en el ido pensador, al filosofo (sea mujer u hombre), y siendo hombre, con su desaliñada barba.

 

Ahora bien, cómo imaginar al geógrafo por lo que el geógrafo históricamente ha sido y es, en ese “parecer”, que no sea con los implementos necesarios del explorador: un mapa que nunca faltará en una de sus manos, y una brújula, astrolabio o sextante en la otra, con un Globo Terráqueo y una pila de libros o Relaciones Geográficas a su lado.

 

En esa indumentaria está, pues, el geógrafo por su “parecer” o como se suele también decir, por su “estereotipo”.  Su ser está, hemos dicho, en sus dotes o capacidades intelectuales; pero en ello hay algo más complicado que su acervo teórico asimilado, y ello es eso que se define como el carácter.  Sólo que en este concepto, en parte, se salta de las consideraciones filosóficas o sociológicas, a las psicológicas, pues el carácter se define a su vez, como el “conjunto de rasgos psíquicos estables…”, ya heredados genéticamente (lo psicológico), ya condicionados por el medio social y las condiciones de vida (lo ideológico-social).

 

Ese carácter es el que determina la conducta del sujeto, lo cual lo hace incluso, en cierto modo, predecible en su comportamiento bajo tale so cuales circunstancias; y conociendo ello, es posible orientarlo en una vocación.  Así, si el carácter es el daimon del sujeto, dice a su vez Heráclito: ese es su destino (que para Kant, fue causa).  Ahora, radicando en lo psicológico, será, por principio, una pulsión inconsciente (y asunto de los psicólogos); pero en tanto el carácter a su vez, en parte, está condicionado por las relaciones sociales, el carácter adquiere una determinación moral, y, por lo tanto, como hecho de conciencia, del compromiso en la voluntad y responsabilidad del individuo.

 

De esta relación moral condicionadora del carácter, se derivan, de manera ampliamente reconocida y aceptada, dos grandes formas básicas del carácter, y por ende, de la personalidad: 1) el ser extrovertido; o, 2) el ser introvertido.  Abbagnano, refiriéndose a Jung según sus Tipos Psicológicos (1943), comparte la idea de éste en cuanto a que, mientras que el extrovertido –dice Ababagnano según Jung– es abierto, sociable, va al dominio del mundo y adquiere una actitud positiva creadora; por lo contrario, el introvertido, en la clausura, en la timidez, se retira en sí mismo como defensa o protección ante el mundo.  Pero esa es, evidentemente, primero, una caracterización psicológica, y segundo, que absolutiza.

 

Podemos aceptar, en lo objetivo, la existencia de esos dos caracteres básicos, pero no el que operen de manera tan absoluta en la posición del individuo frente al mundo; y ello por una sola razón: algo de lo que define al ser humano, independientemente de esos caracteres, por su naturaleza misma, es su actitud positiva, creativa y dominante frente al mundo.  Otra cosa es la forma e intensidad como lo hace.

 

En ese sentido, el carácter como expresión de la personalidad, y la personalidad misma, es forma de ser, manera de establecer la relación social y ante el mundo.  Pero, por el contenido en el ser, todo individuo puede ser igualmente creativo y revolucionario ante el mundo.

 

Y en ese “cada cual a su manera”, combinado con posibles más de los treinta caracteres relacionados por Teofrastro, se despliega la riqueza y originalidad o singularidad de la acción humana, que se hace, al final, inasible e impredecible de manera absoluta.

 

Así, el problema planteado como si el estudio del espacio terrestre impone ciertas cualidades de carácter y personalidad; o si ciertas cualidades de carácter y personalidad definen el estudio del espacio terrestre, dialécticamente, al final, es ambas cosas: el objeto de estudio determina en general sobre el carácter y la manera de ser del individuo; pero el carácter del individuo, le impone al objeto de estudio, en particular, una forma o manera de abordarlo.

 

De ese modo, una cosa es la geografía en común para todos los geógrafos, que determina la indumentaria y en abstracto al geógrafo por lo que el geógrafo históricamente es; y otra cosa es el geógrafo en su singularidad concreta, por la que el geógrafo, en su conducta y moralidad, es en un momento dado muy específico.

 


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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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